sábado, 7 de febrero de 2026
Barco Gwenllian del colono John Murray Thomas, que fue capitaneado por William J. Rogers

Fue un ilustre marino precursor de la navegación mercante en la costa Sud. Nació en Gales en 1828 y falleció en Chubut en 1909.

Enganchado en 1851 en la armada británica participó en la guerra de Crimea 1854-55. En esta campaña el cabo de cañón Rogers se cubrió de gloria y de heridas, regresando a su patria con cinco condecoraciones. Recibida la baja, ingresa en la marina mercante, realizando viajes a los Estados Unidos donde se radica en 1862, dedicándose a la agricultura. Llegó del Chubut el reverendo Abraham Matthews, en gira de propaganda con la finalidad de persuadir a sus paisanos a que abandonaran Norteamérica emigrando a la Argentina. Rogers aceptó el llamado y con 30 compañeros adquieren un patacho de 60 toneladas, cuyo comando entregan al capitán Rogers, haciéndose a la mar proa al sur el 30 de abril de 1874. Pero a la altura del río Paranahibo (Brasil) el Chispa Eléctrica, así bautizado el buque, tomado por un violento temporal, encalla en la costa y se hunde. Debido a la pericia del capitán Rogers, todos los pasajeros se salvaron de una muerte segura. Llegados al Chubut, el capitán Rogers, quedó encantado de la bondad de las tierras del valle decidiendo volver a Norteamérica con el propósito de adquirir otro buque, para traer a su familia y a las de sus treinta compañeros.

En sociedad con los señores Freeman, Pugh, Collin, Witkins, Evans, J. M. Williams y R. E. Williams, compran el Lucerne, velero de sólo 54 toneladas. Como se ha visto el capitán Rogers, a los 117 días, cumple con la palabra empeñada trayendo directamente a la Patagonia 80 familias galesas.

El capitán Rogers, a pesar de tener en su poder el título de una chacra, suficiente para labrar su porvenir y vivir, por fin, tranquilamente rodeado de su familia, no puede resistir el llamado del mar; y así es como lo vemos ejerciendo su profesión, navegando incesantemente por nuestro litoral de Golfo Nuevo al Plata al mando del guapo Lucerne y luego empuñando el timón del Amalia, del Rodolfo Alice, Jessel, Stephano, Don Diego e Ida Jones, este último una cáscara de nuez de sólo 15 toneladas.

En una ocasión, estando con este culter a la caza de lobos en las costas de San José, y hallándose a bordo con solo uno de sus tripulantes, puesto que los demás estaban de faena en tierra, fue tomado por un terrible temporal que le desmantela el buque, arrastrándolo contra los escollos. Gracias a su pericia y habilidad de nadador salva su vida y la de su tripulante, que atado a un chicote lleva a remolque hasta la costa.

Otra vez, navegando en demanda de Bahía Blanca, a la altura de Golfo San Matías, corriendo otro temporal, salvó a su buque Amalia de un casi increíble naufragio. Es por ello que los tripulantes y viajeros menos temerarios, siempre estaban dispuestos a navegar con el capitán Rogers, porque existía la proverbial creencia de que navegando con él no había temor a perderse en el mar.

Lo más meritorio, empero, de su larga campaña de navegación, fue sin duda lo realizado con un culter de sólo 4 toneladas. Con esta lanchita, tripulada solamente con su dueño, señor Murray Thomas, el capitán Rogers corrió inmemorables veces la distancia de 250 millas, que hay entre la Colonia y Patagones, llevando fruta y quesos, así como también capas de guanacos y plumas de avestruz, volviendo al Chubut con mercaderías generales.

El capitán Rogers, llegado a una edad en que los embates del mar resultaban emociones demasiado violentas para su cuerpo ya encorvado por el peso de los años, abandona la navegación para dedicarse personalmente a la administración de su chacra gozando, al fin, de la inefable dicha del hogar. Al ocurrir su deceso, a la edad de 81 años, el entonces gobernador doctor Julio B. Lezama decretó honores oficiales en homenaje a este ilustre hombre galés.

 

Fragmento del libro “La Patagonia como la conocí”, de Emilio Ferro

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