miércoles, 22 de abril de 2026

La profunda retracción del consumo, la caída de la recaudación y la falta de inversiones vuelven a colocar al comercio de Chubut en una zona crítica. En ese contexto, el presidente de la Federación Empresaria del Chubut (FECH), Carlos Lorenzo, planteó la necesidad de “ponerse en marcha” con decisiones estructurales y advirtió que sin reactivación real, las herramientas coyunturales no alcanzan.

Según Lorenzo, el actual escenario económico responde en parte a una estrategia nacional orientada a contener la inflación, un problema que definió como “el principal inconveniente del crecimiento de la Argentina”, pero cuyo costo inmediato es un freno en la actividad. “Es un desierto bastante duro atravesarlo”, graficó, al describir el impacto de este proceso en el entramado comercial de la provincia.

En ese marco, explicó que la caída del consumo genera un efecto en cadena: menos ventas implican menor recaudación y, en una provincia con fuerte dependencia del Estado, eso reduce el nivel de circulación económica. “Hoy por hoy las cosas no están bien”, sintetizó, al tiempo que remarcó que el problema central es la falta de dinamismo.

Frente a ese escenario, Lorenzo fue crítico de las respuestas basadas en declaraciones de emergencia o facilidades de pago. “Una emergencia no te saca de la emergencia”, sostuvo, y explicó que sin recuperación de la actividad, incluso los planes de financiamiento resultan inviables: “Te viene la primera cuota y no la podés pagar”.

En cambio, puso el eje en la necesidad de generar condiciones para atraer inversiones, y allí introdujo uno de los puntos más sensibles del debate provincial: el desarrollo minero. “La reactivación viene de la mano de lo que hoy tenemos como herramientas y podemos avanzar”, indicó, en referencia al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), al que consideró una oportunidad concreta.

Lorenzo señaló que desde el sector empresario participaron en la elaboración de un borrador para adaptar ese esquema a la realidad provincial, con el objetivo de captar inversiones de menor escala —por debajo de los 200 millones de dólares—, aunque aclaró que “las grandes inversiones van a venir de la mano de otras cosas”, en alusión directa a la minería.

En ese sentido, advirtió que la mayoría de los proyectos de inversión a nivel nacional vinculados al RIGI están asociados a actividades extractivas, incluyendo el uranio, y planteó que Chubut corre el riesgo de quedar al margen si no avanza en ese debate. “Si no, vamos a seguir teniendo los problemas que tenemos con el comercio”, alertó.

Para ilustrar el impacto potencial de este tipo de desarrollos, mencionó el caso de Río Negro y propuso observar experiencias concretas como la de Ingeniero Jacobacci, donde la actividad minera convive con otras matrices productivas. También destacó la planificación territorial de esa provincia, que diferencia zonas de desarrollo turístico, productivo y extractivo.

El planteo de Lorenzo se suma así a una discusión que gana volumen en distintos sectores políticos y económicos, y que empieza a instalarse como una de las posibles salidas a la crisis estructural que atraviesa Chubut, especialmente en regiones donde el comercio y las economías locales muestran signos de agotamiento.

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