sábado, 17 de enero de 2026

El Parque Industrial de Trelew (PIT) fue creado por decreto provincial 705 el 14 de abril de 1971 por el gobierno militar, y se lo localizó sobre 305 hectáreas pastoriles ubicadas sobre la meseta intermedia, junto al casco urbano de Trelew. Tenía el objeto de ofrecer a las empresas un espacio adecuado para su instalación, brindándoles una infraestructura de servicios concentrados, eficientes y de bajo costo.

La superficie fue organizada en bloques o macizos (especie de súper manzanas) separados por amplias calles de tránsito vehicular y divididas en lotes de superficies generosas, de modo que posibilitaran factores de ocupación bajos con mucha superficie libre, con forestación y parques.

Se instaló una reserva de agua abastecida desde planta potabilizadora, con red de distribución cubriendo todo el predio, y posteriormente se agregó el suministro alternativo de agua cruda, sin tratar, para ciertos usos industriales.

Los efluentes industriales se recogían mediante una red colectora que los conducía a una planta de tratamiento, y luego a lagunas de estabilización para su disposición final.

La red de alimentación eléctrica era de media tensión (13,2 Kv), y tenía una subestación de rebaje en la derivación a cada planta. El gas provenía de una derivación del gasoducto, con una estación propia de reducción de presión. CORFO administró y gerenció los servicios hasta 1990, momento en que los transfirió a un consorcio formado por las empresas y la Municipalidad de Trelew. El consorcio (y anteriormente CORFO), actuó como comprador mayorista y facturó los insumos a las empresas agregando a ese precio el costo operativo de la distribución.

Las empresas, además, por aplicación de los decretos nacionales 2.332 y 2.333/83, estaban eximidas del pago del IVA, y en el orden provincial (decretos 839 y 1.066/83) y municipal estaban también exentas del impuesto a los Ingresos Brutos, Inmobiliario y de Sellos, siendo también beneficiadas con tarifas promocionales para la energía eléctrica.

Así se llegó a la materialización del Parque Industrial de Trelew, que desde comienzos de los 70′ y hasta mediados de los 80′ fue el más moderno centro textil sintético del país, con instalaciones y maquinaria de punta, que llegó a generar más de 6.000 puestos directos de trabajo.

El efecto multiplicador fue descomunal, y desencadenó una corriente migratoria de origen extraprovincial para los puestos más calificados, y otra proveniente del interior de la provincia -la población rural excedente- que se incorporó a la construcción y otras actividades poco calificadas.

“Cuando a partir de 1986 se frenaron y luego se eliminaron las políticas promocionales, para desembocar en la apertura económica irrestricta, el aluvión de mercancías importadas barrió del mercado a la mayor parte de las empresas instaladas, provocando una profunda conmoción y desajuste en la economía de la ciudad: varias fábricas cerraron, otras languidecen, y los puestos de trabajo industrial no superan hoy las 1.500 plazas, resintiéndose por falta de demanda solvente el comercio y otras actividades económicas”.

Encuestas recientes muestran que, con esta abrupta desindustrialización, la precaria economía local pasó a depender en muy alto grado de los recursos que el Estado (nacional, provincial y municipal) inyectó bajo la forma de salarios y pagos a proveedores.

Como conclusión, cabría decir que la modernización económica del VIRCh y su centro urbano hegemónico consistieron:

  1. a) En la pérdida de sus actividades productivas primarias y la consiguiente dependencia externa para el abastecimiento de alimentos que antes se producían localmente.
  2. b) La urbanización casi absoluta de la población y un explosivo crecimiento urbano por inmigración, con una sobreexpansión de las actividades de servicios no creadoras de recursos.
  3. c) Una especialización industrial absolutamente dependiente de la política estatal de incentivos fiscales compensatorios de las desventajas de localización que, razonablemente, no cabía suponer perduraran por siempre. Esta industria, con tan frágil base, fue la principal creadora de empleo directo e indirecto y la que inyectó, vía salarios e insumos, recursos y demanda solvente en la economía local.
  4. d) Un sector estatal que, impulsando el crecimiento con políticas promocionales, y acompañándolo mediante planes de obras públicas y la ampliación de las estructuras burocráticas y de las plantas de los servicios de educación, salud y seguridad, se constituyó en el otro gran inyector de recursos y demanda solvente en el sistema; pero, además, en su soporte único y garante exclusivo, por cuanto todo el modelo descansaba para su supervivencia, en la solvencia financiera del Estado y en su decisión política de mantener las reglas de juego.

La confianza absoluta en la perdurabilidad del parque textil (de empresas foráneas) y del Estado (especialmente el Nacional) como generadores de recursos y demanda, indujo a los empresarios locales a ubicarse periféricamente, en la actividad comercial y los servicios, desechando la inversión productiva en bienes transables para el mercado. Con ello renunciaban a protagonizar un proceso de desarrollo sustentable autogenerado, basado en la iniciativa local y la puesta en valor de los recursos existentes y las capacidades humanas disponibles.

La industria, como consecuencia de nuevas medidas promocionales en función de políticas activas de desarrollo, dio un gran saldo a partir de 1970, y en 1980 ocupaba en Chubut el primer puesto como creadora de empleo (14% de la población económicamente activa), generando 3500 puestos nuevos de trabajo entre 1975-1985.

La industria textil representaba en 1984 cerca del 50% del valor agregado industrial provincial (tejido de fibras sintéticas, hilado textil y fibras artificiales y sintéticas). Con centro en Trelew su peso era significativo a nivel de empleo industrial y global, y tenía relevancia nacional. En 1992, en el Parque Industrial de Trelew existían 79 plantas industriales de diversos rubros, de las cuales 34 eran textiles.

Fragmento del libro “Trelew y su hinterland 1889-1999”, de Horacio Ibarra y Carlos Hernández

 

Compartir.

Los comentarios están cerrados