
Para esa época, estos importantes caciques ya se encontraban instalados con su gente al sur del Limay, en tierras sobre las que podían alegar derechos por vía materna. Inacayal se ubicaba en Teke Malal, inmediatamente al sur de la salida del Limay del gran lago Nahuel Huapí; en tanto que los toldos de Foyel se encontraban un poco más al sur, cerca de las nacientes del río Chubut y del río y paraje El Foyel (Río Negro). Ambos caciques se habían distanciado de Sayhueque, quien había reemplazado a los padres de éstos -Paillacán y Huincahual- como cacique principal de las Manzanas. Según Foyel, el “Señor de las Manzanas”, además de retener para sí las raciones que le entregaba el Gobierno argentino sin compartirlas con sus subordinados, controlaba desde su estratégica posición los pasos y el comercio con los valdivianos, sometiendo a las caravanas comerciales provenientes de ambos lados a un estricto control, que conllevaba el cobro de ciertos derechos de paso o peaje, cuando no lisa y llanamente el impedimento de continuar con sus cargas. Esta interposición perjudicaba los intereses de caciques como Foyel, quien estaba “a favor de un comercio amistoso tanto con los valdivianos de lado occidental como los argentinos en las costas orientales […]”. Este en una síntesis de lo que podríamos denominar como la política de paz y comercio esgrimida por los caciques patagónicos- le habría expuesto a Musters:
“Dios nos ha dado estos llanos y colinas para vivir en ellas; nos ha dado el guanaco, para que con su piel formemos nuestros toldos, y para que con la del cachorro hagamos mantas con que vestirnos; nos ha dado también el avestruz y el armadillo para que nos alimentemos. Nuestro contacto con los cristianos en los últimos años nos ha aficionado a la yerba, al azúcar, a la galleta, a la harina y a otras regalías que antes no conocíamos, pero que nos han sido ya casi necesarias. Si hacemos la guerra a los [criollos] españoles, no tendremos mercado para nuestras pieles, ponchos, plumas, etc.; de modo que en nuestro propio interés está mantener con ellos buenas relaciones, aparte de que aquí hay lugar de sobra para todos”.
El hecho de que Foyel percibiera como una “necesidad” a productos que sólo podían obtener del comercio con los hispanocriollos está señalando el momento en que se está dando la transición hacia la “irreversibilidad” del contacto interétnico, a la que alude Cardoso de Oliveira al enunciar la noción de fricción interétnica. Dicha irreversibilidad parece darse a partir del momento en que “los bienes extranjeros pasan a ser indispensables, creando una dependencia definitiva del indio hacia la sociedad nacional”, a la cual terminan atados.
Ya en las Manzanas, dejando de lado las tensiones, producto de estas viejas disputas entre los grupos de Foyel e Inacayal y los que respondían a Sayhueque, las diferentes fracciones de manzaneros, pampas y tehuelches, mantuvieron un fructífero intercambio comercial y celebraron un primer parlamento en el que acordaron estrechar la paz. Por otro posterior resolvieron rechazar los convites de Calfucurá para unirse en un gran malón que saquease las poblaciones Bahía Blanca y Patagones. En este último cónclave, Casimiro y Mariano Linares, el que se había llegado desde Patagones para participar, le expusieron a Sahyueque que no les convendría intervenir ya que, de hacerlo, “… perdería inevitablemente las valiosas provisiones de caballos y de vacas que le daba el gobierno bonaerense y que era más provechoso recibir las raciones anuales que saquear y desbaratar las colonias del Río Negro. Al fin se resolvió unánimemente que se enviara un mensaje a Calfucurá pidiéndole que limitara sus hostilidades a Bahía Blanca y haciéndole saber que Cheoeque protegería la orilla norte del río Negro y cuidaría a Patagones por ese lado, mientras que Casimiro garantizaría el sur, arreglo al que se adhirieron debidamente ambas partes”.
Dejaban en claro así que el área de influencia de la dinastía de los “Curá” [Piedra] se limitaba a la región pampeana, en tanto que Patagones había estado desde su fundación, y aún continuaba estando, bajo la territorialidad de los caciques patagónicos.
Después de la exitosa reunión, pampas y tehuelches continuaron su viaje hacía El Carmen. El 9 de mayo de 1870 arribaron a Maquinchao, lugar de reencuentro prefijado con Chiquichan luego de su viaje al Chubut. Desde allí varios grupos indígenas, encabezados por sus respectivos caciques se dirigieron a Patagones para cobrar sus raciones. La extraordinaria afluencia y el hecho de que algunos de ellos no estuviesen comprendidos en la relación de los contratos existentes, remitida por la Comisaría General de Guerra, provocaron que el Comandante se tuviese que exceder en el monto de los gastos efectuados para atenderlos con respecto a los que habían sido autorizados.
Previamente el 14 de abril, un segundo grupo de indígenas se había separado del convoy principal para establecer contacto con la Colonia Galesa. Esta nueva partida, integrada por el cacique “Inglés” y la viuda de Crimé, llevaba consigo una carta del recientemente electo Casimiro destinada a estrechar vínculos con los colonos del Chubut. El objetivo del viaje seguramente incluía poder comercializar su producción de quillangos y plumas de avestruz, bienes a los que seguramente agregarían los artículos adquiridos en las Manzanas, actuando como intermediarios en una triangulación comercial entre los indígenas del Neuquén y los colonos del Chubut. Estos, a su vez, también destinarían parte de los ponchos que los tehuelches les trajeron desde las Manzanas para la exportación.
Cuatro años después de la carta de Antonio al jefe de la Colonia, es posible identificar en los propósitos de las dos partidas que se separaron de la caravana principal Chiquichan y el Zurdo primero, y el cacique “Inglés” y la viuda de Crimé después claros indicios de la influencia que comenzaba a ejercer sobre sus tradicionales circuitos de desplazamiento, la presencia del establecimiento del Chupat-Camwy.
Fragmentos del libro “Chupat-Camwy Patagonia” – Marcelo Gavirati
