domingo, 1 de marzo de 2026

En mapuche significa “gente de los cañaverales” y su correcto nombre es Ranculche, palabra araucana: rancül (carrizal o cañaveral) y che (gente), por estar rodeadas de juncos y totoras las lagunas junto a las cuales levantaban sus toldos. Además, rancül es el nombre de una planta gramínea que crece cerca del agua y sirve para forraje.

Parientes directos de los araucanos procedentes de Chile, se establecieron en el sur de las actuales provincias de Córdoba y Santa Fe, extendiéndose hasta el este del río Salado o Chadileuvú, norte del río Colorado y sierra de la Ventana, poblando los montes y algunos bosques de la llanura pampeana. Fueron caciques ranqueles: Baigorrita, Cari Agel, Carriague, Epumer, Limonao, Mariano, Pichuin. Uñol, Yanquetruz, entre otros.

Cruzaron la Cordillera de los Andes, tal vez en el siglo XVII, para vender a los aborígenes de San Luis y Córdoba las armas usadas en Chile, a cambio de caballos y vacas, pero luego sometieron a sus antiguos aliados, y a partir del siglo XIX esta tribu comenzó a tener fuerza en la lucha por la conquista del área pampeana. Así se inició su apogeo en 1818, al llegar desde Chile el cacique Yanquetruz, y al establecer como capital al rancherío de Leuvucó.

De ellos escribió el coronel Pedro A. García: “(…) Borrachos consuetudinarios, sus malas pasiones se exaltaban por el alcohol y rara era la orgía que no tenía una conclusión sangrienta. Son los salteadores de las pampas, los califas y enemigos acérrimos de la propiedad ajena; cuando no podían robar a los españoles, saqueaban a los indios más cercanos”.

Entre los que combatieron contra los ranqueles se puede contar a Rauch en 1827, al mayor Busto entre 1836 y 1839, y a Lorenzo Vintter por la década de 1870.

En la expedición del general Rosas, fue la División Centro, a cargo del general Ruiz Huidobro la encargada de rechazar a este pueblo, capitaneado entonces por el cacique Yanquetruz.

En la época de Rosas, las expediciones fueron punitivas, y reorganizados los ranqueles en el verano de 1833/4, malonearon sobre el sur de Córdoba, San Luis y Santa Fe. La evolución de este pueblo, durante la hegemonía rosista, comienza con el sucesor de Yanquetruz, Painé, quien gobernó de 1835 a 1847, y estableció sus dominios de San Luis y Córdoba hasta la línea de fortines de la frontera bonaerense, la confederación salinera por el Sur, y la cordillera de los Andes por el Oeste.

Las relaciones con el gobierno porteño fueron de guerra solapada, y apoyó, incondicionalmente, al sector unitario, de ahí la constante preocupación de Rosas por aniquilar aquel foco enemigo. Y así como Calfucurá organizó la Confederación de los Salineros, Painé hizo lo mismo con la Nación Ranquelina, la que tuvo como aliado al unitario Baigorria, quien mandó unos 300 cristianos y 1.000 aborígenes.

Al caer Rosas, fueron el blanco de tres expediciones: la del general Emilio Mitre, la del coronel Vedia, y la del general José Miguel Arredondo, pero las tres fracasaron. En marzo de 1871, al mando de Epumer atacaron el sur de Córdoba y San Luis, y el norte de la provincia de Buenos Aires.

En 1872, se libra la batalla de San Carlos, donde Calfucurá contó con el apoyo de unos 200 lanceros ranqueles. Por 1875, la tribu no excedía los 600 lanceros, y el general Roca proyectaba concentrarlos en poblaciones agrícolas. Luego vendría la expedición del mismo Roca al norte patagónico, y el coronel Eduardo Racedo vencería la última resistencia de Epumer, aniquilando a su tribu. Entre 1983 y 1986, se llevó a cabo un trabajo de campo en el rastreo de hablantes ranquelinos en pequeñas localidades pampeanas, detectándose que el ranquel es una variedad de la lengua mapuche o araucana, que presenta diferencias en distintos niveles con respecto al araucano que se habla en Río Negro y Neuquén, pero también se comprobó la avanzada pérdida de esta lengua en un proceso irreversible de extinción. Sólo se encuestaron 73 aborígenes ranqueles netos, y de ellos un 35% podía hablar de alguna manera la lengua de sus antepasados.

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