domingo, 19 de julio de 2026
Escudo de la Republica de Bolivia

“El comercio y el común interés de los individuos han creado lazos entre Europa y América, lazos que ningún gobierno ni tampoco acaso ningún poder que el hombre posea puede ahora disolver. Y mientras esos lazos existan, Europa tendrá el derecho y ciertamente no carecerá de los medios ni de la voluntad de intervenir en la política de América.”

De Lord Ponsonby a Dorrego. 8-VIII-1828.

En la batalla de Ayacucho, librada en el camino de Lima al Cuzco, diciembre de 1824, concluyó la dominación española en América. La gloria de este triunfo correspondió al general venezolano Antonio José de Sucre, lugarteniente de Bolívar. Un júbilo intenso se vivió en Buenos Aires al conocerse la noticia. Celebraciones populares y banquetes oficiales festejaron la desaparición del último ejército español. Poco después se rendían los militares realistas acantonados en el altiplano y quedaban liberadas las cuatro provincias altoperuanas¹.

Nace la República de Bolivia

Corolario de esta batalla fue la reunión de un congreso, convocado por Sucre, que declaró la independencia del Alto Perú, tanto de las Provincias del Río de la Plata, de las cuales había dependido durante el Virreinato (1776 a 1810), como del Perú, cuyo ejército lo había liberado luego de los esfuerzos infructuosos realizados desde Buenos Aires. Bolivia era el nombre adoptado por la nueva república en homenaje al Libertador, y Sucre el de la capital, la antigua Chuquisaca.

Pero Bolívar no estuvo completamente de acuerdo. Temía una reacción de Buenos Aires si se desconocían sus derechos históricos a ese territorio. Sucre le explicó que se advertía “una horrible agresión a esos vínculos” y que sólo un fuerte ejército podía revertir la situación. Sin embargo, en Buenos Aires no había intención de presentar obstáculos ni de buscar una nueva guerra. El Congreso de las Provincias Unidas afirmó que los altoperuanos tenían derecho a disponer libremente de su suerte según conviniera a sus intereses.

En el mismo sentido se pronunció el gobernador de Salta, general Arenales, el más interesado en que el Alto Perú no cayera en la anarquía. La decisión, sin duda atinada porque la separación era un hecho desde la derrota de Huaqui (1811), es considerada por la historiografía nacionalista como fruto de una “ideología liberticida”, fundada en el temor de que, si los diputados altoperuanos se incorporaban al Congreso, los federales serían mayoría en esa asamblea.

 

Texto de: “La Argentina – Historia del país y de su gente” María Sáenz Quesada

 

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