El 31 de diciembre de 1898 el Gobierno Nacional con la firma de Julio Argentino Roca dispone: Estando sometida al Ministerio de Obras Públicas, la construcción de canales de Irrigación y habiendo conveniencia a esos objetos proceder al estudio de los ríos Neuquén, Limay, Negro y Colorado, el Presidente de la Nación Decreta: 1.- Comisiónase al Ingeniero Don César Cipolletti, para que, previa una inspección personal, redacte una memoria preliminar sobre el mejor y más conveniente aprovechamiento de las aguas de los mencionados ríos…
Acompañaron al hidráulico los expertos de su confianza: Gunardo Lange, Leonardo Böhon, Orestes Vulpani y Federico Campolieti, quienes arribaron a la región los primeros días de febrero y trabajaron hasta fines de mayo. Retornaron a Buenos Aires con el producto de sus observaciones y cuyas conclusiones se entregan al Ministerio de Obras Públicas el 6 de septiembre de 1899 en un documento de trescientas páginas que incluye siete mapas. La gran inundación de ese año los demora un par de semanas en General Roca.
La Comisión recorrió a caballo el curso de los Río Colorado, Neuquén, Limay y Negro desde los nacimientos hasta las desembocaduras. Se adentraron en la Alta Cordillera en las nacientes de afluentes, entre bosques y praderas naturales, en los anchos valles formado por los ríos donde rescatan el del Río Negro como el más amplio para la agricultura y la colonización. En tercer plano describieron las desembocaduras cuyas costas son aptas para centros poblacionales de características agrícolas y marítimas.
La imaginación de César Cipolletti voló a alturas insospechadas, llegando a especular la factibilidad de aprovechamientos hidroeléctricos en las nacientes de los torrentes andinos, y nunca dejó de vaticinar una capacidad de regadío en torno al millón de hectáreas. En términos de superficie evaluada y alcance de los relevamientos realizados cayeron bajo los alcances del teodolito del especialista romano más de cuatrocientos mil kilómetros cuadrados; Río Negro, Neuquén, Sur de Mendoza, de La Pampa y el Partido de Patagones en Buenos Aires. Casi la superficie de Francia, y reiteramos: a caballo, con el cielo patagónico como habitación y media docena de personas con los teodolitos como máxima tecnología de la época.
La Memoria se divide en cinco partes, un apéndice y siete láminas ilustrativas, las cuales comprenden además de un mapa general de toda zona patagónica evaluada, un mapa de demostrativos de la distribución de las lluvias y de los itinerarios recorridos por la Comisión, un mapa de la cuenca superior del Limay, un mapa demostrativo de las sub divisiones del Río Negro con sus respectivos perfiles, un mapa del embalse del lago Nahuel Huapi, otro de la cuenca Vidal para su sistematización ante las crecientes y un esquema del sistema de irrigación por medio de la inundación.
Adelanta la utilización de la Cuenca Vidal como depósito de la creciente del Neuquén y en cuanto al Río Negro “presenta un aspecto majestuoso, con su cauce caudaloso y bien definido, cubierto por las aguas de banda a banda y sin grandes bancos ni extensas playas en seco”. “Cuando sus aguas no se hallan subdivididas, formando varios brazos, su ancho puede estimarse en unos 200 metros término medio, ya que oscila, en todo su curso, entre 150 y 300 o 350 metros”.
“Conserva siempre mucha hondura, no siendo vadeable, de uno a otro extremo, en ninguna época del año. La velocidad de la corriente es bastante considerable, variando, según los parajes y el estado del río de cero ochenta a tres metros por segundo”.
“Las aguas del Río Negro son dulcísimas, verdaderamente exquisitas y tal vez las mejores de las que, en grandes masas, existen en la República”. Continúa la descripción del Río Negro. “La vegetación espontánea del Valle puede considerarse dividida en tres clases distintas y muy bien determinadas. La de pasto tierno, trébol, alfilerillo, gramíneas, etc, acompañada de sauces, chilcas y cortaderas; la de pasto duro y junquillo y la de arbustos de sierra… A éstas, podemos agregar una cuarta, quizás la más extensa: la zona de los terrenos, completamente desprovistas de toda vegetación…”
En un párrafo se refiere a las temidas inundaciones, sus ventajas y perjuicios: “las tres o cuatro inundaciones, una más grande que la otra que se han suscitado en el Río Negro en el breve espacio de siete meses desde fines de diciembre del año pasado hasta julio del corriente año (1899) han llamado la atención sobre esta calamidad del valle, haciendo surgir la idea de que la posibilidad de sus frecuentes repeticiones impediría poblar y cultivar este espléndido territorio.” Siempre sobre este flagelo de las inundaciones pasa a detallar las defensas contra ellas con terraplenes, por medio de embalses, estanques, pantanos, etc.
El trabajo en forma de Memoria tiene mucho de descriptivo, de teórico y de didáctico por sus detalles acerca de métodos y procedimientos de riego. Fue calurosamente elogiado por los verdaderos entendidos atendiendo la pericia y visión del técnico, catalogado como perfecto en la materia. En la Exposición Internacional de Milán de 1906 le otorgaron el Primer Premio al autor, y en La Haya le concedieron al autor el título de Maestro.
Fragmento del libro “Río de los Sauces”, de Horacio Massaccesi

