
Alrededor del 1870, Don Bosco tiene su primer sueño: la visión de una región, absolutamente desconocida, en la que salvajes crueles mataban a misioneros de diversas órdenes religiosas, los descuartizaron, los cortaron a pedazos y clavaron los trozos en las puntas de sus lanzas; luego, la aparición de los misioneros salesianos que se acercaron a los salvajes con rostro alegre precedidos de una falange de jovencitos, con el rosario en mano, acogidos benévolamente y escuchados. Don Bosco ve a este sueño como un aviso celeste o revelación.
Por esos libros y por los mapas que contenían -confesaría Don Bosco en 1876- entreví perfectamente descritos [a] los salvajes contemplados en el sueño y la región, por ellos habitada, la Patagonia, región inmensa al sur de aquella República. Conseguidas otras noticias, aclaraciones e informaciones, me quedé sin ninguna duda: estaba todo en perfecto acuerdo con el sueño. Desde entonces percibí con seguridad el lugar adonde debía dirigir mis pensamientos y esfuerzos.
En las regiones que rodean la parte civilizada hay (…) numerosas tribus salvajes, entre las cuales no penetró aún la religión de Jesucristo, ni la civilización, ni el comercio, donde ningún pie europeo logró hasta hoy dejar huella alguna. Estos son los habitantes de la Pampa, de la Patagonia y de algunas islas adyacentes.
Desde 1876 Don Bosco tiene el proyecto de establecer una colonia italiana en una zona comprendida entre el río Negro y el estrecho de Magallanes con el doble deseo de facilitar la evangelización de los indios y de ayudar eficazmente a los emigrados italianos, entonces abandonados a sí mismos.
Su postura estaba basada en ser primeros ocupantes -primi occupantis- en tierras donde el gobierno todavía no tiene derechos, el clima era semejante al de Italia, los salvajes no son de temer y no se aventuran contra armas y cañones, los salesianos establecerían escuelas, hospicios, y el culto religioso.
Pero cuando comprendió que no existían tierras sobre el que no se extendiese el dominio de Argentina o de Chile, no habló más de esta empresa y dio un giro al proyecto.
Esta gran población, sin embargo, se encuentra todavía en las tinieblas y en la sombra de muerte. Son totalmente salvajes, sin techo, sin hogar, ni el cristianismo ni la cultura pueden penetrar hasta el momento, y ninguna autoridad civil, que podría extender su influencia y su imperio.
Ya en 1875, Cagliero brindaba esperanzas a Don Bosco de contar con una misión en esos parajes. Antonio Oneto, nuevo comisario del territorio del Chubut le solicita a Cagliero en marzo de 1876 dos padres y […] el Chubut será conquistado para la fe y civilización.
Don Bosco sigue insistiendo sueña en la idea utópica de fundar una colonia italiana bajo el dominio de la madre patria cediera el paso al diseño realizable de una colonia similar a la galesa del Chubut, es decir formada por inmigrantes italianos, favorecida por Italia y regida completamente según las leyes argentinas.
Aunque se desvanece la perspectiva del proyecto de una colonia italiana patagónica piensa un lugar en donde crear un centro seguro -que Don Bosco sigue denominando colonia- en el que se desarrolle una eficaz actividad salvadora a favor de los Pampas y Patagones.
Don Bosco, brinda la nueva estrategia, El único sistema […] es el sistema de colonización, instalando varios pueblecitos o pequeños fuertes en los confines y allí comenzar a abrir colegios, casas de educación, internados, orfanatorios para los muchachos salvajes, realmente abandonados, y, por su medio, tentar con el tiempo el sistema de evangelizar a los Patagones con los mismos Patagones. Atraídos los jóvenes, bien formados los hijos, ellos mismos pensarán en difundir la religión Cristiana también entre los padres.
Luego anuncia los tres proyectos (cartas de Cagliero a Don Bosco de julio 1876) en las que vislumbra la posibilidad de atenazar salesianamente la Patagonia desde dos puntos estratégicos -Carmen y Santa Cruz- con una estación misionera en el Chubut.
En primer lugar, el arzobispo de Buenos Aires pretende confiar a la Congregación Salesiana Carmen, o Patagones, Disponiendo de este lugar ya católico, avanzada hacia los salvajes, se pueden instalar aquí un internado […] después con facilidad adentrarse en el interior de aquella región
El segundo proyecto Una carta del señor Antonio Oneto, genovés, comisario de la colonia galesa del Chubut que se encuentra en el grado 41 de latitud sobre la costa del océano Atlántico, me invita a ir con otros dos padres para vivir con los patagones Hurlichez y Cherelchez, [Huiliches y Tehuelches] puesto que los dos caciques Focel y Cinquecian, [Foyel y Chiquichano] jefes de aquellas tribus, recibirán con agrado a los misioneros y los acogerán con respeto suministrándoles cuanto necesiten. Nos asegura […] que, lograda la amistad de estas dos tribus, podremos abrirnos camino por toda la Patagonia.
Un tercer proyecto […] El gobierno argentino desea fundar una colonia […] en Santa Cruz, […] El gobierno se compromete suministrar a los salesianos subsistencias para ellos y para los patagones Quianechez y Pilmachez, [tribu de unos 400 indios mansos]. Instalado un buen grupo de misioneros en este punto parece no será difícil penetrar en el interior, también por esta parte, y en pocos años tocar todos los rincones de la Patagonia.
Texto de “La educación en el Chubut 1810-1916” – Sergio E. Caviglia. Biblioteca Sarmiento, Puerto Madryn
