domingo, 18 de enero de 2026

La caza:

Sobre la forma de cazar, también nos informa Schmidt: “La principal ocupación de los hombres es la caza, de la que depende el sustento diario. No tienen día fijo para cazar; salen cuando se está terminando, o se ha agotado totalmente, la provisión de carne (…).

Sus armas son dos juegos de boleadoras, uno para cazar guanacos y otro avestruces (…) Así equipados, los cazadores salen en grupos de dos o tres, cuando se han alejado del campamento como una milla, se reúnen (…). Entonces, el cacique, o jefe de la cacería, da instrucciones a sus súbditos, que vuelven a dispersarse en grupos de dos o tres en distintas direcciones, pero siempre de modo que llegan al mismo tiempo al lugar donde deben hallarse los guanacos. Si encuentran una tropilla inesperadamente (…) arrojan las boleadoras a diestra y siniestra, logrando a menudo matar dos o tres guanacos cada uno en una sola cacería (…).

También dan caza al avestruz (…) prefieren su carne a cualquier otra (…) rara vez llevan el animal entero al campamento, pues cocinan parte del mismo en el campo, rellenándolo con piedras calientes y poniéndolo luego sobre las brazas”.

Se realizaban también batidas con grupos de cazadores, disfrazados de animales, y utilizando señuelos vivos.

Armas:

Antes del empleo del caballo se valieron del arco y la flecha, después usaron la lanza y las boleadoras. La primera lanza -empleada para la guerra media entre 1.50 y 2 metros de largo, y en su extremidad se le colocaba una larga hoja de metal.

Como arma de pelea, también emplearon la bola perdida que consistía en una piedra con una punta aguda que sobresalía luego de retobarla con cuero, e iba atada a una correa de más o menos medio metro de largo.

Los jefes portaban como arma defensiva corazas de alambre y acero. Fue proverbial la de Casimiro, y la del cacique Chocorí constaba de siete cueros superpuestos.

Tenían puñales, flechas, dardos cortos, arcos fuertemente encorvados provistos de dos cuerdas hechas con tendones de animal, raspadores, cuchillos, etcétera.

Industrias:

Estas sociedades vivieron en la Edad de Piedra porque era el material más duro que podían obtener para sus herramientas. Como materia prima usaban preferentemente la obsidiana, la cuarcita o el basalto. Estos objetos se destinaban luego a descarnar cueros, pulir maderas, perforar, golpear, etcétera.

Trabajaron bastante bien la piedra y el cuero; con la primera fabricaron flechas y utensilios, y con el cuero, eficazmente cosido con hilo de venas y tendones, hacían quillangos y cubiertas para sus carpas, riendas, monturas y lazos. También confeccionaron estribos de madera, agujas y punzones de huesos, y usaban caracoles de mar como instrumentos musicales, o para beber.

Comercio:

Mujer tejedora tehuelche

Practicaron el trueque, aunque, dentro de cada grupo, era frecuente que el bien se pagara con servicios-construir un arco, tallar puntas de flecha, etc. Como consecuencia de estas relaciones, se establecieron largas cadenas de intercambio a grandes distancias con elementos tales como esqueletos de moluscos usados para adorno manzanas, o hierro de los naufragios de barcos europeos, que emplearon en la confección de sus herramientas.

D’ Orbigny escribió sobre las migraciones de estos pueblos: “(…) Por lo que he podido saber de ellos mismos, hacen casi todos los años un viaje a las fuentes del Río Negro, a fin de obtener semillas de araucaria para sus provisiones, y al mismo tiempo manzanas, que abundan de manera asombrosa en los contrafuertes orientales de los Andes, tanto como los duraznos en la desembocadura del Plata (…) La estación de la cosecha es, al mismo tiempo, una época en la cual los indios patagones del sur van con sus pieles a comerciar con los aucas de las cordilleras y de las pampas, y con los puelches que llegan a las márgenes del Colorado. El sitio de reunión para esas citas anuales es por lo general la isla de Chocle Choel (…) Allí se dirige el patagón con sus pieles de guanaco; el auca y el puelche con sus tejidos y el producto de los robos hechos a los cristianos que viven en las pampas; y desde allí, se entablan los intercambios (…)”. Una de las rutas más famosas -según Deodat- era la que vinculaba el río Negro con Valcheta y Chubut, que salía a 45 leguas al norte de Viedma. Si bien existía un camino por la costa, éste sólo era utilizado en época lluviosa, de lo contrario, para ir desde el sur al río Negro, debían llegar hasta la cordillera y se triplicaba el recorrido.

El comercio interétnico ocupaba un importante lugar, llegando a establecer ferias anuales en Choele Choel y cerca del Nahuel Huapi. Estas ferias, que eran esperadas en marzo, se intercambiaban objetos industriales, ganado, frutos del pehuén y manzanas, que comían guisadas, asadas, o las hacían orejones, sidra o chicha.

Compartir.

Los comentarios están cerrados