
Así como Ecuador tiene en Vilcabamba su “valle de la longevidad”, una ciudad en la que muchas personas viven más de 100 años, su selección de fútbol guarda su mejor secreto en Esmeraldas, una de las provincias más pequeñas y postergadas del país, producto de un naufragio y reconvertida en su mayor fábrica de futbolistas.
El triunfo 2-1 ante Alemania de este jueves, el más trascendente en la historia de Ecuador, es hijo de su mejor generación de futbolistas —William Pacho, campeón de la Champions League con el París Saint Germain; Moisés Caicedo, ganador del Mundial de Clubes con el Chelsea; y Piero Hincapié, rey de la Premier League con el Arsenal—. Pero también de Esmeraldas, una comarca que apenas alberga el 3% de la población ecuatoriana y sin embargo alimenta a casi el 40% de la selección que participa en el Mundial 2026. Con 600.000 habitantes sobre un total de 18 millones de ecuatorianos, en sus ciudades y pueblos —San Mateo de las Esmeraldas, Quinindé, San Lorenzo, Eloy Alfaro— nacieron 10 de los 26 jugadores que ya aseguraron su pase a los 16os de final de la Copa del Mundo.
Ausente en los Mundiales durante todo el siglo XX, Ecuador se convirtió en un habitual participante a partir de 2002. Desde entonces, asistió a cinco Copas del Mundo y faltó solo a dos. En sus últimas cuatro actuaciones, en 2006, 2014, 2022 y 2006, Esmeralda fue la provincia que aportó más jugadores, según reconstruyó el sitio local Primicias: ocho en Corea del Sur-Japón 2002, nueve en Brasil 2014 y diez en Qatar 2022 y en la actualidad.
Recostada sobre el noroeste del país, a orillas del Pacífico y en el límite con Colombia, Esmeraldas es la octava provincia más poblada del país, pero su principal cuna de deportistas, no solo futbolistas, también basquetbolistas y atletas. El biotipo del futbolista ecuatoriano —alto, musculoso, fibroso, veloz, ágil, de piel negra— está mucho más circunscrito a los afrodescendientes de Esmeraldas que al resto de la población.

Sin equipos en Primera División —un privilegio reservado principalmente a los clubes de Guayaquil y Quito—, Esmeralda aporta 10 jugadores a la selección que participa en el Mundial 2026. Cuatro fueron titulares en el histórico 2-1 ante Alemania, entre ellos dos de los defensores más destacados de la última temporada europea: Hincapié y Pacho. También jugaron desde el arranque Nilson Angulo (extremo del Sunderland, autor del primer gol) y Enner Valencia (delantero de Pachuca). Luego ingresaron Pervis Estupiñán (Milan) y Félix Torres (Inter, de Brasil). Completan la lista del orgullo local Jackson Poroso, Yaimar Medina, Alan Minda y Denil Castillo.
La provincia más poblada, Guayas —cuya capital es Guayaquil, la ciudad industrial y costera con más habitantes—, le sigue en el plantel de Beccacece con seis jugadores, entre ellos Gonzalo Plata, el delantero del Flamengo que anotó el segundo gol ante Alemania. En cambio Pichincha, que alberga a la capital del país —Quito—, no tiene representantes en este 2026. Moisés Caicedo, figura del Chelsea, es uno de los únicos tres jugadores nacidos en las sierras que pertenecen a la cordillera de los Andes.
El fenómeno no se reduce a la selección. En la liga de Ecuador de 2019, por ejemplo, participaron 119 jugadores de Esmeraldas, 92 de Guayas y 35 de Pichincha.
La principal fuente de futbolistas ecuatorianos es una región pobre y de baja calidad de vida que sufre por los índices de desarrollo humano más bajos del país. En ese contexto se agrupa una mayoría de afrodescendientes, una característica muy poco habitual en el resto del país: el 50% de los esmeraldeños son hijos, nietos y bisnietos de zambos y mulatos que se identifican como afroecuatorianos, una proporción muy superior al 7% que alcanza el promedio nacional.
Mientras la historia demográfica del resto de Ecuador reúne una mezcla de pueblos originarios y europeos que dieron nacimiento a una mayoría mestiza, Esmeralda recibió africanos a partir de un naufragio en el siglo XVI: un barco que transportaba personas esclavizadas desde Panamá se accidentó frente a sus costas. Muchos sobrevivientes se refugiaron en la selva, donde establecieron comunidades y se unieron a pueblos indígenas en una región de muy difícil acceso y control para los colonizadores españoles. En ese aislamiento geográfico nacería el secreto del fútbol ecuatoriano.
Fuente: El País
