Lecturas para el fin de semana: “Los maestros ambulantes”

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Los maestros ambulantes recorrían el territorio a caballo, o en el mejor de los casos con un carro, llegando de esa manera a los aislados parajes en donde cumplían su trabajo. Estaban dos o tres meses en un caserío y luego se retiraban unos kilómetros hasta otro nuevo núcleo poblacional que podían ser unas pocas personas o familias. Vivian donde podían y en lo que encontraban, adaptándose a lo que había y esto exige mucho respeto y dedicación, ya que sabemos existían lugares muy humildes. En el mejor de los casos algún estanciero podría brindarles algún apoyo financiero o construirles un austero edificio de adobe, que generalmente consistía en una habitación para dar clases y otra para que viva el maestro.

Uno de los primeros esforzados maestros fue Anastasio Alcibíades Acevedo y su esposa doña Muriel Inés Rivas de Acevedo, ambos entrerrianos. Casados en 1917, fueron designados por el Consejo Nacional de Educación para la Escuela de la Colonia Pastoril General San Martín. De allí pasaron a un escondido cañadón de Quichaura, un Paraje entonces poblado y hoy deshabitado entre Tecka y Gobernador Costa, luego fueron a instalarse a Río Pico. También en Quichaura dio clases un maestro llamado Domingo Bonzi, quien siendo uno de los primeros blancos invitado a un Camaruco en la zona, pudo contar y describir con exactitud, esta importante ceremonia religiosa nativa. Escuelas rurales hubo varias, algunas funcionaban en habitaciones de casas particulares, en cascos de estancias. Según el testimonio de varios pobladores de Gobernador Costa, en “lo de Lanzini” había una, también funcionó otra en el llamado “Boliche de Muñiz”, o existe otro caso en el testimonio de Diva Cifuentes, refiriéndose a una maestra que daba clases por el Chacal.

Desde estos maestros rurales y su escuela ambulante, a la creación de edificios estables propios para la educación, debiendo pasar unos cuantos años. En casi todas las comunidades aisladas de la Patagonia, estas y otras instituciones educativas, fueron levantadas por esfuerzo propio de los pobladores y sin apoyo de nadie. Así surgieron las escuelas. Lo que demuestra la necesidad de adaptarse a los cambios, valorizando la educación como una herramienta que permitiera no quedar excluidos.

Entre los primeros edificios escolares hay que recordar la Escuela Hogar Nro 10 de niños, donada y construida en el Valle de Quichaura (Languiñeo) por Ricardo W. Staudt, el establecimiento llevaba el nombre de su madre “Isabel Koenings de Staudt”. Allí en medio de un valle de sierras bajas, en un terreno despoblado y rodeada de matas de neneos y calafates, los descendientes de Staudt inauguraron este noble emprendimiento. El 29 de mayo de 1944 se hizo cargo el Director del establecimiento: señor Edmundo Disarli, una de las maestras fue la señorita Marta Storni.

Párrafos extraídos del libro Gobernador Costa – Ernesto Maggiori

 

 



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