jueves, 27 de agosto de 2026

Alumnos y docentes de la Escuela N° 7724 participaron de una jornada de educación ambiental en el Campo Experimental Trevelin del INTA. Con charlas y una actividad de plantación de especies autóctonas, la propuesta buscó acercar a los jóvenes al conocimiento de la biodiversidad de su territorio y fortalecer una mirada de compromiso con la conservación y restauración de los ambientes naturales.

La educación ambiental puede comenzar en un aula, pero muchas veces encuentra su verdadera dimensión cuando los estudiantes tienen la posibilidad de entrar en contacto directo con el territorio que los rodea.

Ese fue el espíritu de la jornada que el pasado 20 de agosto reunió a estudiantes y docentes de la Escuela N° 7724 de Aldea Escolar en el Campo Experimental Trevelin del INTA, en una propuesta dedicada al conocimiento, valoración y conservación de la flora nativa.

La actividad permitió que los alumnos no solamente recibieran información sobre las especies autóctonas de la región, sino que también pudieran participar activamente de una experiencia concreta: plantar árboles, arbustos y herbáceas nativas.

La jornada fue organizada por el equipo del INTA Trevelin junto al Parque Nacional Los Alerces, y se desarrolló a partir de dos momentos; una charla participativa y posteriormente una instancia práctica de plantación.

La jornada contempló una charla participativa a cargo del personal de Parque Nacional Los Alerces.

Uno de los principales objetivos del encuentro fue acercar a los estudiantes al conocimiento de las plantas autóctonas y explicar por qué su conservación resulta fundamental para los ecosistemas de la región.

Durante la jornada se abordaron cuestiones vinculadas con las características de la flora nativa, las técnicas de viverización y el papel que cumplen estas especies dentro de los procesos de restauración ambiental.

Para los estudiantes, ese conocimiento adquiere una dimensión especial porque se relaciona directamente con el territorio en el que viven.

Aldea Escolar se encuentra rodeada por ambientes naturales que forman parte de un patrimonio ambiental de enorme valor, por lo que conocer las especies propias de esos ecosistemas permite también comprender la importancia de protegerlos.

Estudiantes y docentes de la Escuela N° 7724 de Aldea Escolar.

La segunda parte de la actividad permitió transformar los conceptos abordados durante la charla en una experiencia concreta. Los estudiantes participaron de la plantación de distintas especies nativas, incorporándose directamente a una acción vinculada con la conservación.

Poner las manos en la tierra, reconocer una planta, conocer cómo se desarrolla y finalmente plantarla puede parecer una acción sencilla, pero representa una herramienta educativa de enorme valor.

Porque aquello que se aprende desde la experiencia puede convertirse en un conocimiento que trasciende el momento de la actividad y llega posteriormente a las familias, los amigos y otros espacios de la comunidad.

En ese sentido, los alumnos no fueron solamente receptores de información: se convirtieron en protagonistas de una acción ambiental.

Otro de los ejes abordados durante el encuentro fue la importancia de las áreas protegidas. La mirada propuesta permitió vincular diferentes escalas de conservación: desde espacios de gran relevancia regional como el Parque Nacional Los Alerces, hasta áreas de conservación más cercanas a la comunidad, como la Reserva Natural Urbana Arroyo Blanco de Aldea Escolar.

Esta relación resulta particularmente importante para los estudiantes porque permite comprender que la conservación ambiental no ocurre solamente en grandes parques o reservas alejadas. También puede desarrollarse en los propios lugares donde las comunidades viven, estudian y desarrollan sus actividades cotidianas.

El impacto de este tipo de iniciativas no necesariamente puede medirse solamente por la cantidad de plantas que fueron incorporadas al suelo durante una jornada. Existe otra dimensión, menos visible pero posiblemente más importante: la formación de las nuevas generaciones.

Un estudiante que aprende a reconocer una especie nativa, comprende su función dentro de un ecosistema y participa de su plantación incorpora herramientas que pueden influir en sus decisiones futuras.

La educación ambiental busca justamente generar ese cambio de mirada. Que los jóvenes puedan comprender que el ambiente no es algo separado de la sociedad, sino un espacio del que las personas forman parte y cuya conservación requiere participación y responsabilidad colectiva.

En este sentido, el trabajo realizado con los alumnos de la Escuela 7724 adquiere una relevancia que excede a la propia jornada. Los estudiantes serán quienes en los próximos años tomen decisiones en sus hogares, sus comunidades y eventualmente en ámbitos productivos, científicos, educativos o institucionales.

Durante la actividad, los participantes plantaron árboles, arbustos y herbáceas nativas.

Acercarlos desde temprana edad a la flora nativa significa brindarles herramientas para comprender el valor de un patrimonio natural que pertenece a toda la comunidad. Y también significa fortalecer una cultura de cuidado que puede transmitirse de generación en generación.

La propuesta también permitió fortalecer el vínculo entre instituciones educativas, organismos científicos y espacios dedicados a la conservación. Se generó un espacio donde el conocimiento científico pudo encontrarse con la experiencia educativa y la participación de los jóvenes.

Desde el INTA destacaron precisamente la importancia de continuar generando espacios de encuentro, capacitación y trabajo conjunto destinados a revalorizar la flora autóctona y fortalecer la educación ambiental en la región.

La actividad realizada con los estudiantes de Aldea Escolar constituye, así, un ejemplo concreto de cómo la educación ambiental puede salir de los libros y convertirse en una experiencia compartida. Porque cada árbol plantado representa mucho más que una nueva planta en el paisaje.

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