Una antigua rueda de carro volvió a quedar a la vista durante la mañana del 18 de septiembre. Su presencia en la Plazoleta de los Carreros no fue solamente un homenaje a un medio de transporte de otros tiempos: permitió recordar a quienes atravesaron caminos difíciles, unieron parajes y contribuyeron, con su trabajo cotidiano, a construir una parte fundamental de la historia de Trevelin.
Así comenzó la jornada por la Independencia de Chile, una conmemoración que reunió memoria, música, danza y reconocimiento comunitario. Más que evocar una fecha patria, las actividades buscaron poner en valor la presencia de los vecinos y las familias chilenas que, generación tras generación, han formado parte de la vida social, productiva y cultural de la localidad.
Durante la mañana se realizó un pequeño pero significativo homenaje en la Plazoleta de los Carreros. Allí se reconoció a los primeros carreros, protagonistas de una época en la que el traslado de alimentos y mercaderías dependía de los carros y del conocimiento de quienes transitaban los antiguos caminos cordilleranos.
El descubrimiento permitió representar materialmente aquella historia. En sus recorridos no se transportaban solamente productos: también circulaban noticias, palabras, costumbres y vínculos entre familias. Detrás de cada viaje existieron hombres y mujeres capaces de atravesar grandes distancias y sostener la comunicación entre chacras, parajes y poblaciones.
El acto formal se realizó a las 18 horas en el Salón Central “Derfel Roberts”, con la presencia de autoridades municipales, representantes de instituciones educativas, asociaciones y vecinos que acompañaron una fecha especialmente significativa para la comunidad chilena de Trevelin.
Sergio Conejeros tomó la palabra como representante de los chilenos residentes en la localidad y fue el encargado de brindar el marco histórico de la conmemoración. En su recorrido recuperó la llegada de los primeros pioneros chilenos, la labor de los carreros y las historias de las familias que se establecieron en la región, pero también puso el foco en el hermanamiento entre Trevelin y Futaleufú.
El acto también estuvo acompañado por diferentes grupos de danza, que presentaron expresiones tradicionales chilenas, entre ellas la cueca. La música y el movimiento transformaron el salón en un espacio de celebración y permitieron que una parte central de la cultura del país vecino se hiciera presente.
La vestimenta tuvo asimismo un lugar destacado. Los atuendos de huasos y huasas, con sus sombreros, ponchos, vestidos y detalles característicos, aportaron color y presencia a las presentaciones. Sin embargo, no funcionaron únicamente como elementos escénicos: expresaron una tradición que continúa transmitiéndose, encontrando en las nuevas generaciones otras maneras de mantenerse viva.
Los dos momentos de la jornada —el homenaje realizado por la mañana y el acto formal de la tarde— construyeron un mismo reconocimiento. Por un lado, recuperaron a quienes abrieron caminos y sostuvieron la vida cotidiana en tiempos en que cada traslado implicaba un enorme esfuerzo. Por otro, celebraron las expresiones culturales que esas familias conservaron y compartieron al integrarse a Trevelin.
Conmemorar la Independencia de Chile en la localidad fue también reconocer que la identidad de Trevelin se formó mediante el encuentro de diferentes comunidades, migraciones y memorias. Las familias chilenas no constituyen una presencia ajena o separada de esa historia: son parte de ella.
La antigua rueda descubierta durante la mañana permanece como una imagen capaz de reunir el sentido de toda la jornada. Habla de los caminos transitados, del trabajo y de las familias que hicieron de este territorio su lugar. Porque la frontera quedó en los mapas, pero las historias, las costumbres y los afectos continuaron cruzando.
Por Katia Sarsa Williams para La Voz de Chubut


