
Del libro de Roberto J. Payró, La Australia Argentina publicado en 1898, transcribo algunos textos reveladores:
No extrañará, pues, un curioso Edicto de la Subprefectura, curioso por el fondo y por la forma, que dice como sigue:
“Subprefectura de Puerto Madryn.
En atención a las razones que expone el vecino de ésta Localidad señor Pedro Derbes ante ésta Subprefectura a falta de otra autoridad, se avisa al público:
Queda terminantemente prohibido arrojar basura de ninguna clase, tachos, aguas sucias ni objeto alguno en la laguna que dicho señor Derbes posee a los fondos de las casas de la Compañía del Ferrocarril Central del Chubut.
A cualquiera que contraviniere esta disposición se le obligará a extraer lo que hubiese arrojado, y se le pedirán daños y perjuicios, a más de las acciones criminales a que se hiciese acreedor por la descomposición de un artículo de primera necesidad, cual es el agua, que pudiera ocasionar en perjuicio de la salud del público. Puerto Madryn. Enero 22 de 1898.
Los vendavales que soplan suelen hacer volar los techos de las casillas, por más que éstas se construyan tratando de dar el menor asidero posible a las rabiosas rachas que corren de los Andes tratando de arrasarlo todo. Hace poco volaron así varias chapas del techo de la Subprefectura, edificio que, por otra parte, exige una seria reparación, o mejor dicho, una reconstrucción completa. El Subprefecto, Capitán de Fragata don Francisco de la Cruz, me hizo visitar las oficinas y sus dependencias cuyas paredes ha tenido que remendar con tablas de cajones viejos, por carecer completamente de otro material. No hay que extrañarlo, sin embargo porque toda la repartición se halla en un estado de desnudez muy cercano a la miseria, sin mueblaje, con un solo bote viejo, y sin esperanza de que la superioridad se acuerde de dotarla de lo indispensable. Porque pocos de los que viven en Buenos Aires recuerdan que no todas son flores para los que habitan al sur del Río Negro.”

De estas palabras de Payró se deduce con cuánto sacrificio y patriotismo tuvo que actuar la Subprefectura de Puerto Madryn en sus principios, pero fieles a la consigna de afianzar la soberanía Argentina, hoy llegan al siglo de vida, floreciente, modernizada, contando con el respeto y cariño del pueblo todo y con la gran satisfacción de haber cumplido con la misión encomendada hace ya cien años.
Acompañados pues por las toninas primero y por las lentas medusas más tarde, fuimos a anclar en el fondo del Golfo Nuevo, en el Puerto Madryn, cabecera del Ferrocarril del Chubut y puerto principal del Territorio, que presentaba a nuestra vista un aspecto desolado, con sus altos médanos apenas cubiertos aquí y allá por una vegetación achaparrada y pobre, con su puñado de casas diseminadas en la playa, como simples avanzadas de las otras poblaciones del interior.
En la misma playa, casi al alcance de las olas, se levanta la Subprefectura, viejo armatoste de madera que se mueve como un barco a cada golpe de viento, y por cuyas rendijas sopla y silba el aire, que hace redoblar el hierro de canaleta del techo.”
-Y más abajo agrega: “En la pared de la Subprefectura y bajo el alero, como una prohibición y una amenaza, brilla una gran chapa de bronce en la que se lee grabado el siguiente aviso: (En seis distintos idiomas)
De aquí hasta la Colonia Chubut hay 51 Millas sin agua.»
Estas frases de Payró recuerdan con cuánto sacrificio, la Subprefectura de Puerto Madryn vigilaba por el bien de la población, tanto en el mar como en la tierra.
Texto de “Relatos del Chubut Viejo”, de Juan Meisen Ebene
