
Faltaba media hora para el cruce de octavos de final entre Argentina y Egipto y el DJ argentino Marcelo Ziliotto (49) se expuso al gran experimento de su carrera. Preparó en su consola La cumbia de los trapos, un hit histórico del género más popular de su país, y le dio play. Estaba en Daca, la capital de Bangladesh, a 17.000 kilómetros de casa. Del otro lado de la cabina, 10.000 estudiantes universitarios locales esperaban ansiosos por el comienzo del partido.
Una canción después el público coreó “Messi, Messi, Messi”, a modo de aceptación. A las horas, y ya con el triunfo de Argentina consumado, a Ziliotto le pidieron fotos y algún que otro autógrafo. No por sus sets o su playlist. Querían posar con él por el simple hecho de ser argentino. “Muchos de los pibes hasta me decían de hacer videollamadas con sus papás. Ellos les transmitieron la pasión por la selección argentina. Y no solo tienen de ídolos a Maradona o Messi: te nombran a jugadores como Batistuta, Ortega, Verón, Crespo”, explica Ziliotto por teléfono, a horas de otra tarde de cumbia, en la previa de la final con España.
El fanatismo de los bangladesíes por Argentina nació en el Mundial de México 1986, pero recién se conoció masivamente gracias a los videos del Mundial de Qatar 2022: allí se mostraban caravanas de miles de hinchas en sus motos, festejando los triunfos del equipo de Lionel Scaloni por las calles de Daca. En esos mismos paisajes, además, aparecían banderas celestes y blancas en balcones y terrazas. Y había camisetas en cada esquina. Ziliotto, que por estos días sigue recibiendo pedidos de fotos, dice que ve más ropa de la selección en las calles de Daca que en Buenos Aires.

Ziliotto se había enterado de la pasión por Argentina antes de ser DJ. Para comienzos de la década del 2000, vivía en el barrio El Raval de Barcelona y jugaba al fútbol en el ascenso de Cataluña. Cada vez que pasaba por el almacén de la cuadra, o por la verdulería, los trabajadores bangladesíes que lo atendían le hablaban de las distintas selecciones argentinas. La sorpresa pasó a ser algo común. Por eso, desde su piso de Barcelona, y luego del triunfo de Argentina en el debut del Mundial, pensó en organizar un show de cumbia en Daca, la urbe de 37 millones de habitantes.
“Quería mostrarles una parte de la cultura argentina; la música que escuchan los hinchas argentinos y que cantan en los estadios”, recuerda. En cuestión de horas, hizo un estudio de mercado por internet y se contactó con las autoridades de la Universidad Internacional Daffodil. Sabía que en el campus universitario del predio las convocatorias para los partidos de la Albiceleste podían reunir a más de 5.000 estudiantes. En su primera presentación apostó a las cumbias que escuchan los futbolistas de la selección, y a las que los hinchas les cambian las letras para cantar en las tribunas.
Fuente: El País

