domingo, 18 de octubre de 2026
Mujer tehuelche preparando enceres para el viaje. (Anónimo, 1900. Museo Histórico y Regional de Gaiman)

COMERCIO

El comercio lo realizaban tanto los hombres como las mujeres. En el invierno permanecían en la región que va des- de el centro a la costa, y en el verano viajaban hacia la cordillera andina. Allí, intercambiaban alimentos con los aborígenes del lugar y así obtenían el calafate, frutillas silvestres, piñones de araucarias, etc. Los tehuelches a cambio les daban los productos recolectados durante el invierno, como cueros, carne de guanaco disecada, grasa y otros alimentos.

Entre sus habilidades estaban: la de convertir las pie- les de los guanacos en hermosos quillangos, con los que se cubrían del frío; y la del tratamiento del cuero para confeccionar sus toldos, la del calzado y los tientos de los caballos. Fabricaban sus armas de caza con piedras y huesos, o los lazos y las sogas con cueros de guanaco.

Las mujeres se encargaban de pintar dichos cueros del lado interior con distintas figuras como rombos y otros motivos. Además eran las que tejían hermosas matras para cubrirse en el invierno y para ponchos y distintas vestimentas. Teñían las lanas con productos naturales que les ofrecía el medio ambiente, y así les daban un toque de color estético a las prendas, incluyendo rayas u otros ornamentos, como se aprecia en las ilustraciones.

Para el Siglo XIX, todo esto era comercializado con otras tribus y con los blancos.

La llegada del caballo a la Patagonia, marcó una etapa de cambio fundamental para su economía.

VIVIENDAS

Típico toldo tehuelche protegido por la parte delantera (Koslowsky, 1895. Colección Bignati, Biblioteca Agustín Álvarez)

Los tehuelches eran experimentados viajeros, por lo tanto tenían toldos, que transportaban de un lado a otro. Esta tarea les correspondía a las mujeres, así que mientras se trasladaron a pie, los toldos debieron ser pequeños para poder cargarlos. Una vez incorporado el uso del caballo, en el S. XVI, los mismos fueron más amplios. En invierno, eran mucho más pesados, ya que ellos podían emplear hasta unos cuarenta o cincuenta cueros de guanaco en su elaboración y los cargaban sobre el equino, junto con los demás enseres que acarreaban.

Estas viviendas eran cupuliformes y se disponían rectilíneamente. La cúpula tenía forma de cuarto de esfera, con su acceso hacia el Este.

Su armado consistía en enterrar una hilera de postes horquillados y sobre ellos un palo como caballete. Luego a cierta distancia de ésta, pero en la misma posición, otra hilera más alta también con su caballete. Y después otra hilera más alta aún. Sobre estas tres hileras de postes se extendía el toldo: desde la parte trasera hacia adelante, lo aseguraban con correas a los palos delanteros, y ataban cortinas de cuero a los palos interiores para separar los dormitorios. Los costados del toldo eran protegidos amontonando los bagajes que traían, para que por allí no entrara el frío.

El fuego se encendía en la parte delantera o “boca de tienda”. En invierno agregaban a los palos delanteros otra cubierta sobre una fila de postes cortos, y esa estructura hacía al toldo más seguro y abrigado.

 

Fragmento del libro “Tehuelches y Galeses” , de Stella Maris Dodd

 

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