martes, 3 de noviembre de 2026

Ubicado sobre la Ruta Nacional 259, en cercanías de Trevelin, el emprendimiento familiar de Valeria Érpen y Hernán Trigo nació en 2016 con el objetivo de producir frutillas de manera agroecológica. Con el paso de los años, sumó visitas a la chacra y comenzó a proyectarse como una propuesta vinculada al turismo rural.

A la altura del kilómetro 48 de la Ruta Nacional 259, en el corredor que conecta Trevelin con los atractivos de la cordillera, se encuentra Legua 13, un emprendimiento familiar que combina producción de fruta fina, trabajo con la tierra y una propuesta de acercamiento al mundo rural.

El proyecto pertenece a Valeria Érpen y Hernán Trigo y comenzó en junio de 2016. La iniciativa surgió del deseo de trabajar la tierra de manera agroecológica y producir frutillas en la región, para acercar a los consumidores de Trevelin y Esquel una fruta fresca cultivada localmente.

Desde sus primeros pasos, el emprendimiento fue creciendo de manera gradual, incorporando plantas y adaptando el sistema de producción a las condiciones particulares del valle.

La producción requiere una atención constante, especialmente por las características climáticas de la zona. Las heladas, los vientos y los períodos de sequía representan desafíos para un cultivo que necesita cuidados específicos durante sus distintas etapas.

Túneles invernaderos protegen las plantaciones de frutillas en Legua 13.

Para proteger las plantas, gran parte de la producción se desarrolla bajo microtúneles, estructuras similares a pequeños invernaderos. El riego por goteo permite administrar el agua de manera controlada, mientras que las tareas de cultivo se realizan principalmente de forma manual.

El ciclo productivo también está condicionado por las estaciones. Según la descripción del emprendimiento publicada en 2021, los trabajos con los plantines comenzaban entre agosto y septiembre, mientras que las primeras cosechas podían llegar desde noviembre, con una segunda etapa de fructificación durante el verano y hasta el otoño, dependiendo de las condiciones climáticas.

La experiencia acumulada fue fundamental para el desarrollo de Legua 13. Sus responsables debieron aprender a partir de la práctica, el asesoramiento técnico inicial y el intercambio con otros productores, en una región donde reconocían que existía poca información específica sobre el cultivo de frutillas.

Con el tiempo, Legua 13 comenzó a recibir visitantes interesados no solamente en comprar frutillas, sino también en conocer el lugar donde se producen y descubrir el trabajo que existe detrás de cada cosecha.

Legua 13, es reconocido por sus iniciativas de agroturismo sobre la Ruta 259.

A partir de esa demanda, sus responsables incorporaron pequeñas visitas guiadas para compartir la historia del emprendimiento, explicar las características de la producción y acercar al público al proceso de cultivo.

Esta transformación se vincula con el crecimiento del turismo rural en el corredor de la Ruta 259, donde conviven viñedos, establecimientos productivos y distintos atractivos naturales. En ese contexto, Legua 13 fue ampliando su mirada para integrar la actividad agrícola con nuevas experiencias para quienes recorren la región.

En noviembre de 2024, el emprendimiento fue mencionado entre las propuestas que buscan fortalecer el agroturismo en Trevelin, con una orientación que contempla también el desarrollo de experiencias gastronómicas vinculadas a la producción local

La historia de Legua 13 refleja el recorrido de un emprendimiento que encontró en la producción agroecológica una forma de desarrollar una actividad propia y, al mismo tiempo, aportar a la identidad productiva de la comarca.

Las frutillas de Legua 13, son de producción 100% agroecológica. El lema que las define y que sus productores siempre resaltan es que tienen un color, aroma y sabor irresistibles.

Su propuesta combina el trabajo cotidiano de una chacra con la posibilidad de compartir ese conocimiento con quienes llegan a la zona. Así, las frutillas se convierten en el punto de partida para conocer una experiencia que une producción local, cuidado del entorno y turismo rural.

Desde su establecimiento en cercanías de Trevelin, Valeria Érpen y Hernán Trigo construyeron un proyecto que busca poner en valor el origen de los alimentos y mostrar que detrás de cada producto regional hay trabajo, aprendizaje y una relación estrecha con la tierra patagónica.

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