jueves, 23 de abril de 2026

El ajuste impulsado por el Gobierno nacional en el Servicio Meteorológico Nacional comenzó a tener impacto concreto en el interior del país, y uno de los casos más sensibles se registra en la ciudad de Esquel, donde la reducción de personal ya afecta el funcionamiento de una estación clave para la región cordillerana.

Dos trabajadores fueron desvinculados en la última semana en la estación ubicada en el aeropuerto local, en el marco del recorte que se replica a nivel nacional. “En Esquel fuimos dos los que nos desayunamos con la noticia. Se basaron en la antigüedad: despidieron a una compañera con cinco años y a mí, que tenía casi diez”, relató Mauricio Jones, uno de los afectados.

Hasta antes del ajuste, la estación contaba con ocho trabajadores. Tras las cesantías, el plantel quedó reducido a seis, de los cuales dos pertenecen a personal militar y el resto son civiles. Según explicó el propio Jones, la estructura actual quedó “con el personal mínimo para operar las 24 horas”, una condición indispensable para sostener el monitoreo meteorológico permanente.

La estación de Esquel no es un punto más dentro del sistema: es la única en la zona cordillerana de la provincia, lo que le otorga un rol estratégico en la generación de datos. “Somos el primer eslabón. La información que tomamos sirve para los pronósticos, las alertas tempranas, la aeronáutica, la agricultura y la construcción”, detalló.

El trabajo se organiza en turnos de doce horas, con un observador por turno durante todo el año, sin interrupciones. Las tareas incluyen mediciones constantes de variables como temperatura, presión atmosférica, visibilidad y nubosidad, muchas de ellas realizadas de manera manual y luego volcadas en informes horarios y registros mensuales.

Uno de los puntos centrales del debate es la decisión oficial de avanzar hacia la automatización del sistema. Desde el Gobierno sostienen que el recorte responde a la necesidad de modernizar el organismo y reducir la dependencia de la observación manual. Sin embargo, desde el propio terreno surgen cuestionamientos.

“Las estaciones automáticas son una herramienta más, pero no reemplazan al observador. Pueden fallar, por ejemplo con hielo o humedad en los sensores. No son cien por ciento confiables”, advirtió Jones, quien remarcó que la interpretación humana sigue siendo clave, especialmente en condiciones climáticas complejas.

El impacto no se limita a lo operativo. Según el trabajador, la reducción de personal podría afectar directamente la seguridad aérea. “La información que damos es la que utiliza la torre de control para transmitirle al piloto. En situaciones de niebla o nieve, de esa evaluación depende si un avión aterriza o no. Siempre se apunta a la seguridad del vuelo”, explicó.

En ese esquema, la presencia de un observador en tiempo real resulta determinante. Cada turno está cubierto por una sola persona, lo que vuelve aún más sensible cualquier reducción de la dotación.

El ajuste en Esquel no es un hecho aislado. De acuerdo a los testimonios recogidos, las desvinculaciones se replicaron en distintas estaciones del país, desde el norte hasta el extremo sur. En la región, el caso más cercano se registró en El Bolsón, donde también se produjo una baja.

Mientras tanto, los trabajadores afectados esperan la formalización de los despidos y evalúan sus próximos pasos en un contexto de alta precarización laboral. “Hay compañeros con más de quince años que siguen con contratos anuales. No sabemos hasta qué punto podemos defendernos”, señaló Jones.

 

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