El 1 de mayo es feriado desde el año 1930, establecido por Hipólito Yrigoyen, pero, establecer un feriado es algo casi intrascendente al pensar en los derechos laborales que se establecen en el período 1916/30 con Yrigoyen y Marcelo T de Alvear.
Fue obra de Yrigoyen la ley de Jornada Laboral de 8 horas, que sigue vigente y sin modificaciones sustanciales, esa tampoco fue obra del peronismo. Hipólito Yrigoyen no solo construyó la primera democracia en el país, sino que los vientos del cambio que representa la democracia también llegaron al mundo del trabajo.
También hizo viable la ley de descanso dominical. Se construyó durante su gestión el sistema de jubilaciones (que era por actividad), los primeros seguros de accidentes laborales, se pagaron los primeros aguinaldos (Empleados públicos de Jujuy en 1922), se estableció el derecho a tener sindicatos libres y convenios colectivos de trabajo.
Todas ellas forman parte de las normas que llevaron al mundo laboral las reformas que generaba la política.
La ley de jornada laboral, y las modificaciones de la ley de descanso dominical construyeron la vida de los trabajadores hoy día. Se establece en 1929 una jornada máxima de 8 horas diarias y 48 semanales, disminuyendo la misma a siete en el caso de trabajo nocturno y a seis en caso de trabajo insalubre. También establece el pago de horas extras al 50% y al 100% en los feriados. Los carteles laborales vigentes de horarios de trabajo -que debían ser autorizados-, de horarios de descanso y registros de horas extras (para hacer posible su pago) forman parte de esa herencia que hoy perdura y protege derechos laborales. Un hecho curioso es que ataba la posibilidad de horas extras al pleno empleo, forzando a tomar nuevos empleados.
La creación del derecho previsional, con carácter casi universal, es parte de la obra de Hipólito Yrigoyen, pero, no fue comprendida en su tiempo. Durante su primer gobierno se hicieron las primeras cajas jubilatorias; primero para los trabajadores de las empresas de servicios públicos (tranviarios, telefónicos, telégrafos, gas y electricidad), luego para los bancarios y empleados de compañías de seguro.
Fue en el gobierno de Marcelo T de Alvear que se procuró la expansión del sistema previsional a los empleados industriales, de comercio y de la marina mercante, a los periodistas y a los artistas gráficos. Hubo, paradójicamente, fuertes luchas sindicales y patronales contra la ley, por diversos motivos, pero acabó siendo promulgada bajo el número 11.289. Los rasgos de esta ley casi centenaria se continúan hoy: inembargabilidad de la jubilación, derecho a pensión para las familias, jubilación por incapacidad para el trabajo (sea o no trabajando), aportes jubilatorios a cargo del empleado y patrón en forma simultánea (5 y 8 %), aportes a cargo del trabajador en forma exclusiva (primer salario, primer aumento salarial), elección del directorio de las Cajas por parte del Senado, de los trabajadores y empleadores mediante el voto.
La democracia social también se relaciona con el voto, así como las cajas jubilatorias son una consecuencia de la llegada del radicalismo al poder, el voto es siempre el instrumento para transparentar al poder. Como sostiene Norberto Bobbio, no sólo es quienes votan, sino donde se vota: y ese voto en las cajas jubilatorias es paralelo al voto de los estudiantes en las universidades y la llegada de gobiernos elegidos por el pueblo en las provincias.
Cuando me refiero a que fue un triunfo de la política emancipadora de Hipólito Yrigoyen y su krausista concepto de la armonía en la sociedad me refiero a las huelgas que impulsó la Unión Sindical Argentina, y el lock-out patronal contra la ley de jubilaciones. La publicación de la USA, Bandera Proletaria, : “La Ley de Jubilaciones es una amenaza para la independencia sindical de los trabajadores. Su espíritu va contra el Sindicato, tiende a sustituirlo en su función emancipadora, pretende demostrarle al trabajador ignorante, conservador o reformista que el Estado puede ejercer funciones paternales de protección”.
Bandera Proletaria, en su artículo “La horca de la jubilación” rechaza la política radical: “La génesis de la ley jubilatoria está en lo siguiente: las finanzas del país están de tal manera embargadas por los continuos despilfarros de todas las administraciones que llegará un día en que los capitalistas no quieran hacer empréstitos por falta de garantía”…”necesitando dinero el Estado, siendo él el más grande propietario, no puede sacarlo de la propiedad ni del privilegio; entonces va a quitárselo al trabajo”… “La máquina estatal se agiganta… ¿Cuántos empleados se necesitarán?…¡Qué venero para los partidos, para los comités. Si así vamos, el país se convertirá en un país de parásitos improductivos”… “Ya no sólo hay que alimentar al burgués, sino también al aliado del burgués, al apéndice atrofiado e inútil”… “Tendrán dinero para campañas electorales, para favorecer a los correligionarios, para chanchullos y porquerías”. En esa lucha contra la ley jubilatoria, uno de los más activos fueron los dirigentes comunistas, que recriminaban a la conducción sindical ser complaciente con la ley, y llamaban a medidas más duras. Las resistencias patronales y sindicales ayudaron a congelar el derecho previsional más de veinte años, hasta que después de destruido el sindicalismo revolucionario, el peronismo avanzará en el mismo sentido, en el marco de una sociedad donde la huelga había pasado de no estar reglamentada a tener más prohibiciones que nunca en la historia del país.
Por David Pandolfi

