El docente cordillerano, representante del Vivero Niños del Lago de Villa Futalaufquen, participó de una nueva edición del Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario organizado por CLAYSS. La experiencia permitió visibilizar un proyecto educativo y comunitario que desde hace años vincula a estudiantes, docentes y familias con la conservación del ambiente y el patrimonio natural del Parque Nacional Los Alerces.
La educación ambiental puede trascender las paredes de una escuela y convertirse en una herramienta concreta de transformación comunitaria. Esa mirada es la que llevó al docente cordillerano Luis Almendra, representante del Vivero Niños del Lago, a participar del Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario, organizado por el Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS).
La presencia de Almendra en este encuentro internacional permitió poner en diálogo una experiencia construida durante años en el corazón del Parque Nacional Los Alerces, donde la educación, la conservación y la participación comunitaria se encuentran a través del trabajo desarrollado por el vivero de la Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen.
El Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario constituye uno de los espacios de referencia en América Latina para el intercambio de experiencias educativas que combinan el aprendizaje académico con acciones concretas orientadas a resolver necesidades de la comunidad.
La propuesta impulsada por CLAYSS busca promover una concepción de la educación en la que los estudiantes no sean solamente receptores de conocimientos, sino también protagonistas de proyectos que generan impacto positivo en su entorno.

En este tipo de experiencias, los contenidos aprendidos en las aulas adquieren una aplicación concreta; se investiga, se planifica, se trabaja colectivamente y se interviene sobre una problemática real.
El Vivero Niños del Lago funciona en Villa Futalaufquen, dentro del Parque Nacional Los Alerces, y nació como una experiencia educativa vinculada con la producción y conservación de especies vegetales.
Con el paso del tiempo, el proyecto fue adquiriendo una dimensión mucho mayor. El vivero se transformó en un espacio donde niños y jóvenes pueden conocer las especies nativas, comprender la importancia de los bosques y participar directamente de tareas de producción, cuidado y plantación.
La particularidad está en que los conocimientos no se quedan en el aula. Los estudiantes aprenden haciendo. Preparan semillas, conocen los procesos de germinación, trabajan con plantines y comprenden qué implica producir una especie nativa antes de devolverla al ambiente. Esa experiencia permite generar un vínculo diferente con el territorio.

En el caso del Vivero Niños del Lago, el aprendizaje-servicio adquiere una dimensión especialmente significativa por el lugar donde se desarrolla. Los estudiantes viven y estudian dentro de uno de los principales espacios naturales protegidos de la Patagonia.
El Parque Nacional Los Alerces conserva una enorme diversidad de ambientes, bosques y especies nativas, y constituye además un territorio donde la relación entre las comunidades y el ambiente forma parte de la vida cotidiana.
Por eso, trabajar con plantas nativas no representa únicamente una actividad escolar. Significa conocer el patrimonio natural que rodea a los propios estudiantes y asumir un papel activo en su conservación.
La experiencia permite que los chicos comprendan que cuidar un bosque no es solamente evitar que se lo dañe; también implica conocer sus especies, reproducirlas, recuperar ambientes y transmitir ese conocimiento a otras personas.
La participación de Luis Almendra en el seminario también permite poner en valor el trabajo de los docentes que convierten proyectos educativos en verdaderas experiencias comunitarias. Su tarea vinculada al Vivero Niños del Lago combina educación ambiental, producción de plantas nativas, conservación y participación comunitaria.
A través de ese trabajo, los estudiantes adquieren conocimientos vinculados con la biología y el ambiente, pero también desarrollan valores relacionados con la responsabilidad, la solidaridad y el trabajo colectivo.
Cada plantín producido puede tener un destino concreto. Cada semilla puede convertirse en una nueva planta. Y cada estudiante que aprende sobre una especie nativa puede transformarse también en un multiplicador de ese conocimiento dentro de su familia y su comunidad.
La trayectoria del Vivero Niños del Lago demuestra que el proyecto no se limita a una experiencia puntual. Uno de sus hitos fue la celebración de sus 20 años de existencia, instancia en la que se destacó el camino recorrido por la comunidad educativa de la Escuela N° 25 y el vínculo construido con el territorio.

Durante esas dos décadas, el vivero se convirtió en una referencia de educación ambiental dentro del Parque Nacional Los Alerces. Generaciones de estudiantes pasaron por sus actividades y tuvieron contacto directo con procesos que muchas veces resultan difíciles de comprender únicamente desde los libros.
Uno de los mayores valores del proyecto está en que los beneficiarios no son solamente los estudiantes que participan de las actividades. El impacto se extiende hacia las familias, las instituciones educativas, el Parque Nacional y la comunidad en general.
Cuando los chicos conocen el valor de las especies nativas, esa información también circula fuera de la escuela. Cuando participan en una plantación, comprenden el sentido de recuperar un espacio. Cuando aprenden a producir un árbol, pueden transmitir ese conocimiento a otras personas.
En una región donde el bosque nativo constituye uno de los principales patrimonios naturales, formar generaciones capaces de reconocerlo y protegerlo tiene una importancia que trasciende ampliamente lo educativo.
La participación de Almendra en el encuentro internacional organizado por CLAYSS representa, en ese sentido, un reconocimiento a una forma de entender la educación. Desde una escuela ubicada dentro de un parque nacional, una experiencia construida con estudiantes y docentes puede llegar a un ámbito donde se reúnen especialistas y representantes de proyectos educativos de distintos lugares.
Y allí aparece uno de los aspectos más interesantes de la experiencia: no se trata simplemente de llevar una historia de la Cordillera hacia afuera, sino de mostrar que las problemáticas y necesidades de un territorio pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje y transformación.
El Vivero Niños del Lago demuestra que una escuela puede convertirse en un actor activo de la conservación. Que los estudiantes pueden ser protagonistas. Y que enseñar sobre el ambiente también puede significar trabajar concretamente para protegerlo.
La presencia de Luis Almendra en el Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario permite entonces visibilizar una experiencia que tiene raíces profundamente locales, pero cuya lógica puede ser replicada en otros territorios.
Detrás de cada estudiante que aprende a reconocer una especie nativa hay una posibilidad de transmitir ese conocimiento. Y detrás de cada acción colectiva aparece una idea todavía más profunda: que la educación puede convertirse en una herramienta concreta para transformar y cuidar el lugar que habitamos.
Desde Villa Futalaufquen, en el corazón del Parque Nacional Los Alerces, el trabajo del Vivero Niños del Lago continúa creciendo. Y ahora, a través de la participación de Luis Almendra en un espacio internacional, esa experiencia cordillerana vuelve a demostrar que las grandes transformaciones también pueden comenzar con una semilla pequeña, una escuela y una comunidad dispuesta a cuidarla.

