El primer día de 1945, las calles próximas a la Escuela N.º 18 se llenaron de jinetes, coches, autos, camiones y microómnibus. Llegaban familias, docentes, alumnos y vecinos para celebrar sus cincuenta años. La escuela, recién pintada y embellecida, recibía a quienes habían formado parte de su historia.
La escena quedó registrada en la Reseña histórica de la Escuela N.º 18 “Benjamín Zorrilla”, publicada con motivo de sus bodas de oro, correspondientes al período 1895–1945. Ochenta y un años después, sus páginas permiten acercarse a los comienzos de la institución y a la manera en que su comunidad quiso recordarlos.
La Asociación de Exalumnos había encargado al director José Nicolás La Rocca la recopilación de antecedentes y la redacción del folleto. Su edición contó también con la colaboración de comerciantes, profesionales y del periodismo de Esquel y Trevelin. El esfuerzo colectivo que había sostenido a la escuela encontraba una nueva tarea: dejar escrita su memoria.
Según la reseña, los primeros pasos se dieron en una pequeña capilla próxima a la casa de Juan D. Evans. Allí se reunían las familias los domingos y allí surgió la idea de ofrecer educación a sus hijos. En ese mismo espacio comenzó a funcionar una escuela particular, cuyos gastos eran costeados por los padres.
El maestro era T. G. Prichard. La publicación recuerda a varios de sus alumnos, entre ellos Arturo Jones, Juan Freeman, Obedom Roberts, Vicente Calvo, Morgan Evans, Buddug Evans y Mary L. Price. Los nombres conservan las huellas de los primeros alumnos que compartieron un aula en el Valle 16 de Octubre.
El Consejo Nacional de Educación dio carácter oficial a la escuela el 1.º de enero de 1895. Prichard, que enseñaba en galés, comenzó entonces a dictar las clases en castellano. Ese cambio expresa una dimensión central de su trayectoria: la relación entre la lengua de las familias y una educación estatal orientada a construir una identidad nacional.
Las condiciones de la región también intervenían en la vida escolar. Aunque inicialmente las clases se desarrollaban durante todo el año, los registros de 1896 mostraban una asistencia reducida en invierno. Más adelante se estableció un calendario de septiembre a mayo. La enseñanza debía encontrar su ritmo en un territorio donde las estaciones condicionaban la vida cotidiana.
En 1901, durante la dirección de Owen Williams, la escuela se trasladó a un edificio construido por los vecinos y cedido gratuitamente al Consejo Nacional de Educación. Tenía techo de paja y piso de madera de ciprés. En ese local, hoy desaparecido, tuvo lugar el encuentro del 30 de abril de 1902, cuando la población manifestó ante la Comisión de Límites su voluntad de permanecer bajo la bandera argentina.
La reseña de las bodas de oro recupera también la dimensión comunitaria de aquella jornada. Recuerda a las familias llegando con sus mejores prendas, la lectura de una poesía en galés escrita por Owen Williams y la participación de los coros. La escuela se convirtió en el lugar donde la comunidad expresó su posición ante una decisión que involucraba el futuro del territorio. En ese recuerdo, la lengua galesa, el canto y la pertenencia a la Argentina aparecen reunidos en una misma escena.

Una nota al pie aclara que la narración fue elaborada a partir de versiones recogidas de antiguos pobladores. Ese detalle permite reconocer otra dimensión del documento: publicado cuarenta y tres años después del encuentro, conserva la memoria oral que circulaba sobre aquella jornada y la manera en que la comunidad la mantenía presente.
Esa aclaración invita a leer el documento con atención a su época. Sus expresiones sobre el patriotismo, la nacionalidad y los habitantes del territorio corresponden a la mirada desde la que fue escrito en 1945. Su valor histórico incluye tanto la información que reúne como las formas en que sus autores interpretaron el pasado.
La continuidad de la escuela exigió nuevas respuestas. En 1922, ante el deterioro del local y bajo la dirección de Néstor González Salvatierra, se levantó otro edificio sobre una hectárea donada por Juan D. Evans. Nuevamente, el vecindario participó y donó la construcción. Este es el edificio que se conserva actualmente y que, décadas después, albergaría el Museo del Plebiscito.
El compromiso tomó otra forma el 1.º de febrero de 1941, cuando una asamblea de padres constituyó la cooperadora escolar. Sus acciones alcanzaron el patio, el comedor y el edificio: instaló juegos, hizo construir mesas y bancos y financió cercos y mejoras en la galería. Eran intervenciones concretas para acompañar la enseñanza y el bienestar de los alumnos.
La celebración de 1945 reunió esas trayectorias. Llegaron delegaciones escolares de Esquel, Trevelin, Arroyo de los Saltos y Río Percy. Dos antiguos alumnos, Morgan Evans y David Jones, izaron la bandera. Hubo un almuerzo con asado y, por la tarde, canto coral, poesías, títeres y una representación teatral. Se compartió chocolate con masas y tortas antes de que, al ponerse el sol, fuera arriada la bandera.
Los exalumnos donaron un mástil con una placa conmemorativa, adquirieron una pintura de la escuela e hicieron posible la publicación de la reseña. También se recibió un álbum en el que los presentes firmaron el acta de la fiesta. Aquella jornada dejó objetos y documentos destinados a conservar el recuerdo del encuentro.
Con el tiempo llegaron nuevos reconocimientos. En 1979, el sitio donde había estado emplazada la escuela del encuentro de 1902 fue declarado Lugar Histórico Nacional. El decreto precisó que aquel edificio ya no existía y que su ubicación estaba señalada por un monolito con una placa. La distinción permite reconocer dos referencias patrimoniales: el lugar del acontecimiento y el edificio escolar de 1922 que permanece en pie.
En una de las aulas de este último se inauguró, en 2002, el Museo del Plebiscito. La historia escolar encontró así un espacio para ser compartida con nuevas generaciones y visitantes.
En 2026, el edificio fue incorporado al Patrimonio Histórico y Cultural del Chubut mediante la Ley XI N.º 101, promulgada el 8 de junio. Según informó la Municipalidad de Trevelin, el proceso había comenzado en 2024 y contó con la participación de organismos públicos y actores comunitarios, entre ellos la Asociación Galesa 16 de Octubre.
Entre las primeras clases en la capilla, el libro de las bodas de oro y las acciones actuales de preservación aparece un vínculo persistente: la voluntad de sostener un lugar significativo para la comunidad. Las familias aportaron recursos y trabajo; los exalumnos reunieron recuerdos y los pusieron por escrito. Hoy, conservar los edificios, los documentos y las voces que cuentan esa trayectoria permite que la historia de la Escuela N.º 18 siga siendo una memoria compartida.
Fuente: Reseña histórica de la Escuela N.º 18 “Benjamín Zorrilla”. Bodas de oro, 1895–1945. Colonia 16 de Octubre, Chubut. Recopilación y redacción de José Nicolás La Rocca, por encargo de la Asociación de Exalumnos.
Por Katia Sarsa Williams para La Voz de Chubut




