La conquista rompió los equilibrios y la continuación de ésta hasta el día de hoy los sigue rompiendo y es percibida como el origen de las calamidades que le ocurren al pueblo Mapuche. Los mitos y relatos se repiten de generación en generación.
Desde que hay winkas (Extranjeros) han aparecido todas las enfermedades, habiéndose quedado pobres los mapuches, no tienen ya sus animales no tienen ya su plata.
Se resiste al huinca porque mata pero, además, porque éste rompe el sistema cósmico, la cosmovisión como un conjunto complejo de equilibrios. La conquista provoca una ruptura entre el cielo y la tierra, traza un foso entre las estrellas, entre los antepasados y los seres humanos, y a estos últimos los hace perder la capacidad de seguir los signos de los tiempos, los lleva a confundir los diversos planos de la vida, a acabar con la posibilidad de ser-en-el-mundo.
“Dejaron noticia en cuanto tiempo habían de acabar con los huincas. Primero jugaron la chueca. Fijaron un plazo de ocho días. Hicieron nudos para tener sabido el día en el que habían de realizar su junta general, Cahuin o futa cahuín, ‘gran reunión’. Cuando faltaba poco para la concentración, se juntaron en un bosque.
Enseguida invadieron las casas de los winkas, no muy de noche, en horas que dormía toda la gente. Acabaron con los winkas de todas las tierras. Desde entonces quedaron en mejor situación. Después se juntaron e invocaron a Dios, que les había favorecido para vivir otra vez como gente”.
Allí quizá se encuentra la contumacia y persistencia de la cultura indígena del sur de Chile y su negativa a integrarse a la sociedad criolla colonial y luego republicana, que le impone como condición la asimilación cultural. La separación de lo huinca y lo mapuche pareciera estar inscrita en el código secreto de la cultura, en la disrupción profunda que implica perder los equilibrios precarios en que vive el ser humano. De ese complejo entramado surge su capacidad de resistencia, el hecho de que cada generación asuma el deber de oponerse ritual y, a veces, activamente a las presiones destinadas a cambiar su modo de ser y conocer.
En esa compleja cosmovisión se fundamenta la capacidad de esta cultura que ha sobrevivido a las presiones externas por más de cuatro siglos. Permanentemente se ven impelidos a restablecer los equilibrios mediante la lucha, actos simbólicos de reparación, la confrontación y el grito jaie, aie, aiee!!! En estos actos miran al cielo y ven a los antepasados cazando avestruces, en el gran río de las estrellas, el Huenu Leufu.
Fragmento del libro “Historia de los antiguos mapuches del sur”, del escritor chileno José Bengoa.

