miércoles, 13 de mayo de 2026

En política, los gestos suelen decir más que los discursos. Y en el ecosistema oficialista, lo que empieza a aparecer no es sólo una crisis puntual alrededor de Manuel Adorni, sino un reacomodamiento silencioso de posiciones.

La columna de Pablo de León en Clarín deja ver con nitidez ese movimiento: mientras el jefe de Gabinete intenta sostenerse con el respaldo explícito de Javier Milei, otros actores del oficialismo empiezan a despegarse —con sutileza, pero sin ambigüedad.

Bullrich: apoyo al Gobierno, distancia del clima

El episodio más revelador es el cruce con Patricia Bullrich.

Según el artículo, la ministra reaccionó con firmeza ante la posibilidad de quedar asociada a las tensiones internas por la Ciudad de Buenos Aires: “Conmigo no te metás”, habría sido el tono. No es una frase menor. Marca un límite político en medio de un oficialismo que, hasta ahora, venía funcionando con disciplina vertical.

Pero la distancia no es sólo interna.

Bullrich también se diferenció del discurso presidencial respecto de la prensa. Mientras Milei insiste en que “el 95% de los periodistas son corruptos”, ella eligió un gesto inverso: elogiar a una periodista en público. Puede parecer anecdótico, pero no lo es.

Es una señal de posicionamiento.

Bullrich no rompe, pero se corre.

Adorni: blindado arriba, debilitado abajo

El problema para Adorni es que ese tipo de movimientos ocurren mientras su situación política se deteriora.

Siempre según la lectura que aporta Clarín, su figura aparece hoy “arropada” por el Presidente y su círculo más cercano —con Karina Milei como sostén clave— pero con un horizonte político cada vez más estrecho.

La razón es evidente: las denuncias por viajes, propiedades y manejo de fondos no sólo impactan en la opinión pública, sino que erosionan su proyección electoral.

Dentro de La Libertad Avanza, incluso, ya empiezan a relativizar lo que hasta hace poco parecía un hecho: su candidatura en la Ciudad. El mensaje implícito es claro: Adorni dejó de ser una apuesta segura.

Y en política, cuando se instala la duda interna, el desgaste se acelera.

Macri: el arte de esperar

En paralelo, Mauricio Macri juega su propio partido.

Sin confrontar abiertamente con Milei, pero sin alinearse del todo, mantiene una posición expectante. Como describe la columna, niega públicamente una candidatura, pero deja correr el “operativo clamor”. No empuja la puerta, pero tampoco la cierra.

Es una estrategia clásica.

Esperar.

Medir.

Y entrar sólo si el escenario lo justifica.

Macri sabe que el oficialismo necesita al PRO para sostener gobernabilidad y proyectar poder electoral. Pero también entiende que ese capital vale más cuanto más incierto es el contexto del Gobierno.

Por eso su silencio no es pasividad.

Es cálculo.

La Ciudad, el verdadero campo de batalla

Detrás de estos movimientos aparece un escenario concreto: la disputa por la Ciudad de Buenos Aires.

Allí convergen todas las tensiones:

un oficialismo sin candidato claro tras el desgaste de Adorni;
una Bullrich que no descarta jugar;
un Jorge Macri que busca consolidar su gestión y reelegir;
y un Macri que podría reingresar si el tablero se desordena.

Incluso, como menciona el artículo, otros espacios —desde el peronismo hasta sectores radicales— empiezan a explorar alianzas para romper el histórico dominio del PRO.

La elección porteña dejó de ser un trámite.

Es el laboratorio político del próximo ciclo.

Un oficialismo que empieza a mirarse de reojo

Hay un último dato, quizás el más inquietante.

Según describe la columna, el “caso Adorni” no sólo genera ruido hacia afuera, sino también hacia adentro. Crece la desconfianza entre funcionarios, aparecen sospechas cruzadas y circulan versiones sobre nuevos episodios que podrían escalar.

Cuando eso ocurre, el problema deja de ser individual.

Se vuelve sistémico.

Porque un gobierno puede resistir un escándalo.

Pero le cuesta más sostenerse cuando sus propios integrantes empiezan a mirarse con sospecha.

Equilibrios inestables

Lo que emerge, en definitiva, es un equilibrio frágil:

Milei sostiene a Adorni con todo el peso del poder presidencial.
Bullrich acompaña, pero marca límites.
Macri espera, sin regalar su capital.

Nadie rompe.

Pero nadie está completamente alineado.

Y en política, esa zona gris suele ser el preludio de algo más definido.

La pregunta no es si habrá reconfiguración.

Es cuándo.

 

Fuente: Identidad Correntina

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