martes, 21 de abril de 2026

 

La polémica por la venta de carne de burro en Chubut sumó un nuevo capítulo luego de que el productor agrario Julio Cittadini saliera a responder con dureza a las declaraciones del veterinario Juan Enrique Romero, quien había advertido que su comercialización está prohibida y que podría derivar en clausuras.

En diálogo con La Voz de Chubut, Cittadini rechazó de plano esas afirmaciones y aseguró que el proceso se desarrolló dentro de la legalidad. “Es totalmente tendencioso. No es cierto todo lo que dice, porque no hay ninguna prohibición en el país para el consumo de la carne de burro”, sostuvo. Y fue más allá: planteó que, lejos de tratarse de una actividad irregular, se trató de una prueba piloto controlada por organismos oficiales.

Según explicó, la experiencia fue supervisada por el SENASA y el Ministerio de Producción, desde la trazabilidad de los animales hasta la faena y la posterior comercialización en carácter experimental. “La carne que se puso a disposición de la gente tiene las mismas garantías y controles que la carne vacuna o de cerdo”, afirmó.

El productor remarcó además que la iniciativa incluyó una degustación pública en Trelew y venta en carnicería, ambas autorizadas, y que la respuesta superó todas las expectativas. “En un día y medio prácticamente se agotó el stock, y en la degustación explotó la parrilla. La gente volvía a buscar más”, describió.

En ese contexto, interpretó las críticas como un intento de frenar el desarrollo de una alternativa productiva. “Estoy convencido de que esto responde a sectores ambientalistas y conservacionistas que no se adaptan a lo que está pasando en el mundo. Hay una necesidad creciente de proteínas y tenemos algo muy interesante en las manos”, planteó.

La discusión, sin embargo, excede lo sanitario o lo normativo y se mete de lleno en el modelo productivo de la región. Cittadini vinculó directamente el desarrollo de la cría de burros con las dificultades que enfrenta la ganadería tradicional en amplias zonas de la Patagonia. “Hay muchísimos campos que se dedicaban a las ovejas y tuvieron que cerrar porque es imposible la crianza con depredadores como el puma. Ahí es donde el burro se convierte en un comodín”, explicó.

Incluso advirtió sobre el impacto territorial de esta situación: estimó que entre 500 mil y un millón de hectáreas se encuentran hoy inactivas o en proceso de abandono. En ese escenario, sostuvo que esta actividad podría convertirse en una herramienta para sostener población rural. “No tengo dudas de que puede ayudar a recuperar campos y evitar el despoblamiento. Es una cuestión hasta geopolítica”, señaló.

De cara al futuro, el productor indicó que el próximo paso es la obtención de permisos definitivos para la faena y comercialización, lo que podría abrir la puerta a nuevos actores. “Hay varios productores interesados, pero estaban esperando que se defina este tema. Si se autoriza, seguramente se va a expandir”, anticipó.

Así, el debate queda planteado en tres niveles: legal, sanitario y productivo. Mientras desde algunos sectores se advierte sobre prohibiciones y riesgos, desde el terreno aseguran que la experiencia se realizó bajo control oficial y que podría convertirse en una salida concreta para una región atravesada por la crisis y las limitaciones de la ganadería tradicional.

En ese marco, el propio Cittadini insistió en que no se trató de una práctica clandestina sino de una experiencia experimental que cumplió con todos los requisitos exigidos por los organismos competentes. Y planteó que, si finalmente se avanza en su regulación y habilitación formal, la carne de burro podría consolidarse como una alternativa productiva viable y sostenida en el tiempo, capaz de ofrecer una salida concreta para muchos productores de la provincia que hoy enfrentan serias dificultades para sostener sus actividades tradicionales.

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