domingo, 1 de marzo de 2026
Juan Domingo Perón cuando ingresa al Colegio Militar. Atención de la Sra. Rosa Balladares

En diciembre de 1908, Juan Domingo llega en la Fragata “Quintana” a Camarones, de vacaciones. Por esos años, la familia Perón ocupaba EL PORVENIR. Había poblado la estancia a quince kilómetros de Camarones, mientras el Jefe de familia oficiaba de Juez de Paz y tenían casa en Camarones.

Como Juez suplente firma el Acta Nº. 7, folio Nº. 4, Tomo 1. 7/12/1907- El acta de defunción de Maria de la Castilla Mairal. El nacimiento de Daniel Estelito Espinosa. Acta 24, Folio 11, Tomo 1º, fecha 14/11/1907. El 10/8/1910, el señor Mario Tomas Perón firma las actas, como Juez Titular, hasta aproximadamente el año 1913. (Atención del Señor Juez de Paz, Juan Carlos Tebez.).

Se sabe que, al terminar las clases, Juan Domingo se acercaba a los muelles en Buenos Aires hasta encontrar algún transporte o pesquero que lo aceptara a bordo y lo trajera a Camarones. Juan Domingo Perón tenía la fortuna de ser recogido por un remolcador en Camarones que conocía las corrientes y lo acercaba a la costa. Lo esperaban su padre y su amigo Alberto Robert, con dos percherones y viajaban a El Porvenir, escuchando las descripciones que hacía el viajero sobre Buenos Aires.

Durante toda su vida, Juan D. Perón mantuvo el mejor recuerdo para Camarones y su gente, guardando detalles que nunca olvidaría.

En 1911, ingresa con 15 años al Colegio Militar de la Nación. El 25 de mayo de 1912, en Puerto Camarones, Juan D. Perón, luciendo su flamante uniforme militar en los festejos patrios, participó con todo entusiasmo de las pruebas de destreza con su caballo predilecto, “Negro”, cosechando la totalidad de los triunfos, pero Don Mario, como Juez de Paz, decidió que su hijo cediera los premios a otros competidores; “para que no se diga que hubo favoritismos”. El Comisario Manuel Verdeal, repara que el muchacho los había ganado en buena ley. Don Mario contesta que “Juancito debe sentirse satisfecho con la alegría del triunfo”, y mantiene su actitud.

En el año 1922, cuando Juan Albertella hacía la conscripción en el Arsenal de Guerra, (Pozos 1685), lo visitaba Juan Domingo, en ese entonces Teniente 1º.

Ya Presidente, recibiría a gente de Camarones con la mayor cordialidad, según Gilberto Hughes, Don Antonio Rabal no hacia antesala, pues era recibido con los brazos abiertos.

En una oportunidad, un hijo del señor Grether, Presidente de la Unión Industrial Argentina, visitaba con un grupo empresario al General. Al oír el apellido Grether, y como el Señor Presidente era tan memorioso, preguntó si tenía algo que ver con el dueño de “La Maciega”. Al contestársele afirmativamente, recordó con mucho agradecimiento, la ocasión en que a sus padres se les quemó la casa en la estancia y Don Emilio Grether dispuso otras habitaciones para su familia.

Recordaba Don Félix Sarlangue que, en el año 1904, se quemaron las casas de la Estancia “La Margarita” y de “La Maciega”, cuyos dueños, en ese entonces eran Walter Boeking y Don Emilio Grether – Julio Mitau respectivamente. Ambas casas eran similares, y de madera. La primitiva casa de los Maupas está fotografiada en el “ALBUM DEL TOURYSTA”, de Foresti, año 1900.

Perón, desde niño, fue muy aficionado a los caballos, quizá su vocación nació aquí en el sur. Fue el último presidente constitucional que revistó las tropas a caballo. Se lo vio en diversas oportunidades montando caballos de hermoso pelaje y que lo hacen inolvidable, en especial el caballo “Pintado”, de buena contextura, y que le fuera regalado por el señor Peraca, había sido propiedad del duque de Duin, emparentado con un Alzaga Unzué. En esa estancia nació y se crio el famoso “Pintado”. Perón amaba profundamente a los caballos. Llegó a tener treinta y dos caballos alojados en Remonta y Veterinaria, a los cuales visitaba a menudo, llamándolos por su nombre. Su monta favorita tenía por nombre PINTO.

