
La vigencia de los principios, la fidelidad partidaria y el rechazo a las alianzas motivadas por la conveniencia fueron algunos de los ejes centrales que atravesaron históricamente el pensamiento de dos de las principales figuras de la Unión Cívica Radical: el expresidente Raúl Alfonsín y el exmandatario Hipólito Yrigoyen.
A través de discursos y escritos que forman parte de la doctrina radical, ambos dirigentes dejaron definiciones contundentes sobre el ejercicio de la política, la moral pública y el papel que deben cumplir los partidos frente al poder.
Alfonsín recuperó una de las máximas de Yrigoyen para sostener que el acceso al gobierno nunca debe convertirse en un objetivo en sí mismo. “Yrigoyen decía: ‘El poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer práctico un programa, no es el fin’”, recordó el líder radical.
En ese marco, reivindicó una de las características que, a su juicio, definieron históricamente al radicalismo: la negativa a aceptar acuerdos que impliquen renunciar a sus convicciones. “El reiterado rechazo al acuerdismo con el régimen constituye otro dato que marca la identidad radical. El Radical es alguien que no se dobla”, afirmó.
Para Alfonsín, la fortaleza del partido residía precisamente en sostener principios aun cuando ello implicara resignar ventajas coyunturales. “El Radical es alguien que nunca puede aceptar que el fin justifica los medios”, sostuvo, al tiempo que vinculó la perdurabilidad de la UCR con la defensa de valores éticos por encima de los beneficios inmediatos.
En el mismo sentido, aseguró que cualquier proyecto político inspirado en el ideario radical debía rechazar desde el inicio “cualquier atisbo de inmoralidad o componenda”, aun frente a las dificultades heredadas de gestiones anteriores.
Yrigoyen: “Las deserciones responden a la ambición y el egoísmo personal”
Décadas antes, Hipólito Yrigoyen había desarrollado conceptos similares al referirse a la conducta de los dirigentes y a la importancia de la lealtad partidaria.
“En lo que llevo vivido, acostumbrado al tráfico de las ambiciones y egoísmos personales de otros políticos, he sabido mantenerme fiel a los principios que han moldeado y regido mi acción pública, sin un solo desmayo ni una claudicación”, expresó.
El fundador del radicalismo moderno cuestionó con dureza a quienes modifican sus posiciones por conveniencia política. “Hay aventureros que cambian de un día para el otro de credo y de moral, y si pudieran o tuviesen ventaja, cambiarían también de nombre”, señaló.
Yrigoyen también relativizó el impacto de las divisiones internas y las deserciones partidarias, al considerar que estas respondían principalmente a intereses personales y no a diferencias de fondo. “Ha habido defecciones y traiciones en las filas del partido, pero la contextura del partido no ha sido afectada en lo más mínimo por esas deserciones, que no han tenido otra causa que la ambición y el egoísmo personal”, afirmó.
Finalmente, reivindicó la permanencia de quienes continúan identificándose con los valores históricos de la fuerza política. “Nos queda la gran satisfacción, a los que hacemos un culto de la lealtad política, de permanecer fieles a los ideales y a la moral del Radicalismo, que son los mismos de la democracia argentina y del engrandecimiento nacional”, concluyó.
