Por primera vez “en Tilly tenemos un núcleo de población, pero no hay ninguna autoridad constituida” reclama, en julio de 1901, Francisco Pietrobelli e insiste por esta “falta gravísima, que todos debemos deplorar””.
Toda clase de delitos y los vecinos sin juez de Paz ni policía, no puede ser. El 23 de setiembre del mismo año de la creación del pueblo, “un súbdito alemán fue juzgado por los vecinos, a falta de autoridad, y condenado por ladrón; pero se fugó por la costa Sur. Declaró a un puestero que proseguirá el viaje, a pesar de que tiene 70 leguas para Deseado”,
Tanto reclama que finalmente, el 25 de enero, desembarcan el inspector de policía Lahiti y dos vigilantes; el 11 de noviembre, en el transporte Santa Cruz llega por primera vez personal de Subprefectura, Luis Balsuence está al frente, y así se convierte en la autoridad del pueblo, “ahora falta la instalación del juzgado”, señala el mismo diario, dos meses más tarde.
Años después llega el subprefecto Pedro Barros, quien se establece por largo tiempo en el pueblo. Antes que eso, en enero de 1904, los reclamos para instalar oficinas públicas continúan, “los boers de la colonia Escalante pidieron con insistencia al gobernador, Dr. Lezama, que provea a aquella de una oficina del Registro Civil, para registrar varios nacimientos y casamientos. Aquí todavía nacen, crecen y mueren las personas sin que nadie intervenga, tal como sucede entre los indios del desierto… toda la autoridad que hay aquí se reduce a un encargado de policía, lo que es insuficiente para protegernos”.
Un vigilante no alcanza para proteger los bienes de los vecinos; en agosto de 1904 “los bandoleros Paulino Croto, J. Montenegro y dos más, encabezados por Ascensio Brunel, robaron a los señores Loyante y Camilo Cayelli, cuatro y catorce caballos, respectivamente.

