Félix Sánchez, el seleccionador español de Qatar: un devoto de Cruyff al mando del equipo anfitrión

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Qatar tiene unos tres millones de habitantes, casi el 80% son extranjeros. Trabajadores de todos los rangos salariales, culturas y credos. Se habla de los obreros, pero más allá del gas y el petróleo, Qatar tiene la capacidad de observar, captar y atraer el talento foráneo. Como Félix Sánchez Bas (Barcelona, 1975), seleccionador nacional. Porque fue el Barcelona de Cruyff y de Guardiola lo que deslumbró al estado qatarí, y Sánchez Bas, el discípulo que eligieron para llevar a cabo este proyecto ingente: convertir a los qataríes en futbolistas en un país en el que el deporte rey son las carreras de camellos.

Sánchez Bas venía con el manual bajo el brazo. Admirador de Johan Cruyff, fue entrenador de La Masía desde 1996 en las categorías inferiores del Barcelona, en las que tuvo alumnos aventajados como Sergi Roberto y Gerard Deulofeu. En 2006, y gracias a Josep Colomer, tomó vuelo directo a la tierra prometida con un cheque y un horizonte en blanco. Para llegar al objetivo, en la elitista Academia Aspire, tenía tecnología, recursos, infraestructuras, pero apenas 220 licencias. Así que plantó las semillas en la sub-15 en 2003 y construyó una Masía en el desierto.

En 2013 subió con sus pupilos a la sub-19, donde ya ganó adeptos a la causa con el título de la Confederación Asiática de Fútbol en 2014. Y en 2017, el salto a la absoluta, con un proyecto en el que lo acompañan otros españoles en calidad asistentes, fisios y analistas como Fran Sánchez, Albert Fernández, Javier Ramos, Carlos Domenech y Alberto Méndez. Reemplazó al uruguayo Jorge Fossati durante los partidos de clasificación para Rusia 2018 con una Qatar todavía en construcción. Se quedó fuera, pero ya tenían asegurada la plaza para el Mundial de casa por lo que el proyecto debía seguir adelante.

Sánchez Bas venía con el manual bajo el brazo. Admirador de Johan Cruyff, fue entrenador de La Masía desde 1996 en las categorías inferiores del Barcelona, en las que tuvo alumnos aventajados como Sergi Roberto y Gerard Deulofeu. En 2006, y gracias a Josep Colomer, tomó vuelo directo a la tierra prometida con un cheque y un horizonte en blanco. Para llegar al objetivo, en la elitista Academia Aspire, tenía tecnología, recursos, infraestructuras, pero apenas 220 licencias. Así que plantó las semillas en la sub-15 en 2003 y construyó una Masía en el desierto.

En 2013 subió con sus pupilos a la sub-19, donde ya ganó adeptos a la causa con el título de la Confederación Asiática de Fútbol en 2014. Y en 2017, el salto a la absoluta, con un proyecto en el que lo acompañan otros españoles en calidad asistentes, fisios y analistas como Fran Sánchez, Albert Fernández, Javier Ramos, Carlos Domenech y Alberto Méndez. Reemplazó al uruguayo Jorge Fossati durante los partidos de clasificación para Rusia 2018 con una Qatar todavía en construcción. Se quedó fuera, pero ya tenían asegurada la plaza para el Mundial de casa por lo que el proyecto debía seguir adelante.

Consolidó la base que le gustaba: fútbol de posesión y pases medidos, también obligado por las circunstancias fisiológicas, pues el físico no es lo que más destaca de los futbolistas qataríes. De hecho, la media de altura es de 1’80, la séptima más bajita de las 32 selecciones de esta Copa del Mundo. Así y todo, y con todas las miradas puestas en él, se encargó de confirmar su compromiso con el país al ganar la Copa Asiática en 2019, el mayor hito, hasta el momento, de la joven selección qatarí.

Para esta cita, hubo un programa especial de preparación en el que se incluyó participar en otros grandes torneos para asumir la presión de jugar contra selecciones de mayor historia, envergadura y poder. Debutó en la Copa América de 2019 sin poder pasar de la fase de grupos, aunque sí llegó hasta semifinales en la Copa de Oro de 2021 que integra equipos de Norteamérica, Centroamérica y Concacaf. Ganó a Honduras, Granada y El Salvador, empató con Panamá y perdió ante Estados Unidos en las puertas de la final.

Bajo sus órdenes, la selección nacional ha disputado 84 partidos, con un balance de 44 victorias, 16 empates y 24 derrotas. Es la única debutante en un torneo de este calibre, por lo que Sánchez es consciente de cuál es su objetivo principal: dar una imagen de crecimiento y opciones de futuro. Tienen ganas de hacerse ver en el plano internacional en este Mundial de casa, porque es otra de las metas que el catalán dibujó en ese horizonte en blanco: que los futbolistas qataríes alcancen pronto ligas internacionales. Como ya hizo Akram Afif, que debutó en Primera división española, con el Sporting de Gijón (266 minutos), en 2016.



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