El espacio cultural comenzó a tomar forma en 2024 a partir de una iniciativa impulsada por Sonia Baliente junto a las hijas de Pedro y Susy Silva, con el objetivo de recuperar el patrimonio cultural de una antigua casa familiar. Con un piano de cola como protagonista, el lugar se transformó en un espacio para conciertos, muestras, encuentros y distintas expresiones artísticas.
En una ciudad como Esquel, donde buena parte de la actividad cultural se sostiene gracias al impulso de artistas y gestores independientes, cada nuevo espacio de encuentro puede terminar adquiriendo una identidad propia.
Eso es lo que comenzó a suceder con La Casa del Piano, un proyecto cultural que empezó a tomar forma en 2024 y que, en poco tiempo, logró incorporarse al circuito artístico de la ciudad. Ubicada en Conesa 1075, entre Alsina y Roggero, en el barrio Malvinas Argentinas, la casa propone una experiencia diferente a la de los espacios culturales tradicionales.
No es solamente una sala donde se presentan artistas. Es, en realidad, una casa con historia que volvió a abrir sus puertas a la cultura.
Para entender el nacimiento de La Casa del Piano hay que retroceder varias décadas. La vivienda estuvo vinculada durante años a Pedro Silva y Susy, una pareja estrechamente relacionada con la actividad cultural de Esquel.

Pedro Silva fue psiquiatra, trabajó durante años en Tribunales y, al mismo tiempo, desarrolló una fuerte actividad como pianista de música clásica y jazz. La casa era también un lugar de encuentro para personas vinculadas con distintas expresiones artísticas. Según recordó Sonia Baliente, allí se reunían músicos y personas interesadas por la cultura, generando un movimiento que quedó en la memoria de quienes frecuentaban el lugar.
Por eso, cuando surgió la posibilidad de recuperar ese espacio, la intención fue mucho más profunda que simplemente aprovechar una propiedad. La propuesta consistió en rescatar una parte de la historia cultural de la ciudad y darle continuidad.
Una de las principales impulsoras de esta iniciativa es Sonia Baliente, quien conocía desde pequeña la historia de la casa y la relación de Pedro y Susy con el ambiente cultural de Esquel. Baliente explicó que, junto con Alejandra, Ana y Taty, hijas de Pedro y Susy, comenzaron a trabajar en la idea de conformar una fundación que permitiera preservar y proyectar ese patrimonio. El objetivo era que todo aquello que había ocurrido históricamente dentro de la casa pudiera convertirse nuevamente en un estímulo para desarrollar actividades culturales.
La intención inicial incluía generar oportunidades para que pianistas pudieran presentarse en el lugar, establecer vínculos con instituciones educativas como el Instituto Superior de Educación N° 818, y permitir que estudiantes tuvieran la posibilidad de tocar un piano de cola y experimentar con un instrumento de esas características.
Pero el proyecto nunca estuvo limitado exclusivamente a la música. Desde el comienzo también apareció la posibilidad de realizar muestras de artes visuales, actividades literarias y encuentros culturales.

La arquitectura también forma parte de la identidad del proyecto. La vivienda es un bungalow construido con madera de ciprés, con una característica que terminó convirtiéndose en el corazón simbólico del espacio; un piano de cola.
También conserva una biblioteca y obras de artes visuales que forman parte del patrimonio de la casa. La intención de quienes impulsaron el proyecto fue conservar esos elementos y, al mismo tiempo, permitir que el espacio adquiriera una nueva vida.
De esta manera, el pasado y el presente conviven en un mismo lugar. La memoria de quienes hicieron cultura allí décadas atrás se encuentra con una nueva generación de músicos, artistas, escritores y espectadores.
Durante 2024, La Casa del Piano comenzó a consolidarse como espacio cultural. En noviembre de ese año ya se anunciaban conciertos de música de cámara y propuestas como “Canciones de Primavera”, con artistas de distintas procedencias. También se presentó la cantante, flautista y compositora Eliana Zaremberg con un repertorio que incluyó obras clásicas y composiciones propias.
Aquellas primeras actividades permitieron comenzar a definir el perfil del lugar: propuestas de escala relativamente íntima, con cercanía entre artistas y público y una fuerte presencia de la música.
La propia arquitectura de la casa favorece ese tipo de encuentros. En lugar de una gran sala donde existe una distancia considerable entre escenario y espectadores, La Casa del Piano propone una experiencia más cercana, donde la casa, los artistas y quienes concurren forman parte de un mismo ambiente.
El crecimiento del proyecto llevó también a buscar su reconocimiento formal. Durante 2024 se trabajó en Esquel en una nueva normativa destinada a reconocer y regular los espacios culturales independientes.

