sábado, 24 de enero de 2026
Cacique Sayhueque, “el señor de las manzanas”

Si bien el eje Chingoleo-Sayhueque había mantenido el statu quo en la Patagonia Septentrional, la muerte del primero pareció haber abierto paso nuevamente a las disensiones y los enfrentamientos entre diversos caciques. En abril de 1867 un grupo de casi un centenar y medio de indios tehuelches se tuvo que refugiar en Puerto Deseado para huir de la persecución de que eran objeto por parte del “terrible” Sayhueque. En enero de ese año Antonio había sido herido y en julio vengaba la muerte de su hijo, a manos del cacique Negro, con la muerte de este último, que era hijo de Chagallo.

Un par de meses después moría en Buenos Aires, Francisco Hascao, el cacique Frances que había ido a la gran ciudad a solicitar el cumplimiento y renovación del Tratado Chegüelcho, por el que se había comprometido a tener bajo su mando a caciques tanto pampas como tehuelches, visibilizando de esta forma una suerte de confederación pampino-patagónica que se venía gestando entre estos grupos desde hacía tiempo. Las muertes, producidas en el transcurso de pocos meses, de Chingoleo, que primaba sobre los pampas del norte de la Patagonia, y de Francisco, que aunaba a pampas y tehuelches de la Patagonia Central, había provocado un inmenso vacío de poder al sur del Limay-Negro, que reclamaba ser llenado. Linares, ungido en su cargo por Murga, era prácticamente un funcionario criollo, por lo que no entraba en el juego. Tampoco Sayhueque que, si bien poseía linaje pampa por el lado materno, era un manzanero del triángulo del Neuquén -a los que Cox llamara pehuenches y Musters araucanos o manzaneros- lo que en labios de Antonio daría chileno, por lo que los caciques pampas y tehuelches no le reconocerían territorialidad aquende el Limay.

Dentro de la virtual “confederación” entre pampas y tehuelches, que había sabido ser comandada a principios del siglo XIX por el abuelo del cacique pampa Chiquichan, parecía consolidarse en la segunda mitad del mismo la preeminencia de los grupos meridionales sobre los septentrionales. Dicho predominio reconocía sus razones de ser en varias circunstancias. En primer lugar, los meridionales podían imponer su número al de los diezmados pampas. Si bien ambos grupos habían sufrido el flagelo de las enfermedades (peste, sarampión, etc.) y el ataque de indígenas de allende el Limay y la Cordillera, los pampas habían estado mucho más expuestos a la confrontación con estos y con otros grupos, por su antigua territorialidad sobre el sur de Buenos Aires -la que habría alcanzado hasta las sierras de Ventana y Tandil – y sobre el área norpatagónica -ríos Colorado y Negro, circundando a Patagones.

Pero no cualquier meridional se podía erguir con el mando supremo. El rol principal jugado en el Tratado Chegüelcho por Frances (Francisco Hascao), de raigambre tehuelche con territorialidad al sur de Chubut y norte de Santa Cruz, seguramente se apoyaba también en sus lazos de parentesco, o alianzas dinásticas, con jefes pampas como Antonio, tehuelches tan australes como Casimiro, y el cacique pehuenche del Neuquén Paillacán, del que era esposa principal su hija Pascuala.

Los lazos de parentesco y dinásticos también jugarían un papel fundamental en la elección de Casimiro como nuevo Cacique General de la Patagonia, producida en un cónclave celebrado durante el transcurso del célebre viaje realizado por la comitiva que esta encabezara junto con Orqueque entre 1869 y 1870, de la que formara parte Musters. Según éste, la comitiva estaba compuesta por los principales jefes “meridionales” (tehuelches) que integraban la partida original, a la que luego se unieron los “tehuelches del norte” (pampas), encabezados por Hinchel, por lo cual “Casimiro estaba muy contento, porque muchos de los indígenas del norte eran parientes suyos, y se le iba a investir con el mando supremo […]”. Esta elección fue ratificada pocos días después, ya con la presencia de los pampas de Chiquichan, en un parlamento en el que “todos consintieron en ponerse a las órdenes de Casimiro con el objeto de defender Patagones en el caso posible de una invasión de los indios de Roque [Reuquecurá] o Calfucurá, de la región situada al norte de Río Negro”.

El viajero inglés le otorga un lugar importante a la política desplegada por el cacique del Estrecho, al que en cierta forma compara con Yanquetruz, ya que después del sombrío panorama que había sobrevenido a la muerte de este poderoso cacique -a la que se agregarían las de Chingoleo y Frances- había logrado restablecer nuevamente la paz gracias a su accionar sigiloso y a su diplomacia, la que “lograba conciliar a todas las partes, y el resultado de ella se veía en los arreglos amistosos hechos en el parlamento y realizados después con buen éxito”. Efectivamente, munido del mando supremo, Casimiro continuó hacia Las Manzanas, con un doble objetivo: efectuar un variado intercambio comercial y tratar con Sayhueque las cuestiones de índole política. Entre éstas se destacaba el propósito de proteger a Patagones, sitio que revestía una doble importancia para los caciques patagónicos, ya que era el lugar donde se comerciaba y se percibían las raciones acordadas con el gobierno.

Por un lado, la comitiva sufrió la deserción de Chiquichan y el Zurdo, los que decidieron no continuar hasta las Manzanas ya que mantenían una disputa con la gente de allí y querían evitar la lucha, prefiriendo en cambio dirigirse al Chubut para tomar contacto con la Colonia galense. Por el otro, se vio acrecentada con la gente de Foyel y Quintuhual, los que luego de un nuevo parlamento ratificatorio de Casimiro como cacique general al sur del río Limay, aceptaron marchar bajo su pendón hasta las Manzanas.

 

Fragmentos del libro  “Chupat-Camwy Patagonia” – Marcelo Gavirati

 

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