jueves, 2 de abril de 2026

En los años ochenta dos provincias más se lanzaron a la actividad ferroviaria con políticas autónomas: Santa Fe y Entre Ríos. También lo intentó Córdoba aunque con un éxito muy limitado. En 1885 Tucumán sancionó una ley que otorgaba una línea férrea en concesión que comenzaría a prestar servicios en 1888. En Santa Fe en el año 1883 se abrió al servicio público la primera sección del ya mencionado Ferrocarril Oeste Santafecino (FCOSF), una concesión a favor de un empresario local, Carlos Casado, con subsidio en tierras. La línea tenía entonces 58 kilómetros de trocha ancha entre Rosario y Casilda y a partir de 1887 construyó otras secciones. Fue una empresa sometida a los intereses del concesionario, como complemento de sus negocios en tierras. No tuvo un ulterior desarrollo. El gobierno de Santa Fe, además, después de algunos intentos fallidos, comenzó a construir otra red, esta vez en trocha angosta, que en definitiva dio lugar al Ferrocarril Provincia de Santa Fe (FCPSF). La primera sección se abrió al público en 1885. Para financiarlo realizó una operación de crédito con una casa bancaria en Londres y contrató las obras con un empresario de origen norteamericano. La finalidad de la nueva red era vincular las colonias del centro de la provincia con el puerto de su ciudad capital. Para 1886 se habían habilitado 150 kilómetros de vía hasta las colonias de Lehmann y San Carlos Sud.

Con el mismo mecanismo de financiamiento del FCPSF, la provincia de Entre Ríos estaba construyendo, a partir de 1885, el llamado “Ferrocarril Central Entrerriano” (FCCER). La línea central vinculaba la ciudad de Paraná con la de Concepción del Uruguay, con un recorrido de 288 kilómetros. Fue inaugurado por secciones durante 1887.

Córdoba durante este período sólo pudo concretar la construcción de una pequeña línea concedida en 1883 e inaugurada a fines de 1886. Se trataba del denominado “Ferrocarril de Córdoba a Malagueño”, de 26 kilómetros, construido con rieles livianos y trocha de 0,75 metros. La empresa en manos de un empresario local no tuvo trascendencia.

La provincia de Tucumán concedió una línea férrea que comunicaba los principales ingenios azucareros con la capital y la línea del FCCN en abril de 1885. Se hizo cargo de la empresa una socie-dad por acciones registrada en Londres. El trayecto total, de 140 kilómetros, se abrió al servicio entre 1888 y 1889.

En 1886 había en la Argentina 5.826 kilómetros de líneas férreas abiertas al servicio público. De ellos, el 59 por ciento correspondía a empresas en jurisdicción nacional, el 37 por ciento en la órbita de la provincia de Buenos Aires y 4 por ciento en la de Santa Fe. El producto bruto de los ferrocarriles nacionales alcanzaba el 41 por ciento y el 59 por ciento restante era de los ferrocarriles porteños. El producto de los de Santa Fe y Córdoba era insignificante. A comienzos de 1886, con la inauguración del tramo de Campana a Rosario del FCBAR, los sistemas ferroviarios de Buenos Aires y el nacional quedaron unidos, unión que se reforzó con la inauguración de la última sección del FCBAP a Villa Mercedes. Ello, sumado a la política centralizadora del gobierno federal llevaría en los años siguientes a la desaparición de los sistemas autónomos.

 

Fragmento del libro “Historia del Ferrocarril en Argentina”, de López, Waddell y Martínez

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