
Constance fue la última de las hijas de Mary Ann Thomas y William J. Freeman; la menor entre catorce hermanos. Se había casado a los veinte años con John Owen y ambos se dedicaron al trabajo de campo al pie de los Andes. Fueron padres de nueve hijos y, en 1934, John murió.
Integra y fuerte en la adversidad, Constance no declinó ante enfermedades y muerte. Veló por su hogar y tuvo el necesario valor para vivir con dignidad en un medio que parecía estar hecho a la medida de los tenaces y abnegados.
En sus atareados días se concedió tiempo para la lectura de los libros de la biblioteca materna. Algunos textos le dieron consejos y sugerencias para resolver emergencias cotidianas y problemas de salud. De este modo, como antes lo había hecho su madre, pudo brindar a muchos asistencia y auxilio.
Entre sus recuerdos, vuelven a su memoria las gestiones que los vecinos de la Colonia 16 de Octubre-su padre entre ellos- hicieron a principios de siglo para conseguir la presencia de un maestro en la naciente Esquel. Levantaron entre todos un modesto edificio (luego Escuela N№ 20) y encontraron una respuesta en la llegada, desde el Valle Inferior del río Chubut, de Robert Owen Jones. Por las características de la zona, las clases se dictaban desde setiembre a mayo.
Para los años 1930, cuando las rutas eran todavía de tierra y no habían sido tampoco enripiadas, Constance fue la primera mujer que, al volante, conducía su automóvil desde los Andes hasta Trelew, a lo largo de más de 600 kilómetros.
Al cabo de muchos años de trabajo en el rincón cordillerano conocido como “Los Parquecitos” -donde crio a todos sus hijos- concluyó su ancianidad en Esquel.
Texto de “Cien atuendos y un sombrero” – Albina Jones de Zampini

