martes, 10 de marzo de 2026

Ha predominado un concepto: hay que tener poder propio -partido, vínculos con la justicia, etc.- para asegurar la consolidación de un proyecto a largo plazo. Más aún si éste pretende transformar la Argentina de pies a cabeza.

Por suerte está esta columna que no me deja mentir. Hace 11 meses atrás, en la nota “Liberación o Dependencia” dijimos que el triángulo de hierro había dejado de existir, y que lo realmente contaba era una vara con dos polos. La definición de la nueva cúpula del ministerio de justicia da cuenta de eso una vez más. Karina no solo ganó espacios de poder (al enemigo, ni tomas de televisión), sino sobre todo ha predominado un concepto: hay que tener poder propio -partido, vínculos con la justicia, etc.- para asegurar la consolidación de un proyecto a largo plazo. Más aún si éste pretende transformar la Argentina de pies a cabeza.

El kirchnerismo siempre supo eso -por su prosapia peronista- y tiene grabada en piedra la consigna “no está muerto quien pelea”. Porque una cosa es ganar una elección sin estructura, sin Estado, sin territoriales, con redes, y otra muy distinta es gobernar y ordenar un país con 45 millones, el octavo territorio del planeta. Hace falta tener un ejército, soldados con aspiraciones para dar “la vida por Milei” (y por sí mismos).

Esto lleva a otro debate sobre unas declaraciones de Macri que tuvieron poca repercusión (ya que él mismo lo embarró diciendo que hoy un pobre vive mejor que un rey de hace 100 años): le advirtió al Javo que formar un partido cuesta mucho esfuerzo, y que “es mejor concentrarse en diseñar un buen gobierno y en tomar buenas medidas … hoy la gente rechaza la política, de 10 tipos, 6 son locos, 3 son chorros, y uno es lógico, y el lógico entonces se raja a su casa… Pero sin política no se puede construir una mejor sociedad, es una paradoja que se debe resolver”. Uno podría preguntarse entonces qué es el PRO hoy. Lo cierto es que el líder amarillo le baja el precio a la construcción política, pero al mismo tiempo la ve necesaria. Meta mensaje: si no te va bien en la gestión, el partido es relativo. Discutible: no son metas excluyentes.

El discurso / show en la apertura de sesiones desató otro debate en las redes que involucran al ex Emir de Cumelén. Para la grey libertaria, los buenos modos de Macri no sirvieron para gobernar y fue tibio, entre otros epítetos. En esa línea justifican la fuerte confrontación de Milei, porque si no, no se puede domar al kirchnerismo. Es un buen argumento para la tribuna, pero la realidad siempre es más compleja.

El kirchnerismo siempre supo eso -por su prosapia peronista- y tiene grabada en piedra la consigna “no está muerto quien pelea”. Porque una cosa es ganar una elección sin estructura, sin Estado, sin territoriales, con redes, y otra muy distinta es gobernar y ordenar un país con 45 millones, el octavo territorio del planeta. Hace falta tener un ejército, soldados con aspiraciones para dar “la vida por Milei” (y por sí mismos).

Esto lleva a otro debate sobre unas declaraciones de Macri que tuvieron poca repercusión (ya que él mismo lo embarró diciendo que hoy un pobre vive mejor que un rey de hace 100 años): le advirtió al Javo que formar un partido cuesta mucho esfuerzo, y que “es mejor concentrarse en diseñar un buen gobierno y en tomar buenas medidas … hoy la gente rechaza la política, de 10 tipos, 6 son locos, 3 son chorros, y uno es lógico, y el lógico entonces se raja a su casa… Pero sin política no se puede construir una mejor sociedad, es una paradoja que se debe resolver”. Uno podría preguntarse entonces qué es el PRO hoy. Lo cierto es que el líder amarillo le baja el precio a la construcción política, pero al mismo tiempo la ve necesaria. Meta mensaje: si no te va bien en la gestión, el partido es relativo. Discutible: no son metas excluyentes.

El discurso / show en la apertura de sesiones desató otro debate en las redes que involucran al ex Emir de Cumelén. Para la grey libertaria, los buenos modos de Macri no sirvieron para gobernar y fue tibio, entre otros epítetos. En esa línea justifican la fuerte confrontación de Milei, porque si no, no se puede domar al kirchnerismo. Es un buen argumento para la tribuna, pero la realidad siempre es más compleja.

 

Por Carlos Fara, consultor político, para Los Andes

Compartir.

Los comentarios están cerrados