domingo, 30 de agosto de 2026
Abanderados de la escuela Tomás Espora.

En el año 1944 la Escuela Tomás Espora empieza sus funciones con todos los grados completos, de 1ª a 6 ª. El nombrado Director el Sr. Víctor Morón, gran maestro, se encontró con un grupo de maestras casi todas recibidas y nombradas, todas llenas de ilusiones y entusiasmo. No sabíamos lo que nos esperaba, era muy difícil trabajar en un clima socio económico con tantas carencias.

El primer día cuando entramos a la escuela, nos encontramos con una casa de chapa y madera, a una cuadra del Hospital, los pisos de madera muy viejos, las ratas salían del piso y se cruzaban por el aula, las chicas se subían arriba de los bancos. El personal estaba compuesto por el Director Víctor Morón, las maestras Lidia León de Moré, Nelly Lupi, Evangelina Cardozo, que venía de Corrientes, Elba Sosa, de Córdoba, Elsa Irigoitía de Entre Ríos, Carlos Baluxco, Vicente Autiero, Profesor de Música, Sra. de Lewis, Profesora de Manualidades, Daniel Bustamante, maestro.

El ambiente de las familias era muy pobre, vivían casi todos en La Loma Blanca, el primer tiempo nos costó mucho, pero el Director como buen maestro, se dedicó a cada una de nosotras, venía a las aulas para comprobar nuestro trabajo y dar las instrucciones necesarias.

De esta manera logró formar un grupo excelente de maestras, tal es así que varios alumnos de la Escuela 27 se fueron a la nuestra. A los años éramos un grupo que llegamos a querernos mucho y nos costó mucho separarnos, nos casamos todas, el Director se casó con Nelly Lupi. Teníamos muchas anécdotas de nuestra trayectoria: “Un día Nelly se había quedado después de clase para atender el comedor escolar, una madre se enojó con ella porque decía que no le daba de comer a su hija, la sacó del comedor y la corrió desde la Escuela hasta el ferrocarril con una cuchilla. Por suerte estaban los obreros y pudieron salvarle.”

Para las fiestas patrias casi siempre llovía, las calles se ponían imposibles de caminar, era todo de barro, así que nosotras nos poníamos unas botas de goma, y en una bolsita traíamos los zapatos, cuando llegábamos al Hotel de Cura, nos cambiábamos y salíamos más elegantes. En esa época los vientos eran insoportables, no había autos, así que teníamos que atravesar el campito del ferrocarril a pie, algunas estábamos embarazadas. En mayo de 1957 me llegó el traslado a la escuela N 27, que me quedaba al frente de mi casa. ¡Me costó dejar mi Escuela N 24, donde pasamos tan lindos momentos.

 

Por Felisa Corbetto de Pérez (Tita), publicado en  El Diario de Madryn, suplemento “Quiere que le cuente”, marzo 2004

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