
Gran parte del movimiento sindical en el pueblo comienza a cristalizarse, el 20 de noviembre de 1917, con la constitución de la Federación Obrera Petrolífera (FOP). La entidad nace en pleno conflicto, cuando ya se había desatado la primera gran huelga de la Patagonia a raíz de las duras condiciones de trabajo en el petróleo, en septiembre de 1917.
Hasta ese momento, el pueblo ha dado sus primeros pasos de organización comunal, al tiempo que los obreros de diversos oficios (herreros, panaderos, troperos, albañiles) conforman la Sociedad de Oficios Varios, hacia la década del ’20.
En el lapso que va hasta 1930, aparecen conformadas la Unión Obrera de Comodoro Rivadavia, la Federación de Troperos, la Sociedad de Mozos y Cocineros, en muchos casos con fines que van más allá de la mejora salarial, ya que procuran cubrir mediante fondos comunes, por ejemplo, las necesidades elementales de salud.
Los problemas de atención de la salud son en estas primeras décadas saneados por la organización de las distintas colectividades, pero los obreros no utilizan ese servicio. Sin embargo, la pertenencia a un mismo origen migratorio crea vínculos de solidaridad, que tendrán vital importancia en la lucha de clases que plantearán las organizaciones gremiales.
Esa lucha empezará a plasmarse especialmente en el campo petrolero, en mil lenguas y dialectos de otros tantos orígenes europeos, todos con la común tradición “anarquista” (en sus múltiples variaciones).
Rebeldía y solidaridad
Los actos del 1ro. de mayo, Día del Trabajador, en el Comodoro de comienzos de siglo, concitan la participación multitudinaria de los obreros europeos, con sus banderas rojinegras para expresar sus ideologías contra el capital y la opresión obrera en nombre de la propiedad privada, en una Patagonia que pronto sabrá de rebeldías sangrientas, frente a los sordos oídos de un lejano país llamado “Buenos Aires”.
Un Buenos Aires en el que hay dos clases de gente: los de arriba y los de abajo, “los sumergidos”, como los define Luis Sicardi en su relato de llegada al pueblo, en 1923, “y yo era de estos últimos”, por lo que, como tantos otros, se lanzó a esta tierra de oportunidades, con una mano siempre extendida y una frase para abrir el crédito a los recién llegados:
“Vayan, nomás, muchachos, que cuando trabajen me pagan”, dice Sicardi que les dijo el taxista que los acercó a él y sus amigos al hotel Miramar, desde el muelle de YPF.
Fragmento del libro “Crónicas del centenario”
