viernes, 9 de enero de 2026

A partir de entonces, el ejército llevó las tropas al monte tucumano y empezó a rastrillar la zona rural de Famaillá y Monteros en busca de los campamentos. Hicieron operativos con helicópteros, cortaron rutas, sortearon ríos en expediciones, pero la movilidad constante de una veintena de miembros de la Compañía -ya habían perdido a treinta, entre muertos y heridos- les permitió perderse en la selva.

El ERP, que se asignaba la representación de la “justicia popular”, se comprometió a vengar a todos y cada uno de los dieciséis fusilados de Catamarca con el equivalente de dieciséis muertes de oficiales de las Fuerzas Armadas. Uno por uno, elegidos al azar, de manera indiscriminada.

La promesa alcanzaría a nueve, ejecutados en poco más de dos meses en las provincias de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán. La campaña de represalias se suspendió el 1º de diciembre con el atentado contra el capitán del Ejército Humberto Viola, en el centro de Tucumán, y terminó con su vida y la de su hija, María Cristina, de 3 años.

En la provincia se exacerbó la venganza. Al día siguiente, comandos paramilitares matarían a golpes a Berta Molina, la esposa del dirigente gremial del ERP Oscar Montenegro, y pocos días después, a su hijo.

La Triple A también cumplía lo que prometía.

Dos abogados que habían viajado de urgencia a Catamarca para representar a los guerrilleros serían asesinados casi de inmediato.

El 27 de septiembre, Silvio Frondizi, intelectual marxista y hermano del ex presidente, fue secuestrado en pleno día de su casa en la calle Cangallo, en Buenos Aires, acción en la que también fue muerto su yerno, que quiso impedir el secuestro. Frondizi aparecería baleado en los bosques de Ezeiza horas después. El abogado Alfredo Curutchet, que había viajado a Catamarca con la misma misión, había sido asesinado semanas antes.

Montoneros no repudió la acción del ERP en Catamarca como sí lo había hecho en ocasión del ataque al cuartel de Azul (“¿Qué milonga es esta que la ultraizquierda asalta Azul y la ultraderecha entonces como respuesta viene a volar los locales de la JP? […] Que expliquen cuál era el sentido de este hecho”, escribió Dardo Cabo el 29 de enero en El Descamisado). Frente a los hechos de Córdoba y Catamarca, en cambio, presentó sus matices:

La resistencia contra la ofensiva de los enemigos de la Nación debe darse principalmente en el terreno político todavía hasta tanto se cierren las posibilidades de hacerlo en ese campo y sea necesario volver a emplear las formas político-militares.

El 20 de agosto de 1974, en el lanzamiento de La Causa Peronista, Montoneros preguntaba si acaso no había llegado la hora de la guerrilla. “Este gobierno está creando las condiciones para la violencia. Está generando la violencia de abajo, como decía el general Perón”.

En sucesivos artículos, La Causa… hizo público el “relato oficial” de las operaciones en las que fueron muertos los sindicalistas Augusto Vandor y José Alonso, y con la voluntad de despedirse de la legalidad, también informó detalles sobre el hecho fundacional, el secuestro y crimen de Aramburu, con el que intentaron poner luz sobre algunos enigmas todavía no resueltos del crimen.

Montoneros, también, publicó un intercambio de cartas con Perón apenas producido el hecho; en ellas, el Líder, desde Madrid, avalaba de manera implícita el procedimiento.

 

Fragmento del libro “Los 70” de Marcelo Larraquy

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