
“Mi padre fue muy conocido en la zona como “Pelo Blanco”. ¡Era uno de los jockeys más cotizados!… Le decían Pelo Blanco porque ya desde muy joven desde los veinte o veinticinco años ya tenía el cabello totalmente blanco. ¡Era conocidísimo! Y hay carreras que la gente del valle las recuerda todavía muy bien, Pedro Ortega, Piccino Fernández, a gente más antigua de Dolavon, Arnoldo García… todavía se acuerdan!
Mi viejo tenía tropa de carros porque había vendido su parte de la chacra y había comprado siete carros de mulas. El hacía el transporte para la Compañía Mercantil hacia la cordillera, y a la vuelta traían cueros, lana, leña. ¡Una alegría nuestra era cuando llegaba la tropa de carros! ¡Ese día desaparecíamos y ni a comer…! ¡Nos quedábamos con los carreros… estaba el marucho y había un muchacho que hasta poco tiempo atrás se acordaba siempre que había sido marucho de mi viejo! Pero el marucho que arreaba las mulas era uno que luego fue Comisario, Francisco Mayo. Los medio hermanos de él eran de apellido Fuentes y uno tenía una fuerza extraordinaria! Pero por el nombre, si uno no lo hubiera conocido parecía medio afeminado, se llamaba Nieves Fuentes.
Entonces llegaba esa gente… y siempre había uno que cantaba y tocaba la guitarra. ¡Mi mamá estaba en la gloria porque no nos veía en todo el día! Se iban al pueblo a tomarse unos vinos y ahí aparecíamos nosotros y nos compraban caramelos, regalos. ¡Y cuando iban a descargar la leña nos subíamos arriba del carro y ayudábamos en lo que podíamos! ¡El clima era muy frío me acuerdo muy bien! ¡Me acuerdo que la gente para darle el agua a las mulas y a los caballos tenía que ir con la barreta a romper la barra de hielo de veinte centímetros o quince por lo menos. Así era aquí en Trelew… Cuando hacían patinaje sobre hielo con los Ford T por encima de la laguna… Yo creo que había grandes diferencias con el clima de ahora. ¡No podría explicar el fenómeno! ¡Será por más poblamiento… pero no sé!
Me acuerdo las inundaciones de 1932 cuando se inundó el valle y yo tenía cinco años. Nosotros vivíamos en la parte alta de Dolavon y me acuerdo que la gente se vino a vivir aquí en mi casa donde se podía y me acuerdo también que llovía muchísimo, y el río se había desbordado de punta a punta! La leña que traía mi padre con la tropa entonces se consumía… Después me acuerdo de otras cuando ya era grande…”
Texto de “Los ferroviarios que perdimos el tren” – Testimonio de Gilberto Hughes
