
El teniente de navío Jorge Uriberri era el jefe de la Compañía No 9 de Infantería de Marina, y el teniente de fragata Miguel Pita -quien llegaría a intervenir en la recuperación de las islas Malvinas 22 años más tarde- era el segundo jefe. Ambos comandaban a un grupo de selectos integrantes de la Fuerza que, en aquellos años, tras la Revolución Libertadora, cuidaban la seguridad de la residencia presidencial de Olivos. Pita recordó que, a fines de julio de ese año, lo llamaron desde el puesto de vigilancia de la calle Villate y le dijeron que el oficial Horacio Zaratiegui deseaba verlo. “Que pase”, respondió Pita. Poco más tarde, apareció Zaratiegui con varios libros y, en el momento de entregárselos, le comentó: “Dice el capitán de corbeta [Emilio] Massera que lea todo esto, porque vas a la Escuela de Inteligencia, y que no se te ocurra decir que no”.
Como era previsible, Pita dejó su destino en Olivos y fue a la Escuela de Inteligencia Naval. Pasaron varios meses y, tras los exámenes, el viernes 18 de agosto de 1961 fue a visitar a sus viejos camaradas de la residencia presidencial. A poco de llegar, cerca de chalet presidencial se encontró con “el Colorado” Uriberri, quien un tanto nervioso, le preguntó: -Quién te mandó acá? -_Nadie, vine de visita, atinó a responder Pita. -Bueno, quedate acá y vas a ver lo que pasa. Unos minutos más tarde, escuchó que a Uriberri le decían “Rojo” por radio. Era la clave que indicaba que “el visitante” estaba entrando en el área presidencial y, poco después, vio a Ernesto “Che” Guevara pasando frente a sus ojos, acompañado de dos oficiales navales de rostro adusto que lo custodiaban. Lo cuidaron durante su corta estadía en la Argentina. Había temor de que pudiera sufrir un atentado. Según el embajador Albino Gómez, diplomático y asesor de Frondizi, varios oficiales de la Fuerza Aérea soñaron con asesinarlo contando con el visto bueno del brigadier Jorge Rojas Silveyra, secretario del Arma.
Luego de la entrevista Frondizi-Guevara, como no podía ser de otra manera, muchos decían contar con algunos detalles de la conversación. En mi caso, me he basado en lo que escribió Albino Gómez, porque él fue el encargado de redactar una minuta del encuentro dictada por el presidente.
Primero debería decirse que entre los dos había veinte años de diferencia. Frondizi era de 1908 y Guevara de 1928. Luego existía una enorme distancia intelectual; Frondizi era uno de los políticos más leídos de ese momento. Hasta se dio el lujo de preguntarle al Che si había leído mucho sobre comunismo y teoría marxista, y éste tuvo que reconocer que no. No mintió.
Guevara se explayó sobre algunas cuestiones que, con el tiempo, se demuestra que no resultaron verdaderas. En especial, cuando dijo que Cuba quería permanecer en el sistema interamericano y que estaba dispuesta a entenderse con los EE.UU. y “construir un Estado socialista con autonomía absoluta de la Unión Soviética”, acuerdo que Castro había firmado dos semanas antes del encuentro tira por la borda todo tipo de “autonomía”. Y, como hemos visto, la discusión del KGB con la Inteligencia checoslovaca acerca de qué servicio debía centralizar y coordinar la información generada en Cuba no era compatible con la “autonomía” que reclamaba Guevara. Reconoció que “el reparto de tierra había fracasado” y se olvidó de decir que él, al frente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), constituía el principal responsable.
De todas maneras, lo que sostuvo hasta ahí no es grave desde la mirada argentina. Lo más grave y delicado fue cuando estimó, frente al presidente de la República, que “la forma de llegar al socialismo [según él| … entendía que no había otro camino para los países chicos y pobres que el de la violencia’. En esa oportunidad no le conto lo que les decía a los argentinos que lo visitaban. Tampoco le dijo que en esos momentos el régimen castrista estaba inaugurando el centro de entrenamiento de guerrilleros de Punto Cero y atacó en Orán, Salta, entre 1963 y 1964, bajo las órdenes de Masetti oficiales cubanos de la intimidad de Guevara habría combatido contra el gobierno constitucional de Frondizi, cuyo período presidencial finalizaba en 1964. Eso no sucedió porque Frondizi fue depuesto en marzo de 1962, entre otras cosas, porque muchos altos mandos de las fuerzas armadas no concebían cómo “un atorrante” como Guevara había llegado a hablar con el presidente, según las palabras del teniente general Juan Bautista Picca, jefe de Estado Mayor General del Ejército. El matutino La Prensa llego a decir que la prensa llegó a decir que Frondizi “mantenía reuniones esotéricas con líderes del comunismo internacional”.
Fragmento del libro “Fue Cuba”, de Juan Bautista Yofre
