domingo, 19 de abril de 2026
Principales rastrilladas indígenas de la pampa en los comienzos del siglo XIX

Cabe preguntar si huellas es el plural de huella. En singular vale tanto como camino; el plural significa rastro. Más borrosas que las mismas huellas son las definiciones que sobre ella se han intentado. LEUMANN, que habitualmente describe las cosas nuestras con claridad, no acierta del todo en la emergencia. Está a medias en lo cierto cuando afirma que la palabra adquirió en estas regiones un valor nuevo, indeciso, fluctuante, de camino; lo está menos cuando lo confunde con rumbo. Sostiene que la imagen de señales dejadas por el tránsito se había diluido en noción de “camino vago, sin ribazos, o de invisible dirección o rumbo”. Cuando Fierro y Cruz, al contrario de lo que opina Leumann, “siguiendo el fiel del rumbo se entraron en el desierto” lo hicieron siguiendo una orientación pero no marchando sobre una huella o menos aún, por un camino conocido. El rumbo es: “Derecho ande el sol se esconde / Tierra adentro hay que tirar. Algún día hemos de llegar / Después sabremos adonde”. Es decir, rumbo al oeste, sin saber por donde ni adonde iban; cosa que no hubiesen ignorado de haber tomado por un camino. Es evidente que las dos primeras estrofas de Martín Fierro, citadas por Leumann, no indican, como él piensa, que los personajes del poema hayan marchado sobre una huella. Esta impresión de sumirse en la inmensidad ignota se acentúa cuando Fierro dice: “No hemos de perder el rumbo / Los dos somos güena yunta / El que es gaucho va ande apunta /Aunque inore ande se encuentra”.

Cuando en el poema se habla de huella se menciona algo bien preciso, con contornos definidos, “No me hago al lao de la güeya / Aunque vengan degollando”. Lo cual, por implicancia, nos está dando noción de contorno. No se sale de la huella, es decir, de algo que se distingue claramente. Y la misma copla que, en apoyo de su tesis trae Leumann, no hace más que confirmar los trazos precisos de la huella. “Yo soy como el güey tropero que nunca pierde la güella” El buey tropero, es el de las carretas, arrastraba su carga siempre por el mismo camino.

Burmeister, en su viaje de Rosario a Mendoza dice que al salir de la primera ciudad lo primero que notó “fue completa desaparición del camino en el campo, sobre el cual rodaba el carretón; apenas habíamos andado una media hora, cuando ya se perdía la huella hasta entonces ancha, bien marcada y polvorienta, presentándose en adelante una alfombra uniforme de pasto con huellas a veces poco marcadas”.

Foto rastrillada en la provincia de La Pampa

Los caminos transitados en la pampa, por los españoles primero y por los argentinos luego, han seguido la ruta de los usados por los indios, por las rastrilladas. Mansilla define el Término diciendo que “una rastrillada son los surcos paralelos y tortuosos que con sus constantes idas y venidas han dejado los indios en el campo. Estos surcos, parecidos a la huella que hace una carreta la primera vez que cruza por un terreno virgen, suelen ser profundos, y constituyen un verdadero camino ancho y sólido. En plena pampa no hay más camino. Apartarse de ellos un palmo, salirse de la senda, es muchas veces un peligro real, porque no es difícil que ahí mismo, al lado de la rastrillada, haya un guadal en el que se entierran caballo y jinețe enteros”. Mansilla, que nos describe en 1870 los únicos caminos que en aquel entonces atravesaban la pampa, agrega: “de Leuvucó arrancan caminos, grandes rastrilladas por todas partes. Allí es la estación central. Salen caminos para las tolderías de Ramón, que quedan en los montes de Carrilovo, para las tolderías de Baigorrita, situadas a las orillas de los montes de Quenque; para las tolderías de Calfucurá, en Salinas Grandes para la cordillera y para las tribus araucanas”

Zeballos, a su turno, dice que rastrillada se llama a los caminos que se forman por el continuo tránsito de hacienda y aún a las señales que deja en pos de sí todo arreo o cabalgata”. Da otras definiciones a las que nos referiremos más adelante.

El primer gran viaje en lo que actualmente es la provincia de Buenos Aires fue llevado a cabo por don Juan de Garay, quien saliendo de la ciudad recién fundada, en noviembre de 1581, con treinta hombres y algunos caballos llegó hasta la actual Mar del Plata pasando el Salado y las estribaciones orientales del sistema del Tandil. El viaje se realizó “unas veces a la vista de la costa y otras metiéndome -dice Garay- cinco o seis leguas la tierra adentro hasta que fuí a dar a la vista de la costa del mar más de sesenta o setenta leguas”. Garay mismo nos suministra un dato de positivo valor acerca de las comunicaciones entre los indios que encontró en su viaje y Chile. Dice que encontró algunos con “ropa de lana muy buena que dicen la tenían de la cordillera de las espaldas de Chile”.

 

Fragmento de libro “Rastrilladas, huellas y caminos”, de Enrique Barba.

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