Hacia 1916, la familia Perón se trasladó a la zona de Sierra Cuadrada, donde poblaron el campo de la Fracción D. Sección C. 10.000 Hectáreas, lote accidentado, con serranías altas y cañadones, sin bosques; la vegetación es arbustiva, molle, calafate, algarrobillo, malaspina, etc. que dan buen reparo a la hacienda. Tierras arenosas en partes y otras, arcillosas y fumíferas; en ellas abundan la piedra basáltica y los cantos rodados; con varias aguadas y manantiales; el pasto de consumo del ganado es alfilerillo, coirón y junquillos etc. La capacidad ganadera es de 800 a 900 animales por legua cuadrada, es factible la agricultura y en ese entonces, el puerto más cercano era Camarones, a 195 Km

Desde que fuera poblado el campo por don Mario Tomás y doña Juana Sosa, se lo llamó LA PORTEÑA.

Hoy LA PORTEÑA es propiedad de María Juana Perón y su esposo, Señor Mario Suárez y Familia en la zona de Sierra Cuadrada. Consta en los registros de Tierras, que Don Juan D. Perón, por escrituras en España, donó a sus sobrinos, hijos de su hermano Avelino, las tierras que le pertenecían por herencia.

De las memorias de Juan Domingo Perón:

Postal enviada por Perón a su amigo Pancho Villafañe

“Hacia 1900, mi padre vendió la estancia y la hacienda, porque decía que eso no era campo, sino arrabal de Buenos Aires. Se asoció con la firma Maupas Hermanos, que poseía una gran extensión de tierras en los confines de la Patagonia y volvió a empezar. Abandonó todo al mudarse, menos a su gente y sus caballos. Organizó un arreo que debía trasladarse por tierra a través de dos mil kilómetros. Conservó los mejores peones y al frente de ellos puso un capataz llamado Fran- cisco Villafañe, Pancho para nosotros. Este servidor con aptitudes de Superman no preguntó siquiera como debía trabajar. Arreó el ganado al sur, y luego de varios meses acampó en Cabo Raso, primera escala fijada por mi padre. Cuando llegamos con mi madre, ya todo estaba funcionando en “La Maciega”, que era el nombre del campo. En el campo crecimos con libertad absoluta, sometidos tan sólo a la dirección de un viejo maestro que se encargaba de nuestros estudios primarios. Era un hombre de ciudad que se defendía malamente en el campo, mi verdadero mentor fue Sixto Magallanes, un paisano a quién llamábamos Chino, había sido uno de mejores domadores de Lobos. Con él hice mi primer paseo en un redomón gateado, porque aprendí a montar antes que a caminar.

Algunos de los peones que Pancho Villafañe llevó desde Lobos se quedaron años con nosotros. Eran como de la familia, y yo los llamaba tíos. Nunca lo consideramos peones en el sentido peyorativo que los argentinos dieron a esa palabra durante años. Mi padre era un hombre excepcional, especialmente por su acrisolada rectitud. ¡Y qué carácter!.

Cuando los padres estaban asentados en Sierra Cuadrada, llegaba Juan Domingo a Camarones desde Buenos Aires en barco, con algún amigo porteño; solía llegar al campo de Sierra Cuadrada de a caballo.

En esa zona y vecino es ocupante Don Juan Santillán, hijo de Pancho Villafañe, llegados al Chubut en 1900, ocupantes del campo desde 1916, personas de trabajo y con muy buenos antecedentes.

El 27 de septiembre de 1946, los directivos de la Sociedad Rural de Camarones entrevistaron al entonces Presidente de la Nación, DON JUAN DOMINGO PERON, con motivo de solicitar la compra de los campos fiscales ocupados. Me contó Don Mauro Díaz que el Señor Presidente recordaba muy bien que en Camarones se cultivaba perfectamente el azafrán. Deduzco que lo habría visto en su niñez, ya que, en efecto, yo he visto plantas bien lozanas que plantaba, cuidaba y cosechaba, antes de los primeros rayos del sol, Don Manuel Magariños. Doña Juana, la madre del general, cuando vivía en Comodoro Rivadavia, siendo su hijo presidente, era nexo entre éste y la comunidad.

Después de intensas gestiones, el Superior Gobierno de la Nación, por decreto del Excelentísimo Presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón, otorga la concesión en venta de las tierras fiscales rurales a los actuales productores de la Patagonia.

 

Texto de “Pioneros de la costa del Chubut” – Isabel Caminoa de Heinken

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