A través de pruebas a campo, investigadores analizan el comportamiento de la mosca de las alas manchadas y el potencial de nuevas herramientas para su control sustentable.
En la cordillera de Chubut, científicos y técnicos llevan adelante una serie de ensayos a campo que buscan dar respuesta a uno de los principales problemas de la producción de frutas finas; el control de plagas que afectan cultivos como frutillas, arándanos y frambuesas. Se trata de una experiencia que combina investigación aplicada, trabajo territorial y tecnología innovadora.
El eje de estos ensayos está puesto en el manejo de la mosca de las alas manchadas (Drosophila suzukii), una plaga invasora originaria del sudeste asiático que provoca importantes pérdidas económicas. A diferencia de otras especies, este insecto ataca los frutos cuando aún están en la planta y en proceso de maduración, afectando directamente la calidad y el rendimiento de la producción.

Las pruebas se desarrollan en distintas chacras de la región cordillerana, incluyendo sectores de Neuquén como Junín de los Andes, Malleo y Villa La Angostura, y en la provincia de Chubut particularmente en la localidad de El Hoyo, una de las zonas productoras más importantes de fruta fina.
El trabajo es articulado por equipos técnicos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), junto con investigadores del INTA Bariloche, la Agencia de Extensión Rural del INTA El Hoyo y el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias (IFAB-CONICET), conformando un abordaje multidisciplinario.
La herramienta que se está evaluando es la llamada Técnica del Insecto Estéril (TIE). Este método consiste en liberar en el ambiente machos de la plaga previamente esterilizados. Al aparearse con las hembras silvestres, no generan descendencia, lo que interrumpe el ciclo reproductivo y reduce progresivamente la población del insecto.
Para llevar adelante el proceso, las moscas son provistas en estado de pupa por el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen). Luego, en laboratorio, se acondicionan, se separan los machos y se liberan semanalmente en las chacras donde se realiza el ensayo.

Aunque los ensayos continúan en desarrollo, los primeros resultados permiten obtener información clave. Según los equipos técnicos, el trabajo a campo está permitiendo analizar el comportamiento de los insectos estériles en condiciones reales, su competitividad frente a poblaciones naturales y el impacto en la disminución de la plaga y en el daño sobre los cultivos.
En ese sentido, desde los organismos involucrados destacan que estas pruebas “permiten analizar el impacto de estas liberaciones sobre las poblaciones locales” y su incidencia en la reducción del daño en los frutos.
Además, remarcan que el objetivo central es determinar la factibilidad de incorporar esta técnica dentro de un manejo integrado de plagas, como una herramienta más sustentable y de bajo impacto ambiental para la región.
Desde el ámbito técnico, los especialistas coinciden en que se trata de un paso importante para el sector productivo. La experiencia busca generar evidencia científica que permita avanzar hacia estrategias más eficientes, adaptadas a las condiciones de la Patagonia.

En ese marco, subrayan que el trabajo conjunto entre organismos nacionales y equipos locales es clave para enfrentar una problemática que preocupa a productores de toda la región, especialmente a pequeños y medianos emprendimientos dedicados a la fruta fina.
La producción de frutillas, arándanos y frambuesas es una actividad estratégica en la cordillera chubutense, tanto por su impacto económico como por su vínculo con el desarrollo local. En ese contexto, el avance de plagas como la Drosophila suzukii representa un desafío constante.
Los ensayos que hoy se llevan adelante no solo buscan controlar ese problema, sino también sentar las bases de un modelo productivo más sustentable, donde la innovación científica y el trabajo territorial se combinan para cuidar la producción y el ambiente.
Así, desde chacras de la cordillera, la ciencia empieza a ofrecer respuestas concretas a una problemática global, con impacto directo en el futuro de la producción regional.

