domingo, 9 de agosto de 2026

La comunidad boliviana celebró los 201 años de la Independencia de Bolivia con un encuentro atravesado por la música, la danza, los colores y la memoria. A 55 años de la llegada de las primeras familias vinculadas a la construcción de la Represa Futaleufú, la celebración volvió a mostrar la fuerza de una identidad que atravesó fronteras, generaciones y kilómetros sin perder sus raíces.

 

Hay historias de un territorio que no pueden contarse desde una única raíz. Trevelin es, justamente, uno de esos lugares donde distintas comunidades, migraciones y memorias fueron encontrándose hasta formar parte de una historia compartida.

Fue un acto fluido y cálido, donde la solemnidad propia de una fecha patria convivió naturalmente con el color, la alegría, la música y el baile. Las banderas, los trajes y los símbolos presentes fueron mucho más que elementos de una celebración: hablaron de pertenencia.

Hace 55 años, familias bolivianas llegaron a la zona en el contexto de la construcción del Complejo Hidroeléctrico Futaleufú. Aquella gran obra convocó a trabajadores y familias provenientes de distintos lugares y produjo transformaciones que excedieron ampliamente su infraestructura. Algunas de esas personas encontraron aquí un nuevo lugar donde establecerse, trabajar, criar a sus hijos y proyectar su futuro.

La distancia geográfica no necesariamente debilita una cultura. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario: las costumbres, los recuerdos, las músicas y las celebraciones se transforman en maneras de mantener cerca aquello que físicamente está lejos.

Durante el acto aparecieron palabras que permiten comprender ese recorrido: trabajo, esfuerzo, dedicación y progreso. Conceptos que hablan de quienes llegaron buscando oportunidades, pero también de las generaciones que continuaron construyendo su vida en la región.

Y es allí donde aparece una dimensión fundamental: integrarse a un territorio no necesariamente implica abandonar aquello que se trae consigo.

En el escenario participaron Fuego Compañía Artística, el grupo de danzas Pellü Weche, Damaris Sandoval, Marizol Córdova y Aires Chilenos, sumando distintas expresiones a una celebración en la que el arte tuvo un lugar central.

La música y la danza funcionan también como formas de transmitir memoria. Aquello que alguna vez estuvo ligado al lugar de origen adquiere nuevos sentidos cuando comienza a ser compartido con hijos, nietos, vecinos y con toda una comunidad.

Desde esta perspectiva, un acto como el vivido no es solamente una conmemoración histórica. Es también una práctica cultural mediante la cual una comunidad se hace visible, comparte y transmite su identidad.

A 201 años de la Independencia de Bolivia y a más de cinco décadas de la llegada de aquellas primeras familias vinculadas al trabajo en la región, la celebración en Trevelin recordó que las culturas no necesitan permanecer aisladas para conservar su identidad.

Pueden encontrarse, convivir y enriquecerse mutuamente.

Y es justamente en esos encuentros donde la pluriculturalidad deja de ser solamente un concepto para convertirse en una experiencia cotidiana: la de una comunidad que reconoce que su historia también está hecha por quienes un día llegaron y decidieron quedarse.

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