La Casa del Piano se incorporó a ese proceso y posteriormente obtuvo su habilitación municipal dentro de esa categoría. En mayo de 2025, sus responsables recibieron formalmente la habilitación.
La nueva normativa reconoce que la cultura puede desarrollarse también en espacios de dimensiones más pequeñas y con formatos diferentes a los de los tradicionales centros culturales o auditorios. En ese contexto, La Casa del Piano representa justamente una de esas nuevas formas.
Con el correr de los meses, la programación comenzó a diversificarse. Por su escenario pasaron propuestas de jazz, música latinoamericana, canción de autor, folklore, teatro, literatura y encuentros interdisciplinarios. También participó como sede de actividades vinculadas al Jardín Teatro Fest, ampliando su relación con el circuito teatral y de artes escénicas de la región.
Uno de los ejemplos fue el homenaje a Luis Alberto Spinetta realizado en el marco del Día Nacional del Músico, con la participación del trío Puentes Amarillos y músicos invitados. La propuesta fue planteada como un encuentro abierto y comunitario.
Una de las particularidades de La Casa del Piano es precisamente su escala. No busca competir con los grandes escenarios. Su fortaleza está en otra parte; crear un ámbito de cercanía.
Para los artistas locales, contar con espacios de estas características significa disponer de nuevos lugares donde mostrar su trabajo, experimentar con formatos diferentes y encontrarse con públicos que quizás no concurrirían a una sala convencional.
Para los espectadores, representa la posibilidad de acercarse a propuestas culturales en un ambiente más íntimo. Y para la ciudad, significa ampliar la cantidad y diversidad de lugares donde puede desarrollarse la cultura.

Durante el debate sobre la creación del Registro de Espacios Culturales Independientes, referentes de la cultura local remarcaron justamente que estos espacios permiten ampliar y diversificar el mapa cultural de Esquel, dando lugar incluso a propuestas para públicos reducidos.
Quizás uno de los aspectos más interesantes de La Casa del Piano sea el vínculo entre pasado y futuro. El piano que alguna vez fue utilizado por Pedro Silva vuelve a sonar. La casa que durante años recibió reuniones de artistas vuelve a abrirse. Y quienes hoy llegan al lugar lo hacen para crear nuevas historias.
La intención expresada desde el comienzo de vincularse con estudiantes del Instituto 818 y ofrecerles la posibilidad de experimentar con un piano de cola también muestra esa voluntad de transmitir una experiencia artística entre generaciones.
No se trata solamente de conservar un objeto o una vivienda. Se trata de conservar una forma de entender la cultura: como algo que se construye a partir del encuentro.
En apenas un par de años, La Casa del Piano pasó de ser un proyecto de recuperación patrimonial a convertirse en un espacio activo dentro de la agenda cultural de Esquel. Su historia todavía es corta, pero tiene una particularidad que le da profundidad; su origen se encuentra en una historia cultural mucho más antigua que la propia creación del espacio.
La iniciativa de Sonia Baliente y las hijas de Pedro y Susy permitió recuperar una casa que ya había sido escenario de encuentros culturales y transformarla nuevamente en un punto de reunión para artistas y vecinos.
Hoy, músicos, escritores, actores y otros artistas encuentran allí un lugar donde presentar sus trabajos.
Y el público encuentra algo que también tiene un enorme valor en tiempos de propuestas culturales cada vez más masivas y digitales: la posibilidad de sentarse cerca de un artista, compartir una canción, escuchar una historia o simplemente conversar alrededor de una experiencia cultural.

