Desde sus primeros años, la Biblioteca Agustín Álvarez es reconocida por la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, correspondiéndole el Nº 1.819, gozando por consiguiente de los beneficios de la Ley Sarmiento, siendo alrededor del año 1970 ascendida a primera categoría, “por la intensa labor cultural que cumplía” ello en relación a la cantidad de lectores en relación a la población; y en 1978 ya era considerada de 3ra. categoría en relación a la cantidad de volúmenes que poseía.
En la actualidad y desde hace varios años también se encuentra subvencionada por la Municipalidad local, la que contribuye con el pago de sueldos de bibliotecarias rentadas. También contribuye con el pago de los gastos de luz y gas, concediendo además un subsidio anual de cierta consideración, constituyéndose así en su principal sostenedor, ya que le soluciona todos sus problemas.
Este trabajo mancomunado entre Municipalidad y la Biblioteca, es considerado como ejemplo a nivel nacional.
Desde su creación, la Biblioteca ha venido prestando sus servicios a la población en forma cada vez más intensa, tal cual podrá observarse en el cuadro que se ilustra a continuación:
En 1938 la Comisión Directiva resolvió adherirse a los homenajes que se le tributaron al eminente y preclaro ciudadano don Domingo F. Sarmiento, el 11 de setiembre, con motivo del Cincuentenario de su fallecimiento, invitando a todos los que quisiesen allegarse hasta la Sala de Lectura a disfrutar del comentario de sus numerosas obras. En dicha invitación se leía lo siguiente:
“Leer lo escrito para conocer lo que los demás saben y para continuar luego, con el propio caudal de conocimientos en obra de la civilización”, que era el sabio consejo dado por este eminente educacionista.
Para el 15 de octubre de 1938 se organizó en el Teatro Verdi una función cinematográfica a total beneficio de la Entidad, con la finalidad de reunir fondos para la adquisición de nuevos libros de la mesa de lectura, agradeciéndose con posterioridad al Sr. Calixto González, concesionario del salón, por su colaboración liberal y desinteresada hacia la Biblioteca.
En el mes de julio de 1939 la Institución fue visitada por el Inspector General de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares de la Capital Federal, Sr. Enrique P. Albarracín, quien al dar término a su inspección, felicitó a la C. Directiva por el orden observado, por la gran cantidad de buenos libros que poseían y por la gran concurrencia de lectores que había podido observar, con lo que se demostraba dijo, “la acción verdaderamente cultural de esta Biblioteca”.
Textos de Matthew Henry Jones