domingo, 16 de agosto de 2026
Los hermanos Duggan construyeron una fortuna en tierras a partir de comienzos modestos

Entre los dos primeros censos nacionales de 1869 y 1895, la población argentina aumentó de 1.737.076 habitantes a 3.954.911.

Esto sucedió a pesar de las guerras y de las epidemias que diezmaron a la población criolla. El crecimiento se debió fundamentalmente a la inmigración europea, fenómeno de alcance mundial que beneficiaba entonces a Norteamérica y a Sudamérica.

Todo el país resultó favorecido por este proceso. Gracias a la mano de obra extranjera, se pusieron en valor las tierras arrancadas al indígena y el Estado nacional pudo sustentar su poderío en materia de comunicaciones, centros urbanos, educación común y defensa.

La orgullosa colectividad británica

Hacia 1890 la colectividad británica, la más antigua de las radicadas en el país, era también la más rica y respetada. Empeñada en preservar sus costumbres, sostenía a rajatabla su anglofilia, a pesar de que muchos de sus miembros hubieran nacido en la Argentina. Había templos anglicanos y luteranos; colegios ingleses; barrios ingleses construidos para empleados de los ferrocarriles (Banfield, Hurlingham, Belgrano R); clubes sociales y deportivos (remo, rugby, fútbol); asociaciones benéficas y periódicos como The Standard y The Buenos Aires Herald.

El censo de 1895 indica que había 21.788 ingleses, los que sin ser numerosos influían decisivamente en materia de gustos y modales, no sólo en la clase alta argentina, que admiraba también la cultura francesa, sino en los sectores medios². Ocupaban, dice Ferns, “una posición cada vez más estratégica en la economía argentina”. En la próspera década de 1880, el país absorbió el 40/50% de las inversiones británicas en el exterior.

En los años noventa, las figuras más relevantes de la colectividad eran Eduardo Lumb, empresario del Ferrocarril Sud, y G. W. Drabble, presidente del Banco de Londres, pionero en la exportación de carnes congeladas. Pero desde el acaudalado banquero al modesto empleado de ferrocarril, la institutriz, el mayordomo de estancia o el contador de una firma menor, todos los residentes asumían la orgullosa representación del Imperio; hablaban en inglés, tomaban puntualmente el té a las cinco de la tarde y reverenciaban a la reina Victoria, cuyo jubileo en 1897 fue celebrado con pompa hasta en los pueblos remotos donde vivían ingleses.

Los irlando-argentinos constituían un caso aparte porque, aunque hablaban en inglés, se sentían víctimas del Imperio Británico por ser católicos. Venidos desde la década de 1840, se especializaron en la cría de lanares. Los que prosperaron compraron tierras en los partidos del oeste bonaerense (Exaltación de la Cruz, Arrecifes). La comunidad tuvo su periódico, The Southern Cross, y fundó colegios para educar a sus hijos en las tradiciones de sus antepasados. Otros muchos se acriollaron, usaron chiripá y se comprometieron en la política criolla.

Entre las figuras emblemáticas de esta comunidad, es de rigor mencionar al Father Fahy, a los hermanos Duggan, quienes construyeron una fortuna en tierras (300.000 hectáreas) a partir de comienzos modestos, y a Eduardo Casey, uno de los grandes empresarios del Ochenta.

La carrera de este hijo de irlandeses fue meteórica. Casey, asociado con capitales británicos, acometió la colonización de Venado Tuerto, donde formó estancias ovejeras vendidas en remates legendarios. Siendo propietario del establecimiento Curumalán (Sierra de la Ventana) y en colaboración con Clemente Cabanettes, contrató la venida de los franceses de Aveyron que fundaron Pigüé. Se complicó después en proyectos demasiado ambiciosos. La crisis de 1890 lo llevó a la ruina. Pero como pagó puntualmente sus deudas y promovió la fortuna de muchos, su memoria mereció respecto y afecto.se

Los pioneros galeses venidos al Chubut en 1865 no se sentían parte del Reino Unido. Habían emigrado a fin de preservar las tradiciones y el idioma gaélico de su pueblo, sometido por los ingleses en la Edad Media. Instalados en Puerto Madryn y luego en Rawson, Gaiman y Trelew, la tierra elegida resultó más inhóspita de lo que se había supuesto. Pero gracias a sus vecinos tehuelches que les enseñaron a abastecerse de alimentos naturales, y al apoyo del gobierno argentino, las colonias, cuya especialidad eran los productos de granja, se extendieron hasta la cordillera.

 

 

 

 

Texto de: “La Argentina – Historia del país y de su gente” María Sáenz Quesada

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