En el año 1928, durante el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, y como resultado de varios estudios geológicos realizados en la zona costera de la Patagonia, para conocer la factibilidad de ubicar nuevas cuencas petrolíferas, se decidió realizar esa comprobación en Puerto Madryn, lugar donde varios técnicos aconsejaban hacerlo.
Así que la Dirección de Minas de la Nación hizo construir una serie de viviendas de chapa y madera para albergar al personal de la empresa. Las mismas estaban ubicadas muy próximas a las que posteriormente hizo construir el Ferrocarril, frente a la hoy Avenida Rawson, a unos 150 metros de la costa y a la altura del viejo chalet que ocupaba el gerente de aquel ferrocarril.
La torre de perforación se ubicó en lo que hoy es la cancha de tenis del Club Náutico Atlántico Sud.
El Ingeniero Armando Ulled fue designado como responsable de esta empresa. Tenía a su cargo varios operarios, entre ellos a don José Nizetich, que trabajó después en la carpintería del ferrocarril, donde se reparaban y se carrozaban vagones ferroviarios, siendo después el encargado del depósito o pañol de materiales.
Con el pozo petrolero se estuvo trabajando hasta 1930, oportunidad en que se interrumpieron las tareas como consecuencia del golpe militar que protagonizó el General Uriburu, destituyendo al gobierno de Yrigoyen.
A raíz de ello, las nuevas autoridades resolvieron suspender los trabajos y levantar todas las instalaciones. La perforación había alcanzado los 360 metros sin detectar petróleo. En ese intento tuvieron que afrontar serios inconvenientes, al hallar pronunciados volúmenes de masas rocosas que demoraban esta obra. El sitio perforado fue sellado convenientemente, y para ubicarlo cuando decidieran continuar con este propósito, se construyó un montículo circular de cemento, en cuyo centro sobresalía una tapa de hierro de 0.20 cm. de diámetro. Sobre el cemento fresco habían colocado su firma algunos operarios. Ese montículo fue la parte perforada y rellenada cuando el Club Náutico Atlántico Sud decidió construir su cancha de tenis.
Anteriormente se había intentado hacer una perforación a puro pico y pala, que sólo alcanzó unos pocos metros, en la denominada curva del tren, que comenzaba pasando la Clínica de la calle Reconquista y seguía rumbo al sur por lo que es hoy la calle Rosales.
Llegando a Sarmiento se divisa el viejo galpón donde ordeñaba las vacas, para el reparto diario de leche, “Cara quemada” Sancha.
Texto de “Puerto Madryn. Vuelo hacia el recuerdo” – Hugo Antonio Albaini

