
Los primeros navegantes españoles que abrieron los ojos sobre la majestuosa amplitud del Golfo Nuevo -en cuya margen occidental se levanta Puerto Madryn- fueron los de la expedición magallánica.
El 24 de febrero de 1520, según Martín Fernández de Navarrete, se hallaron frente a una entrada que corría al noroeste y, reconociéndola para ver si era estrecho, encontraron “ser una bahía muy grande, con cincuenta leguas de giro, sin fondo para surgir, donde en lo más interior halló 80 hazas, y la nombró Bahía de San Matías”.
Iban las naos de Hernando de Magallanes en demanda de otra otra cosa, que a sus tripulantes urgía más de cuanto pudo impresionarles aquella especie de mar interno. Pero ahí está dado el nombre primitivo y señalada una característica que le significara otro. El primero, por ser el día del apóstol San Matías, que se adentraron en el golfo y el de Bahía sin Fondo que le aplican navegantes y cartógrafos.
Ni una ni otra denominación tuvo la suerte necesaria de prevalecer (…) son muchos los casos en que barrí la nomenclatura de accidentes geográficos en las costas patagónicas, por más precisos que aparecieran los antecedentes toponímicos.
Nombres primigenios
La Bahía de San Matías del bautismo Magallánico, aparece llamada Bahía sin Fondo en el relato que hizo Fernando de la Torre (1526). Y si bien en algunas cartas ostenta aquel otro, en varios más, como en la de Ribero (1529) aparece con la denominación basada en la referida característica de su profundidad.
El nombre de San Matías, se escapó de su lugar originario, yéndose un poco al norte, donde se queda definitivamente, distinguiendo al Golfo que se forma entre la desembocadura del Río Negro y el extremo Nord-oriental de la Península Valdés. Y allá le acompaño, como si fuese apéndice inseparable, aquello de Bahía sin Fondo.
No es que haya habido confusión en cuanto al sitio que descubrió y nombró Magallanes. No se presta a dudas la descripción ni la admiten las anotaciones sobre la situación astronómica. El capitán Héctor R Ratto, que fuera eminente colaborador nuestro, hizo una demostración exhaustiva al respecto en su libro “Bordejeando”.
El cuarto prevalece
Al hacerse esa traslación, el Golfo a que nos referimos quedó sin nombre. Mucha falta no le hacía pues insignes exploradores pasaron frente a su boca, sin verla, al menos no lo mencionaron. Pero el 7 de febrero de 1770 la avistó el piloto José Goicochea, que en el bergantín “San Francisco de Paula” navegaba de Buenos Aires rumbo a San Julián y a las Malvinas. Llamó San José al actual cabo Nuevo y San Miguel a Punta Ninfas.
Subsistieron sin embargo los equívocos. La Bahía sin Fondo siguió siendo descripta como si fuese el Golfo Nuevo, cuando ya era el Golfo San Matías. En las instrucciones que el virrey Juan José de Vértiz expidió a Juan de la Piedra, el 3 de noviembre de 1778, sobre población de la costa patagónica, menciona la Bahía sin Fondo -sobre la cual abre su boca el San José- como si se tratase… del Golfo Nuevo. Le recomendó especialmente “descubrir la tierra con las mayores precauciones, en el preciso concepto de que ninguna estará por demás en este caso en que se va en demanda de una tierra y bahía no conocida bastante”, concluyendo en que primero avance “el práctico José Ignacio Goicochea”. Es decir, quien había avistado, años antes, la entrada a Golfo Nuevo, dando su propio nombre a una de las puntas. Sin embargo, ya estaba claro para este piloto que la Bahía sin Fondo era la que va de Punta Bermeja a Península Valdés.
Más adelante se le llamó Bahía Nueva. Este nombre aparece desde que el piloto Basilio Villarino, miembro de la expedición de Juan de la Piedra, exploró la costa norte de Golfo Nuevo, en marzo de 1779, por orden de Francisco de Viedma. Este consignó en su diario, que Villarino estableció “las dimensiones de otro puerto que esta al Sud de este de San José distante una legua el cual había sido descubierto cuando descubrí las fuentes”. Estas fuentes son aquellas en cuya vecindad se estableciera la primitiva población española de la zona.
Bahía Nueva se le dijo por ser la que fue hallada -o reencontrada, para ser mas exactos- después de aquella en que que se inició el poblamiento de la región: San José. Mas tarde, establecido que por su configuración natural no era una bahía, tratándose en realidad de un golfo, se le llamó, por simple cambio de género, Golfo Nuevo. Esta cuarta denominación es la que ha subsistido, esperando que lo sea definitivamente.
Fuente: El Diario de Madryn, suplemento “Quiere que le cuente”, marzo 2004
