El 26 de diciembre de 1829 Luis Vernet envía al gobernador-ya había asumido Juan Manuel de Rosas- un “primer plan para el más pronto fomento de esta colonia como también algunas informaciones interesantes sobre las demás partes del territorio meridional de la República”. Sugiere que “Tierra del Fuego no merece por ahora un establecimiento, pero sí la costa patagónica, empezando por la bahía de San Gregorio, admirablemente situada cerca de la entrada del Estrecho de Magallanes para servir de escala a los buques que pasen por el Estrecho. Cerca de este punto se hallan las tolderías principales de los indios de Santa Cruz, gobernadas por una india anciana a quien respetan ciegamente, y que ejerce su influencia más allá de Puerto Deseado, sobre las tribus intermedias. Ella conoció a los españoles establecidos en tiempo del Rey de España en los varios puntos de la costa hasta el río Negro de Patagones, y entonces aprendió el castellano que hoy habla.
“El infrascripto conoció a esta india en 1824 en la península de San José (Valdés], en circunstancias que vino acompañada de más de mil indios de los de Santa Cruz, Puerto Deseado y Santa Elena [en Chubut, paralelo 44° 20′], atraídos por la novedad de hallarse en esa península cristianos faenando los ganados alzados, circunstancia que no dejó de exasperarles considerándolos una propiedad suya, y debido a la intervención de esa india no hostilizaron la expedición del que firma, al contrario, entraron en relaciones de comercio que han seguido desde entonces hasta la fecha con poca interrupción”. La fecha a que se refiere corresponde a la nota del 3 de marzo de 1831 en la que eleva nuevamente el informe de 1829, insistiendo sobre la conveniencia de poblar algunos lugares de la Patagonia como Puerto San Gregorio, Puerto Deseado, San Julián, Santa Cruz, península Valdés… Y de paso, cañazo; se ofrece para “proveer los animales que el Gobierno pidiese desde Malvinas transportándolos a sus respectivos destinos tomando por base el valor del ganado en Malvinas según se han vendido en los últimos años, agregando el costo del transporte”.
“En 1831, Vernet hizo una amplia concesión de tierras a un inglés, el teniente William Langdon, de la Royal Navy. Langdon también declaró que «por una conversación que mantuve con el señor Vernet sobre este asunto estoy autorizado a decir que no se haría ninguna objeción a que el Gobierno británico ocupara»” las islas.
Fragmento del libro “Indígenas de la Patagonia”, de Clemente Dumrauf

