sábado, 1 de agosto de 2026
Raúl B. Díaz – Inspector General de Colonias y Territorios

En la visita de Raúl B. Díaz a Colonia Sarmiento en el año 1902 realiza un detallado relato de su llegada y paso por Comodoro, y del inicio del camino.

[…] Son las dos de la tarde [está en Comodoro Rivadavia]. Un carrito está frente al hotel, cargado con cosas de viaje. Los caballos atados á la vara, tienen más ganas de dormir que de piafar. Un indio de pura sangre, medio domesticado, ocupa el asiento del cochero. Subo, me despido de los curiosos y parto camino al Collhuapi. Lo primero en estos casos, es hacerse simpático al cochero o peón, porque es el guía, cocinero, camarero, médico, defensor en el peligro, casi todo.

Le dirigí, pues, la palabra a Marcelo, que así se llamaba el cochero:

¿Está lejos Collhuapi?

Lejos, señor.

Dicen que a 35 leguas.

Así será, señor.

¿Cuántos caminos van a Collhuapi?

Dos, el viejo y el nuevo abierto por los peones del telégrafo.

¿En qué punto vamos a pasar la noche?

– En Los Menucos.

¿Cuántas leguas dista ese paraje?

Siete u ocho. Quién sabe, señor.

Marcelo hablaba poco y sin ganas. Corté la conversación y al kaleidoscopio.

El carrito rueda por la playa, como por Avenida de Mayo. Las olas vienen empujadas, encrespadas y echando espuma como á darnos la broma de asustar a los caballos o a corrernos. La brisa salina y el magnífico espectáculo del mar causan encanto e invitan a vivir allí enfrentando al pensamiento.

Sale el camino de la playa y se prolonga por cerros y cañadones. Cuesta arriba y cuesta abajo va el carrito, en partes al trote de los caballos, en otras al tranco; aquí se manean las ruedas, allá se hace contrapeso para no volcar. Cerros y cañadones; arbustos raquíticos entre los cuales sobresalen el incienso; manto herbáceo color amarillento; buen pasto en parte de los vallecitos; avestruces, guanacos, zorros, zorrinos, perdices y calandrias que nos observan o se asustan y disparan: todo eso pasa y se renueva con abrumadora monotonía.

El sol va á entrarse y el carrito se detiene a una gran altura al extremo de la cuesta. A la izquierda, se ve un rancho en el plano de una quebrada y, adelante, un cañadón como colgado del cerro: la estancia de Los Menucos y el paradero.

Ya de noche, el carrito llega a la posada. Ni un ser viviente: solo vestigios de otros caminantes. Marcelo desata y acomoda los caballos, les da agua, ata o manea donde el pasto está mejor. Arde el fogón al pie de unas matas ó arbustos espinosos. Y, a su luz, Marcelo prepara la cena y tiende mi cama o sean tres cueros de oveja, en el duro suelo.

El espíritu se abisma en las ideas de inmensidad, soledad y silencio del desierto. Sobreviene una calma nerviosa que brinda la naturaleza cósmica, siempre más bue- na que la pasión humana. Luego, todo lo extingue la “muerte del sueño”. -¿Para qué seguir?-

– R.B.D.

En la mitad de su recorrido, para reforzar el nudo dramático, interrumpe el relato y lo deja a la imaginación del lector. Otro texto completa la información acerca de Sarmiento, a los ojos del inspector Raúl B. Díaz en el año 1902 según de los archivos del ministerio del Interior. La Colonia Pastoril “Sarmiento”, está situada a 35 leguas de Rada Tilly

Treinta y siete casas de zine y adobes, sin comodidad ni belleza, a gran distancia una de la otra; dos pequeños almacenes, una comisaría, 18 familias, de las cuales 11 son galenses; una escuela pública inaugurada el 8 de noviembre último [1901] con 14 niños de asistencia; he aquí lo obrado desde el año 1898, en que empezó a poblarse la colonia. Seis o siete vecinos tienen alguna vaca y algunas ovejas. Los demás, en su mayoría, solteros, están haciendo casas, esperando familias o “poblar”.

Considerada socialmente, la Colonia Sarmiento, no tiene importancia en este momento y puede decirse que la escuela se ha adelantado a su aparición legal, como para contribuir con su fuerza atractiva a la población de aquella comarca; y, por la misma razón debe ser mantenida. La dirige el joven normal, don Olivio P. Acosta.-La inscripción es de 22 alumnos y la asistencia varía entre 12 y 14. 22

En este texto vemos como la escuela se ha adelantado a su aparición legal como foco de atracción de población y centro administrativo del Estado.

Dos años más tarde tenemos un informe de Walter C. Jones como encargado del Consejo en la colonia, que eleva en una nota al Pte. CNE Dr Ponciano Vivanco, con fecha de junio de 1904. El Informe es del fin de período escolar (1903-1904) de la escuela infantil mixta rural de Colonia Sarmiento, al segundo año de funcionamiento de la escuela. 23 En Sarmiento ya existe un vigilante, y un guardahilo del telégrafo.

La directora de la escuela era Flora S. de Suárez Orozco. Se inscribieron 32 varones y 34 niñas, pero 32 debieron quedar exceptuados por la distancia. La excepción está relacionada con las multas o sanciones a los padres que no cumplen con la ley de enviar a sus niños a la escuela. Solo había un primer grado dividido en dos secciones A (atrasada) y B (adelantada). El horario de clases era de 12 a 16 hs. Luego hace una breve reseña de la colonia. Relata que la actividad principal era la cría de ganado vacuno, caballar y en su mayoría la cría de ovejas.

La planta urbana del pueblo de esta colonia recién se está formando, solo existe la oficina de telégrafo y comisaría, instalada cada una en una piecita de dos piezas, cuatro casitas análogas á las anteriores, ocupadas por un vigilante, guardahilo del telégrafo y las otras dos despachos de bebidas en muy pequeña escala.

Todos los habitantes del pueblo son hombres solos y existe una sola familia que tiene dos niños en edad escolar, los cuales pueden recibir los beneficios de la educación por encontrarse a unas treinta cuadras de la escuela rural.

Las chacras existen doce pobladas, por los mismos pobladores que residen en sus lotes pastoriles.

Como la población se extiende a lo largo del río Senger, resulta que los alumnos exceptuados cuyo total son treinta y dos, quedan a la parte sudoeste una distancia de seis leguas.

La población se compone de galenses, italianos, franceses, rusos y argentinos. Los alumnos que concurren á clase son treinta (argentinos) hijos de galenses y cuatro hijos de argentinos.

Jones realizó nueve visitas durante el período escolar y hace observaciones acerca de la buena disciplina e interés de los alumnos. Hace notar […] que los treinta alumnos hijos de galenses no poseen el castellano y sin embargo todo lo aprendido durante el curso escolar se expresaron con corrección. […].

Manifiesta que los padres se encuentran muy conformes y agradecen a la directora. Las clases se cerraron con la fiesta alusiva al 25 de Mayo cuyo programa desarrolla en detalle. En 1910 La Inspección General de Territorios solicitó la creación de nuevas escuelas en Chubut entre las que se mencionan Colonia Sarmiento (Ensanche) y Saihueque.

 

Texto de “La educación en el Chubut 1810-1916” – Sergio E. Caviglia. Biblioteca Sarmiento, Puerto Madryn

 

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