miércoles, 8 de abril de 2026

Donde las condiciones climáticas combinan períodos de sequía, heladas y variabilidad hídrica, la xerojardinería comienza a posicionarse como una alternativa concreta y necesaria.

 

La xerojardinería es una técnica de diseño y mantenimiento de espacios verdes que prioriza el uso eficiente del agua, mediante la selección de plantas adaptadas al clima y estrategias que reducen al mínimo el riego artificial. Su nombre proviene del término griego “xeros” (seco), y refleja su esencia; crear jardines sostenibles en armonía con el entorno.

Lejos de la idea de paisajes áridos o sin vida, este enfoque propone espacios verdes diversos, estéticos y funcionales, donde predominan especies autóctonas, suelos preparados para conservar humedad y sistemas de riego inteligentes.

La xerojardinería comenzó a desarrollarse con fuerza en la década de 1980 en el oeste de Estados Unidos, especialmente en estados afectados por sequías como Colorado o California. Allí, incluso se acuñó el término “xeriscaping” como parte de campañas para reducir el consumo de agua.

En Esquel, el INTA ya trabaja de manera articulada en la propuesta sostenible.

Con el tiempo, el concepto se expandió a otras regiones del mundo, impulsado por el avance del cambio climático y la creciente presión sobre los recursos hídricos. Hoy, no solo es una técnica paisajística, sino una filosofía ambiental que propone “pensar globalmente y actuar localmente”.

Días atrás, las instalaciones de INTA Esquel y el barrio 28 de junio de la ciudad cordillerana, fueron epicentro de un taller abierto de xerojardinería; actividad que combinó formación teórica y práctica con el objetivo de promover un uso más eficiente del agua en el diseño y mantenimiento de espacios verdes.

La actividad, tuvo una instancia teórica y otra en la que se realizó una plantación comunitaria en espacios públicos. Un total de 76 vecinos se sumaron a la propuesta utilizando técnicas específicas como la incorporación de arena para favorecer el drenaje y la adaptación de las plantas.

Carolina Lemir, titular de Espacios Verdes en Esquel, presenció la propuesta y dio especificaciones sobre la modalidad.

La adopción de la xerojardinería trae consigo múltiples ventajas, tanto ambientales como económicas. El ahorro significativo de agua, ya que puede reducir el consumo entre un 50% y un 70% en comparación con jardines tradicionales; menor mantenimiento; ya que, al utilizar plantas resistentes, disminuye la necesidad de riego, poda y uso de químicos; ahorro económico, al tener menos consumo de agua y menos insumos implican costos más bajos a largo plazo; mayor biodiversidad, favoreciendo la presencia de fauna local como aves, insectos polinizadores y pequeños animales.

Por último, es también clave la adaptación al entorno; ya que los jardines se integran al paisaje natural, respetando las condiciones climáticas y del suelo. En síntesis, se trata de un modelo que no solo cuida recursos, sino que también redefine la relación entre las personas y su entorno.

En la cordillera chubutense, donde las condiciones climáticas combinan períodos de sequía, heladas y variabilidad hídrica, la xerojardinería comienza a posicionarse como una alternativa concreta y necesaria.

En distintas localidades, se vienen desarrollando talleres y capacitaciones que convocan a vecinos interesados en transformar sus patios, jardines y espacios comunitarios. La participación creciente refleja un cambio cultural; cada vez más personas buscan soluciones sostenibles y adaptadas al territorio.

Unas 76 personas formaron parte del taller abierto sobre Xerojardinería; realizando una instancia teórica y otra práctica, plantando ejemplares en espacios públicos.

Estos encuentros no solo enseñan técnicas —como la selección de especies nativas, el uso de mulching o el diseño eficiente del riego— sino que también promueven una mirada colectiva sobre el cuidado del ambiente. La práctica se expande boca a boca, y empieza a formar parte de la identidad paisajística de la región.

La proyección de la xerojardinería es clara; seguirá creciendo a medida que el acceso al agua se vuelva más crítico y la conciencia ambiental continúe en aumento.

En este escenario, la cordillera de Chubut aparece como un territorio fértil para su desarrollo. La combinación de conocimiento local, participación comunitaria y necesidad ambiental genera las condiciones ideales para que esta práctica se consolide.

Más que una moda, la xerojardinería se perfila como una estrategia de futuro, donde cada jardín puede ser parte de la solución. En tiempos donde los recursos son finitos, repensar cómo diseñamos nuestros espacios verdes no es solo una elección estética: es una decisión ambiental.

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