En la construcción de la “comunidad organizada”, donde el bienestar de la masa trabajadora resultaba esencial, Evita, la esposa del presidente, tuvo un papel de excepción.
La trayectoria de María Eva Duarte de Perón (1919-1952) es sin duda la más notable entre las mujeres argentinas del siglo y la única que ha logrado proyección internacional en libros de investigación y de ficción, artículos, películas y la ópera rock de Lloyd Weber que fue llevada al cine.
Su biografía contiene todos los atractivos de un cuento de hadas, una novela o un teleteatro moderno. Evita, la muchacha humilde, nacida en un pueblo olvidado de la provincia de Buenos Aires, Los Toldos, hija ilegítima de doña Juana Ibarguren y del estanciero Juan Duarte, era dueña de una voluntad de superación formidables.
Se traslada a Buenos Aires en 1935 decidida a ser actriz. Su “prehistoria” es oscura, pródiga en miseria y humillaciones. Trabaja en pequeños papeles de cine y de radioteatro, hasta que se produce el encuentro con Perón, cuando el “coronel de los trabajadores” participa junto a un grupo de artistas de la colecta para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan. El amor es fulminante. Perón, viudo de su primera esposa, debe soportar las críticas de sus camaradas de armas porque convive con esa joven actriz.
La pareja contrae matrimonio en noviembre del 45 y ella comienza a aparecer en todos los actos oficiales para escándalo de la oligarquía tradicional que la convertirá en blanco de sus odios. La Sociedad de Beneficencia, monopolizada por las señoronas de la clase alta, se niega a admitirla como presidente honoraria a pesar de que ya era la primera dama. Eva declararía la guerra a esa despectiva oligarquía, pese a lo cual no renegaba del todo de sus pautas de prestigio”.
Su primera gran actuación pública es en 1947 cuando viaja a Europa con una comitiva para representar a Perón. Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, la invita oficialmente porque tiene mucho que agradecerle al gobierno argentino, uno de los pocos que se había atrevido a desafiar el boicot decretado por las Naciones Unidas por considerarlo como un sobreviviente de la derrota nazi: los envíos de trigo argentino le permitieron a Franco aumentar la ración diaria de pan que comían los españoles.
La joven primera dama, agasajada y aplaudida, se desempeña al margen del protocolo, con desparpajo, vitalidad, gracia, gesto dulce para los humildes y desplantes ante los poderosos: con el “Caudillo” español, la antipatía es recíproca logró que el canciller Bramuglia —con quien estaba enemistada- dejara el gabinete, a pesar de que era uno de los más eficaces colaboradores de su marido. En la reestructuración ministerial de 1950, Eva logra la designación de Armando Méndez San Martín en la cartera de Educación. Desde esta cartera se imprimirá un contenido partidista a la enseñanza.
La Fundación Eva Perón, creada en 1949 a partir de las tareas de ayuda social que ella venía desarrollando, absorbe las actividades de la Sociedad de Beneficencia en asilos y orfanatos y las multiplica en todo el país. La idea, explica Alberto Ciria, era desterrar la palabra “caridad” y sustituirla por la “ayuda social”. Los recursos provienen de aportes exigidos a las empresas privadas y de jornales donados por los obreros. La nueva y eficaz entidad no admite ningún control administrativo.
Evita convierte a la Fundación en su lugar de trabajo. Allí, rodeada de un ejército de asistentes sociales y de gremialistas, atiende hasta altas horas de la noche.
No rehúye el contacto físico con los enfermos, los ancianos, los necesitados. Ella “dignifica” al pueblo; Perón “cumple” las promesas. Su discurso es agresivo, pasional y su voz ronca oscila entre el amor al “humilde pueblo trabajador” y el odio a la “oligarquía vendepatria”.
Esta mujer joven, sin instrucción, aprende con rapidez el papel histórico que Perón le ha asignado. Y por todo eso Evita, lejos de adoptar actitudes feministas, se manifiesta eternamente agradecida a su marido, según puede leerse en las páginas de La razón de mi vida. Este libro escrito por encargo se convirtió en texto obligatorio para los establecimientos educativos dependientes del Ministerio de Educación
Texto de “Historias del País y de su gente” – María Sáenz Quezada

