domingo, 6 de abril de 2025
Julio Argentino Roca y el cacique Manuel Namuncurá

Hacia 1879, año de la gran ofensiva final contra el dominio indígena, su resistencia estaba definitivamente quebrada; las batidas previas realizadas por el ejército los años anteriores, especialmente durante los años 1876-1878, habían ya desecho y dispersado las tribus en la zona de la frontera pampeana, y había llegado el momento de dar cumplimiento de la ley N° 215 del 13 de agosto de 1867 que disponía fijar la línea fronteriza con las tribus indígenas sobre la margen izquierda del “río Neuquén, desde su nacimiento en los Andes hasta su confluencia con el río Negro y desde esta confluencia hasta la desembocadura del río Negro en el océano Atlántico” (art. 1º). El artículo 2º establecía que “a las tribus nómadas existentes en el territorio nacional comprendido entre la actual línea de frontera y la fijada por el artículo 1º de esta ley, se les concederá todo lo necesario para su existencia fija y pacífica”. Sobre la margen izquierda de los ríos mencionados debían formarse “establecimientos militares en el número y distancia que juzgue conveniente el Poder Ejecutivo para su completa seguridad”.

Cuando el 12 de octubre de 1874 asume la presidencia de la Nación el Dr. Nicolás Avellaneda, uno de los principales objetivos de su gestión era dar una solución definitiva al problema fronterizo con las tribus pampeanas. Designó como ministro de Guerra y Marina al Dr. Adolfo Alsina, partidario del avance progresivo de la frontera. Al fallecer el 29 de diciembre de 1877 le sucedió el general Julio Argentino Roca; de gran experiencia y conocimientos de la situación propuso una actitud ofensiva como el modo más efectivo y rápido en la ejecución de la ley de 1867. Con ese fin el 5 de octubre de 1878 fue sancionada la ley N° 947, que autorizaba al Poder Ejecutivo el empleo de los recursos presupuestarios para la ocupación militar de los ríos Negro y Neuquén como límite sur para las tribus pampeanas.

Al asumir el ministerio de Guerra y Marina en 1878 el general Roca envió “sendos chasquis a los caciques invitándolos a rendirse. Namuncurá, a quien se ofrecían para él y sus pampas las feraces tierras de Carhué, rechazó la propuesta. Otros hicieron lo mismo, unos terceros se sometieron”.  Contra las tribus que no se sometieron fue organizada la expedición militar hasta el río Negro.

El 26 de abril de 1879 el ministro de Guerra y Marina, general Julio A. Roca, inicia desde Carhué la marcha hacia el río Negro. En la Orden del Día consignó, tal vez con excesivo optimismo: “dentro de tres meses quedará todo concluido”. Sin embargo, la expresión que recuerda aquella otra del general Mitre en 1865: “En 24 horas al cuartel, en 15 días a Corrientes y en tres meses a la Asunción”, tuvo la misma suerte que ésta. No debía estar muy seguro de su pronóstico porque a continuación expresaba: “Pero la República no termina en el río Negro; más allá acampan numerosos enjambres de salvajes que son una amenaza para el porvenir y que es necesario someter a las leyes y usos de la nación, refundiéndolos en las poblaciones cristianas que se han de levantar al amparo de vuestra salvaguardia”. Las tribus aunque diezmadas y deshechas, seguirán ofreciendo tenaz resistencia durante 5 años pues la lucha se prolonga hasta finalizar el año 1884.

El 25 de mayo el ejército expedicionario celebró el acontecimiento patrio frente a la isla de Choele Choel; el 2 de junio partió hacia la confluencia del Limay con el Neuquén. El 24 está de regreso y al día siguiente emprende la vuelta a Buenos Aires, donde lo reclamaban sus obligaciones de ministro, dejando al frente del ejército al general Conrado Villegas.

El cacique principal de la región pampeana cuando Roca inicia su campaña en abril de 1879 era Manuel Namuncurá. Consciente de su inferioridad no ofreció resistencia al ejército, sino que a medida que las fuerzas militares avanzaban se iba retirando hacia la cordillera, refugiándose en la zona central de Neuquén, donde le dio asilo y protección su tío Reuquecurá. Posteriormente cuando esa zona fue ocupada por el ejército, pasó a Chile. Allí recibió el ofrecimiento de auxilios militares del gobierno chileno para recuperar sus fierras, pero él los rechazó, con lo que su situación se tornó insostenible. Confiado en las seguridades dadas por el misionero salesiano, Domingo Milanesio, se presentó con toda su gente en el fuerte general Roca (Río Negro) el 5 de mayo de 1884. Viajó luego a Buenos Aires donde fue recibido por el presidente de la Nación, Julio A. Roca, quien le otorgó el grado de coronel del ejército y le fueron concedidas tierras en las cercanías de Junín de los Andes (Neuquén), donde aún residen sus descendientes.

Fragmento de libro “Los indígenas de la Patagonia”, de Clemente Dumrauf

 

Compartir.

Dejar un comentario